Predicas Cristianas

Venga tu Reino


Versículo de la Bíblia: San Mateo 6:9-10 “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” El jardín del Edén era un reino perfecto que Dios había formado. Dios era el rey y soberano absoluto y Adán y Eva su pueblo. Allí no había dolor ni lágrimas, solamente justicia, paz y gozo. Para que Adán y Eva pudieran vivir eternamente en el jardín, Dios planto un árbol de la ciencia del bien y del mal y les prohibió comer del fruto.

Porque solamente el soberano decíde el bien y el mal, y el deber de Adán y Eva eran obedecerle. Si ellos guardaban la condición, el jardín sería su hogar por eternidad. Pero la historia no termina aquí; pues, ellos prestaron oído a la tentación del diablo y comieron del fruto, rebelándose así a la soberanía de Dios. Consecuentemente declararon la soberanía del humanismo y fueron echados fuera del jardín; desde entonces el mundo quedó bajo el gobierno del maligno.

Primero, el mundo entero quedó bajo el maligno dice en I

Juan 5:19. El mundo en que estamos viviendo está bajo el

maligno, el diablo se ha convertido en rey y dios del mundo.Así dice en San Lucas 4:5-6 “Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy”. Así declara el diablo que la gloria del mundo le pertenece. El diablo hoy en día también gobierna el mundo a través del ateísmo. De la filosofía procedente del ateísmo y de la teoria de evolución niega la existencia de Dios. Pero dice la Bíblia muy claramente que Dios creó el Universo; pero la ciencia seudo dice que todo procede de una evolución de mónada hasta convertirse en ser humano. Pero dice en I Timoteo 6:4 “Está envanecido, nada sabe y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas”. Asimismo con creencias independientes y de diferentes religiones interfiere el verdadero camino a Dios. Solamente en nuestro país contamos con 500 diferentes sectas de las religiones nuevas. En el budísmos cuentan con 78 diferentes sectas, en el cristianismo también cuentan con 70 diferentes sectas. En los años 90 el interés del hombre sobre meditación, yoga, energía, búsqueda del camino están aumentando incalculablemente. No sólo eso, los que practican estas cosas engañan a otros y los confunden. De modo que debemos estar despiertos y saber cómo el diablo usando sus maquinaciones engaña al hombre para que no sepa quién es el verdadero camino, la verdad y la vida. En II Corintios 11:14 dice “Y no os maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz”. El diablo se disfraza como ángel de luz para engañar al hombre, para confundirlo, con la finalidad de que se aparta del camino de Dios. También el diablo lleva al hombre a la corrupción, a la perdición y destrucción psicológica, con la finalidad de destruirlo completamente del dolor. En II Corintios 4:4 dice “En los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios”.

Sabemos que el mundo en que vivimos está llenos de corrupción, injusticia y perdición moral; el diablo usando todos estos, interfiere nuestros pasos hacia a Dios. El diablo tiene sus armas y una de ella es el pecado. Así dice en I Juan 3:8 “El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”. Pues, el diablo usando el pecado, cautiva al hombre. Si el hombre está esclavizado al diablo es por las cadenas del pecado. Si no hay pecado, no hay razón para quedarse preso al diablo. Cuando Adán y Eva estuvieron en el jardín del Edén no tenía relación con el diablo, pero una vez que se rebelaron contra Dios y fueron echados fuera del jardín, por el pecado quedaron presos al diablo. Por cuanto todos pecaron, todos quedaron bajo las cadenas del diablo y son arrastrado conforme a la voluntad del diablo. El diablo usando también la inmundicia de lo mundano ata al hombre. Pues, estamos rodeados de establecimientos degenerados, de industria de placer y de las cosas inmorales. Pues, todo lo que reina en este mundo son los deseos de la carne, deseos de los ojos y la vanagloria de la vida.

En Romanos 2.9 dice “Tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego”. A diario escuchamos cuán perdido y corrupto está el mundo por medio de la TV, de la radio y de la Internet. Pero sabemos que detrás de lascivias, corrupción y perdición está el diablo que roba, mata y destruye el alma del hombre. De manera que restricciones de las leyes no podrán aminorar el grado de corrupción, si antes no echamos fuera al diablo que está detrás de todo. Asimismo el diablo esclaviza al hombre con enfermedades física y del corazón. Porque el corazón del hombre no quiere guardar a Dios, el diablo lo llena de celos, de ira, de envidias, de preocupaciones, de incertidumbres, y de desesperanza que causan gran estrés. Hoy en día sabemos que un 60% de las enfermedades proceden del estrés. Cuando el corazón es azotado por gran estrés, pierde resistencia contra cualquier enfermedad. De modo que después de una pelea fuerte, uno termina exhausto. Cuando el corazón es azotado fuertemente por el estrés padece de cáncer, de dolores de huesos, de artritis, de neuralgia, de tuberculosís, de corazón y de otras enfermedades. Porque no tienen resistencia contra las enfermedades. Pero si diariamente está gozoso y alegre, le nacerá gran resistencia para conquistar las enfermedades, dicen los doctores. Por tanto, el diablo sin cesar usando el estrés azota al hombre con diferentes enfermedades para destruir. No sólo eso, el diablo usando el placer y el amor a lo material destruye al hombre. Pues, el que ama el placer y lo material cae en el lazo y en las tentaciones que a la final los destruye. Si no buscamos primeramente el reino de Dios y su justicia, mas la riqueza y la gloria del mundo, caeremos en la esclavitud a la codicia. Asimismo el diablo arrastra al hombre al placer, y dice la Palabra en Filipenses 3:19 “El fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal” El mundo entero corre hacia el placer, tratan de obtener más riqueza, más gloria y más fama; pero todo esto destruye al hombre, moralmente los lleva a la degeneración y los lleva a la destrucción espiritual.

Para el hombre que vive sin Dios, sin la justicia de Dios a la final ni el placer será placer. Sera como el hombre que bebe el agua del mar, sentirá más sed; beberá otra vez el agua del mar, y seguirá sediento y a la final morirá de sed. Pues, el placer pide más placer y no se sacia. El fin de aquel será destrucción.

También el diablo con el temor a la muerte roba, mata y destruye. En Hebreos 9:27 dice “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”. Pero también dice en Hebreos 2:15 “Y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre”. Todo ser humano teme la muerte. De modo que el diablo usa este temor del hombre y lo arrastra. Pero nuestro Señor Jesús vino para librar a todos los que están bajo el temor a la muerte.

Pues, después de Adán en el rey del mundo quedó el diablo; y él como dios usando muchas artimañas esclavizar al hombre, pero nosotros debemos estar despiertos para entender sus maquinaciones.

Segundo, ¿En qué condición se encuentra el hombre que se apartó de Dios y está bajo la esclavitud del diablo? Están en la absoluta desesperanza. El hombre no solo ha dado lugar al diablo para que robe, mate y destruya, sino también a la desesperanza. En el corazón de cada ser humano hay un sepulcro que no puede sanarlo. Pues, dice en Jeremías 2:13 “Porque dos males ha hecho mi pueblo; me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua”. Dice el hombre con sabiduría, e inteligencia que abandonó a Dios quien es la fuente de agua viva y cavó para sí cisterna rota del humanismo. Por mucho que trate de llenarla con riqueza, gloria y fama no lo podrán; pues nada de esto dará el verdadero valor a la vida. Pues, todo ser humano sufre de dolor, del rechazo y del remordimiento. Hoy recibí un correo eléctronico, allí una ama de casa me decía que siente vacío y desesperanza repentina que no lo puede vencer. Me decía ¿por qué seguir viva de esta manera? Ella me confesaba que por la falta de valor a la vida no hallaba el significado, fuerza y gozo. Cada persona guarda en su corazón remordimiento, del cual no está libre. Aparentan estar bien, pero en el profundo de su corazón padecen de remordimiento. Como si esto fuera poco, luchan por no ser rechazados; pero sienten que por alguna razón son aislados y rechazados.

En Juan 8:34 dice “Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, es esclavo del pecado”. Pues, como dice la Palabra todos estamos cautivos al pecado y padecemos de abandono, remordimiento y dolor. Hemos perdidos el valor de la vida y padecemos de mucho dolor. Por tanto, estamos perdidos en medio del universo, hemos perdidos nuestra identidad y estamos en absoluto vacío e insignificancia. ¿Por qué vive el hombre? ¿Cuál es el verdadero valor e significancia de la vida? Salomón confesó “Vanidad, todo es vanidad” Nada de lo que existe bajo el cielo es eterno, por lo que tanto el hombre como el animal pierde su significancia y cae al vacío. En Eclesiastés 2:23 dice “Porque todos sus días no son sino dolores, y sus trabajos molestias; aun de noche su corazón no reposa. Esto también es vanidad”. Como si esto fuera poco, el hombre padece del temor a la muerte. Ante la muerte el hombre se siente absolutamente impotente. Nadie gusta la muerte. Si Adán y Eva hubiera vivído hasta ahora, pero si le dicen que van a morir mañana, habrían sentido temor a la muerte. Todo ser humano quiere ser inmortal. Pero la muerte es algo innegable. ¿Cómo podrá el hombre solucionar el temor de la muerte? Todo el que llega al mundo desde el niño hasta el adulto tiene en su corazón remordimiento, vacío, muerte, y desesperanza. De modo que el hombre es un ser sin esperanza. Está rodeado de desesperanza. ¿Qué hace el hombre para solucionar esta situación? Muchos viven resignados a ella. Dicen que así es la vida, dicen que la vida del hombre está rodeado de insignificancia, vacío y remordimiento. Se resignan a ellos sin hacer nada. Otros tratan de olvidarlos con placeres y trabajos del mundo. Cuando uno está gravemente enfermo y le inyectan anestesia se olvida del dolor momentáneamente. También el hombre se inyecta la anestesia de los placeres y trabajos para olvidarse de la desesperanza. Tratan de olvidarlos, pero aunque lo traten no podrán huír de la muerte que le llegará a la final.

Otros usando la filosofía, especulaciones, o religiones tratan de superar la situación. Pero ¿cuántos han logrados superar la desesperanza con estas prácticas? En Juan 8:24 dice “Por eso os dije que morireís en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis”. Si no cree en el Señor Jesús como su Salvador personal de quien Dios profetizó desde Génesis, morirá en su pecado.

Tercero, debemos prestar atención a la invitación de Jesús que nos dice “Arrepiéntate, porque el reino de Dios está cerca”. El Hijo de Dios, Jesús para salvar a la humanidad, vino al mundo, sin tomar la sangre de Adán, sino tomando el cuerpo de la virgen María y por medio del Espíritu llegó hace dos mil años atrás. Él es el verdadero Dios, el creador del universo, pero vino al mundo como el verdadero hombre. No fue gobernado por el diablo y no padeció de la enfermedad de desesperanza que lo lleva a la muerte. Pero él estando en el mundo muy claramente mostró el reino de los cielos que Dios estableció por nosotros. En dondequiera que él iba perdonó a los pecadores, aunque detestaba al pecado. Detestó al diablo, pero al oprimido por el diablo lo liberaba. Detestó a las enfermedades, pero al enfermo lo sanaba. Detestó a la pobreza, pero al hambriento lo alimentaba. Detestó a la desesperanza, pero al que estaba caído en desesperanza le daba esperanza. Detestó a la muerte, pero levantaba al muerto. Pues, el Señor dice “El ladrón no viene sino para hurtar, y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida; y para que la tengan en abundancia”. También dice “Amado yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”. Para traernos salvación en toda la área de nuestra vida, llegó Jesús. En Juan 1:14 dice “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y veimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad”. Luego en Marcos 1:15 dice “Diciendo:

El tiempo se ha *****plido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio”. Evangelio significa “las buenas nuevas”. Pues, el Señor no vino al mundo para traer malas noticias ni noticias tristes, sino las buenas nuevas. No vino al mundo para traer desesperanza sino esperanza. El Señor vino al mundo para llenarnos de esperanza, positivismo, optimismo y una vida creativa. Por tanto, Jesús por medio de la obra redentora de la cruz trajo al mundo el reino de Dios.

Cuando las fuerzas unidas llegaron a Normandi terminaron con la Segunda Guerra Mundial, así también cuando las fuerzas unidas llegaron a nuestro país terminaron con el dominio japonés. Como esto, el Señor por medio de la obra de la cruz trajo al mundo el reino de Dios. Así terminó con el dominio del diablo en este mundo. El Señor se convirtió para la humanidad en ofrenda perfecta ante Dios. En el Antiguo Testamento dice que todo el que peca debe ofrendar a Dios, pero Jesús se entregó a Dios como ofrenda eterna por nosotros. Entregando Jesús su cuerpo ante Dios como ofrenda pagó por todos nuestros pecados desde el principio hasta la eternidad. Porque el Señor lo consumió todo, todo aquel que en él cree, será limpiado del pecado. El Señor se ofreció como ofrenda por la culpa, padeciendo él mismo todo dolor en su cuerpo físico lo pagó todo. Se ofreció a sí mismo como ofrenda de paz ante Dios y el hombre; y ofrenda de agradecimiento y para glorificar a Dios se ofreció en holocausto. Porque Jesús se ofreció una sola vez y para siempre por todo nosotros, ya el hombre no tiene la necesidad de matar animal para ofrecer sacrificio a Dios. Porque por el cuerpo y la sangre de Jesús estamos participando del sacrificio del Señor eternamente. Por medio de la sangre preciosa del Señor tenemos el eterno perdón, justicia y la gloria. En I Juan 2:2 dice “Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” Luego en Hebreos 10:10 dice “En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre”. No somos justificados por nuestras obras, ni por los esfuerzos y peregrinación, sino por medio de la fe en Cristo Jesús tenemos el perdón, la justicia y la santidad como galardón. Dice que él nos sacó del poder de las tinieblas y nos traspasó al reino de su Hijo amado. En este mundo existe dos mundo espiritual. El reino del diablo de tinieblas y el reino de Dios del amor. Los incrédulos viven en el reino de tinieblas, gobernado por el diablo, pero los que creen en el Señor como su Salvador personal, por medio de la sangre preciosa del Señor son traspasados del poder de las tinieblas al reino del Hijo amado. Por tanto, nuestra ciudadanía es totalmente diferente. Nuestra identidad es diferente. Tenemos una nueva identidad. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Es decir el pasado que pertenecía al diablo pasaron y somos hechas nuevas. Creyendo en Jesús crucificado en la cruz, nuestro pasado gobernado por el diablo ha sido pasado; mas en Cristo somos una nueva criatura. Jesús echó fuera al diablo del trono; pues dice en Juan 12:31-33 “Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo. Y decía esto dando a entender de qué muerte iba a morir”. Cuando Jesús fue crucificado, atrajo al mundo a sí mismo y echó fuera al gobernador del mundo. También en Colosenses 2:15 dice “Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz”. Jesús luchó en la cruz y venció al diablo y lo desmanteló hasta dejarlo completamente destruido. ¿Cuáles son las armas que usa el diablo para destruirnos? El pecado, pero Jesús le quitó el arma del pecado con la sangre preciosa. En Efesios 1:7 dice “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”. Por medio de la sangre preciosa de Jesús, el pecado ha sido limpiado y roto las cadenas del pecado. El diablo nos tenía atado con la inmundicia de lo mundano, pero el Espíritu Santo llegó y nos santificó y destruyó la inmundicia de lo mundano. En Titos 3:6-7 dice “El cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna”. Asimismo, Jesús llevó en la cruz nuestras enfermedades y dolencias y nos dejó completamente libres de ellos. En Hechos 10:38 dice “Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los orpimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”. El Señor sanó las enfermedades física y el estrés y continua asiéndolo. Así dice en Hebreos 13:8 “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. El Señor nos dice de esta manera en la Bíblia en I Pedro 2:24 “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nsotros estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados”. De manera que hace dos mil años atrás fuimos limpiados de todas nuestras enfermedades y dolencias. Hoy estamos sufriendo de enfermedades que ilegalmente trajo el diablo a nuestras vidas, por tanto debemos echarlos fuera en el nombre de Jesús.

Del distrito de Keum Chun, la diaconisa mayor Lee Hyun Sook testificó así. Hace 12 años atrás no se sintió bien y fue al hospital para realizar examen, le tomaron rayos-x y examen de sangre. El resultado fue que en el vientre abajo del lado izquierdo tenía un tumor del tamaño de un puño. Le sugerió que realizara operación inmediatamente, porque de lo contrario esto podría avanzar a cáncer y levantar anemia. Pero porque ella tuvo una mala experiencia con el parto de su último hijo que por falla de los doctores estuvo en coma tres días, padeció de pavor. Así ella decidió resistirlo sin operación. Desde entonces cada cierto tiempo iba al hospital para examinarse del tumor y los doctores la reprendía por dejar al abandono. Lo peor era que el dolor crecía y le era muy dolorosa hasta para respirar y siempre se sentía cansada. Un día escuchando el sermón dominical la Palabra de Dios de “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” le llegó al corazón. Experimentó como su corazón se llenaba de gozo y de refrigerio espiritual. Como su deseo era que el tumor desapareciera, oró a Dios de todo corazón. Oró en las madrugadas, en ayuno por tres días y se llenó de fe y de acción de gracias y empezó a declararse “yo por medio de la cruz de Jesús tengo victoria y estoy libre de este tumor”. Se llenó de esta certeza y de fe; y un día con su marido fue al hospital para realizar examen y el resultado fue que el tumor había desaparecido sin dejar rastro. El doctor quedó atónito y dijo “cómo es esto posible, esto es un milagro”. Ella porque no había entendido la verdad en cuanto a la sanidad de Jesús, había vivido durante todo este tiempo engañada por el diablo. Pero cuando la Palabra tocó su corazón, comprendió que el tumor era algo ilegal y luchó contra ella por medio de la fe; así se manifestó el milagro de Dios.

Hoy muchos viven conforme a los placeres que ofrece el mundo y los materiales; pero no saben que la esperanza, la justicia y el gozo que trae el Señor Jesús son más duraderas y eterna. Pues, el placer y los materiales desaparecen en un abrir y cerrar de ojos. Después del placer se llenará de tristeza; el placer es como droga y cuando termina su efecto, nececitará otró más fuerte para llenar el vacío y la tristeza. Pero nuestro Señor Jesús nos llena de conformidad y gozo. Dice en Filipenses 3:20-21 “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas”; luego en II Corintios 4:6 dice también “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplanceciese la luz, es el que resplandeció en nuestors corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”. Si por medio de Jesucristo obtenemos justicia, paz y gozo serán incomparable con los que ofrece el mundo. Pues, es una fuente eterna. También el Señor nos liberó del temor de la muerte eternamente. Jesús murió en nuestro lugar y resucitó al tercer día, destruyendo así la muerte y el Seol. Pues dice el Señor “Yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”. Recientemente un amigo mio partió del mundo a los 58 años. Él era un doctor japonés, vivía en OsaKa. Su hermano me escribió diciendo que antes de morir le había pedido que le llevara una cinta para grabar y grabó lo siguiente “yo muy pronto partiré de este mundo, tal vez piense que en el mundo existen riqueza, gloria y honor, pero la verdad es que no existen. Todos desaparecen. Los que viven sumergidos a ellos terminan sus vidas en vacío; pero los que tienen a Jesús como su Salvador personal estarán llenos de esperanza. No poco partiré de este cuerpo físico, como doctor curé a muchos enfermos, pero no pude sanar a mí mismo que padezco de cáncer. Pero tengo esperanza. ¿Por qué? Porque Jesucristo es mi Salvador, él murió y resucitó por mí, y su Espíritu está dentro de mí. Aunque la muerte está delante de mí, tengo esperanza por el reino de Dios. Por tanto, usted que escucha esta cinta, todavía es tiempo de aceptar a Jesús como su Salvador personal”. Luego murió el doctor. En el funeral la hija oraba a Dios con lágrimas muy desconsolada, pero en visión vio a su padre presentarse ante Jesús y le decía “Señor aquí estoy yo”. Y esto ha sido de gran consuelo para ella.

Hermanos en Apocalipsis 21:3-4 dice “Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron”. Si vivimos muy apegados al mundo material cuando este mundo material desaparezca, todo su sueño también desaparecerá. Entrará al mundo eterno al desnudo y al infierno. Pero si tiene a Jesús quien murió por nosotros y resucitó de entre los muertos, él transformará el túnel de tinieblas de la muerte con la luz resplandeciente de la resurrección.

Hoy la obra de la cruz está en medio de nosotros por medio del Espíritu Santo. La obra redentora de Jesús está en medio de nosotros. Porque Jesús en la cruz alcanzó por nosotros la justicia, el perdón, la santidad, la llenura del Espíritu Santo, la sanidad y la prosperidad y la vida eterna y el reino de Dios. Nos ha dado una nueva identidad. Como dice su Palabra “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”. El Señor Jesús echó fuera al que tenía potestad del aire y llegó a nuestro corazón como rey. “En aquel día vosotros conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros”. Así también en I Juan 4:13 dice “En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros, en que nos ha dado de su Espíritu”. Luego en Apocalipsis 11:15 dice “El Séptimo ángel tocó la trompeta y hubo grandes voces en el cielo, que decían: Los reinos del mudno han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos”. Por tanto, nuestra vida no debe continuar como antes, debemos renovarnos. No viva más como esclavo del diablo, no hable, ni piense como esclavo del diablo. Pues, tenemos a Jesús quien es nuestro rey. En Lucas 10:18-19 dice “Y les dijo:

Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará”. En San Mateo 10:7-8 dice también “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia”. Luego en I Pedro 2:9 dice “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable”. Esta es nuestra nueva identidad en Cristo Jesús. Ya no somos esclavos, ni debemos regresar a esa identidad. No debe esclavizarse a la corrupción, injusticia, pobreza, maldición, muerte, y desesperanza. Pues, fuimos traspados de tinieblas a su luz admirable. Tenemos una nueva identidad, un nuevo rey. Dice la Palabra “Arrepentíos, porque el reino de los cielos está cerca” El reino de Dios está en medio de usted. Sabiendo que Dios es el rey, tenga fe en él y resista al adversario. Oremos para que este reino de Dios llegue a todo y para eso debemos evangelizar sin cesar. Como dice la Palabra de Dios en Lucas 17:21 “Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros”. En este momento si usted acepta a Jesús como su Salvador personal, el reino del diablo será echado fuera y en su lugar el reino de Dios llegará. Debe entender esta verdad; porque como dijo Oseas “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento”. Si tiene conocimiento y fe y ora de todo su corazón, ella llevará fruto en su vida. Creyendo en Jesús quien es la eterna esperanza, quien también traspasará la desesperanza a esperanza, la muerte a resurrección y vida eterna. Ya no existe más en nuestro corazón la tumba de muerte de desesperanza. Ni la enfermedad que nos conducía a la muerte. Porque Cristo está aquí, y la desesperanza se transformó a esperanza, la muerte a resurrección y vida eterna. Como dijo el Señor “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Dios es bueno y él siempre quiere darnos lo mejor. Ya el diablo está fuera, y ha comenzado el reinado de Jesús. No tenga miedo, resista al diablo por medio de la fe y reclame la gracia del Señor. “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”. Conociendo el reino de Dios, si nosotros lo arrebatamos el reino de Dios por medio de fe y oración, poseeremos toda la gloria del reino de Dios y tentremos prosperidad en todas las cosas y salud y prosperidad del alma.

Oración.

Dios llenos de amor y santo. Desde el tiempo que cayeron

Adán y Eva nos hemos convertidos en esclavos del diablo,

estábamos bajo dolor y tristeza. Éramos esclavos del pecado,

de inmundicia, de enfermedades, de pobreza y de maldición, de muerte y destrucción. Vivíamos bajo el temor, pero Cristo rompió todas estas cadenas con su sangre preciosa. Echó fuera al diablo y nos entregó el reino de Dios. Oh gracias, Señor. En Cristo Jesús somos una nueva criatura y tenemos una nueva identidad. Ayúdenos Señor a no volver a tomar el yugo de la esclavitud; mas conociendo la verdad podamos declarar nuestra victoria. Oramos en el nombre de Jesús, Amén.

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Versículo de la Bíblia: San Mateo 6:9-10 “Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra” El jardín del Edén era un reino perfecto que Dios había formado. Dios era el rey y soberano absoluto y Adán y Eva su pueblo. Allí no había dolor ni lágrimas, solamente justicia, paz y gozo. Para que Adán y Eva pudieran vivir eternamente en el jardín, Dios planto un árbol de la ciencia del bien y del mal y les prohibió comer del fruto.
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