Zigor y La Mano Invisible


Autor:
Eva María Rodríguez

Edades:
A partir de 8 años

Valores:
arrepentimiento, aprendizaje

Zigor era un niño que nunca estaba contento con lo que tenía. Por eso le quitaba a los demás niños todo lo que le gustaba y, si no podía hacerlo, se lo rompía.

En el colegio todo el mundo se apartaba de Zigor. Tenían miedo de que les quitara o les estropeara sus cosas o de que la tomara con ellos. Zigor también quería ser el mejor en todo, y no dudaba en liar lo que hiciera falta para que los otros niños fueran castigados.

Pero ni sus padres ni sus profesores se daban cuenta, porque Zigor era muy astuto y sabía disimular y ocultar su rastro. Por eso los demás niños habían dejado de acusarlo y se limitaban a ocultarse de su vista.

Un día, durante la clase de educación física de primera hora de la mañana, Zigor fue a por la red de balones para repartirlos, como siempre. Sus compañeros siempre le dejaban hacer lo que quería y se lo ponían fácil para que fuera la estrella del equipo. Nadie quería acabar lesionado o en el banquillo por su culpa.

Zigor repartió los balones para empezar la clase, pero todos estaban pinchados, todos menos el suyo.

-Zigor, con esta te has pasado -dijo uno de los compañeros-. Una cosa es que quieras meter más canastas que nadie y otra que nos pinches a los demás los balones para que no podamos ni botar.

-Yo no he hecho nada -dijo Zigor.

-Sí, claro, tú nunca haces nada -dijo otro de los compañeros, mientras todos dejaban los balones y se iban a los vestuarios.

Ese mismo día, cuando Zigor y sus compañeros volvieron del recreo y se preparaban para hacer un examen, los niños descubrieron que faltaban todos los estuches,todos menos el de Zigorl

-Zigor, te has pasado de la raya -dijo uno de sus compañeros-. Una cosa es que quieras sacar mejores notas que los demás y otra que nos quites los bolígrafos para hacer el examen.

-Yo no he hecho nada -dijo Zigor.

Al salir del colegio Zigor cogió su bici del aparcamiento de bicicletas del colegio para volver a casa, al igual que los demás niños. Cuando llegó vio que todas las bicis tenían las ruedas pinchadas, todas menos la suya.

-Zigor, esto ya pasa de castaño oscuro -dijo uno de los niños.

-Yo no he hecho nada -dijo Zigor.

En ese momento llegó el director del colegio y dijo:
-Zigor, a mi despacho.

-Pero yo no he hecho nada -dijo Zigor.

Ya en el despacho del director, Zigor volvió a insistir en que no había hecho nada.

-Eso no es lo que parece -dijo el director-. Estás expulsado. Durante tres días no podrás pisar el colegio. La próxima vez no seré tan indulgente.

Zigor se fue muy disgustado para casa.

Pasaron los tres días y Zigor volvió al colegio, dispuesto a vengarse del que le había hecho eso. Cuando se sentó en su pupitre, bajo la mirada amenazadora de los demás, Zigor encontró una nota que decía:
Solo yo sé que no has sido tú, pero ha sido muy fácil inculparte. Más te vale portarte bien si no quieres volver a quedarte en casa.
Firmado: La Mano Invisible.

Zigor se dio cuenta de que su actitud le había puesto en una situación muy delicada y que tenía que cambiar porque, además de no tener amigos, se había creado muchos enemigos, algunos tan malvados como para perjudicar a los demás solo con la intención de castigarle a él.

Desde entonces, Zigor procura comerse su orgullo y su envidia para no salir mal parado y no tener que probar otra vez el sabor de su propia medicina.

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