Una Multitud se Encuentra con un Rey de Verdad


Prediqué este sermón el Doming de Ramos. Lucas 19:28-19:44
No se usted, pero me gusta ver los errores del cine. Hay algo chistoso cuando uno ve a otros equivocarse Algunas veces estos errores se les pasan a los que editan las cintas cinematográficas y aparecen en las películas. En una película que sale Jack Nicholson, la escena es del 1948 y en el trasfondo hay una máquina ATM. En la película Days of Thunder, Tom Cruise se accidenta. En una escena el morete está en el ojo derechos, en otra en el izquierdo y en otra en el derecho otra vez.

En aquel Día de Ramos, yo pienso que la multitud pensaba que eran testigos de un error. No sucedió como lo esperaban. En sus mentes no estaba sucediendo lo que ellos habían imaginado como fuera. Pero Jesús no se equivocó.
Resumamos lo que ha sucedido. Dos semanas atrás Jesús había sanado a Bartimeo el ciego. Esto estableció cuatro etapas de la vida espiritual de Bartimeo:
a) su ceguera, él sabía que física y espiritualmente estaba ciego;
b) su fe, él sabía que Jesús era el Hijo de Dios;
c) su valor, no tuvo te-mor de verbalizar su deseo de ser sanado;
d) su bendición, fue bendecido para poder ser de bendición a otros.
Una semana después Jesús pasó por Jericó y se encontró con Zaqueo. En Zaqueo este encuentro estableció en su vi-da espiritual:
a) Era un curioso, quería conocer quién era Jesús; b) reflexionó, investigó lo que Jesús reclamaba de sí; c) se convirtió, el Salvador lo salvó y le perdonó sus pecados;
d) Fue transformado, su vida fue radicalmente cambiada después de su conversión. Así Cristo continuó hacia Jerusalén. Lucas claramente narra que nada lo detendría. Aunque se detuvo para ministrar a la gente, nunca perdió el enfoque de su meta. Para poder comprender lo que estaba por su-ceder este Día de Ramos, es importante hacer trasfondo de algunos detalles.

Primeramente, todos en Israel ya sabían que el Mesías sería el nuevo Rey de Jerusalén. El Antiguo Testamento hace muy claro que el Rey haría su obra en la Ciudad de Da-vid. Desde el Edén, el cielo y la tierra han estado esperando este momento, la entrada final del Rey a Jerusalén. El hilo carmesí de redención se entreteje a través de las Escrituras y culmina el Viernes Santo y el Día de Resurrección.

En segundo lugar, la fiesta de la Pascua estaba por co-menzar. Esta celebración atraía a muchos peregrinos espiritual a Jerusalén y encendía los fuegos de la expectativa de espiritual de un Mesías. Los historiadores do*****entan que no era raro que entre dos a tres millones de personas estu-vieran en Jerusalén para esta fiesta.
El día de la Pascua se sacrificaba el cordero pascual, así como desde el los tiempos del éxodo. Este recordatorio anual servía para ayudar a los Israelitas a recordar que fue la sangre del cordero que proveyó su liberación. Ahora, Jesús, el Cordero de Dios, estaba por ser sacrificado de una vez y para siempre, para la remisión de todos los pecados.

Tercero, Jesús recientemente había hecho varios mila-gros potentes que atrajeron a las multitudes y avivó el fuego de su entusiasmo por el Mesías. Sobre todo, cuando Cristo resucitó a Lázaro (Juan 11:45-46 Entonces muchos de los judíos que habían venido para acompañar a María, y vieron lo que hizo Jesús, creyeron en él. Pero algunos de ellos fueron a los fariseos y les dijeron lo que Jesús había hecho), la Palabra nos dice que muchos judíos pusieron su fe en Cristo. Otros fueron a decirles a los Fariseos lo que había pasado. La creciente popularidad de Jesús alarmaba a los líderes religiosos. Se reunieron después de la resurrección de Lázaro, y a partir de ese día, su meta fue matar a Cristo. Es más, también planearon matar a Lázaro también.

Dos mil años después, es difícil comprender el humor y sentimientos de aquellos días. La gente esperaba un Mesías, y Jesús era un candidato muy probable. El momento era propicio mientras Él se acercaba a la Ciudad. La gente estaba emocionada y agitada. No podían esperar ser liberados del yugo de los romanos. En contraste, lo líderes religiosos estaban planeando matar a Jesús y esperaban la oportunidad precisa.
Al llegar a este pasaje, podemos ver que hay 4 maneras de recibir al Rey.
• Darle la bienvenida con obediencia (19:28-35ª)
• Darle la bienvenida con regalos (19:35b-36)
• Darle la bienvenida con alabanza (19:37-40)
• Darle la bienvenida con fe (19:41-44)

1) Darle la bienvenida con obediencia
Quiero que tomen nota de lo que el texto en Juan 19:28 dice Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se *****pliese: Tengo sed. Me imagino a Cristo caminando delante de sus discípulos, más determinado que nunca, de entrar a la Ciudad de David. Para esto había venido. Es como si no podía esperar para cumplir su obra. Puede que los discípulos le siguieron con reticencia; quizá aún arrastrando las sandalias. Sabían que su Maestro estaba bajo sentencia de muerte por los líderes judíos.

En Lucas 19:19 vemos que Jesús y sus discípulos llegaron a Bethania, que estaba a dos millas al este de Jerusalén. En Juan 12:1 nos dice que estuvo allí 6 días antes de la Pascua, que hubiera sido un sábado. De acuerdo a la armonía de los evangelios, después de la puesta del sol fue invitado a la casa de Simón el leproso, donde se encontró con Lázaro, el que fue resucitado, y Marta y María le servían. Después de la cena, María le ungió sus pies con un perfume caro.

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El día siguiente sería domingo y Jesús principió su último viaje a Jerusalén. En el Monte de los Olivos, le dio un trabajo especial a dos de sus discípulos. El Monte de los Olivos era un lugar de grande significado. De acuerdo a Zacarías 14:4 Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y otra mitad hacia el sur, el Mesías aparecería en este monte. Interesantemente, durante su última semana en la tierra, Jesús pasó sus noches allí. Es allí donde Jesús dio su sermón del monte, donde oró en el Gethsemaní y donde ascendió a los cielos (Hechos 1:12).
En los versos 30, 31, le dice a los dos discípulos que entren a la ciudad y encontrarían un pollino atado, el cual nadie había montado antes. Les dijo que lo trajeran y si alguien les preguntaba que les dijeran que el Maestro lo necesitaba.
Los versos 32-34 narran lo que sucedió. Ciertamente lo encontraron tal como Él lo había dicho y les preguntaron ¿qué hacían? Y ellos les contestan lo que Jesús les dijo. Jesús lo había descrito con detalle. El sabía que el pollino estaría atado. Mateo narra que el pollino estaba con su madre. Jesús les había dicho que trajeran a los dos, quizá para que el pollino estuviera tranquilo.

Estos animales eran muy costosos y en el verso 32 que cuando menos 2 personas habían ido a comprarlos. En nuestros días, sería como alguien abriendo la puerta de un Porsche convertible y echarlo a andar y saliendo con él. Al salir el dueño, le dirían, “El Señor lo necesita”.
Algunas notas culturales nos ayudan con este punto. De acuerdo a la costumbre angaria, un dignatario podía disponer de la propiedad para su uso personal. Sería como el presidente diciéndole que necesita su carro.

Otro punto importante es que al enviar a los discípulos a traer al pollino, Jesús estaba cumpliendo una profecía específica. Hacía 500 años que en Zacarías 9:9 se dijo que el Rey vendría montado en un pollino.
Tenga en mente que los seguidores de Jesús estaban deseando que el Mesías viniera con poder y derrocara al gobierno romano. El que resucitó a Lázaro de entre los muertos ciertamente podría derrocar a los romanos. Mientras se inclinaban ante el gobierno romano, ellos anhelaban un rey guerrero que viniera sobre un caballo blanco, así como David lo había hecho hacía mil años para derrotar a los filisteos. Imagínese la confusión al ver a su Mesías entrar montado sobre un pollino.

Jesús estaba para entrar a la Ciudad de David no como un Mesías de guerra que físicamente conquistara al ejército romano, pero como un profético Príncipe de Paz buscando conquistar los corazones de la gente. Muchos entre la multitud hubieran podido entender el mensaje detrás del simbolismo.
Mientras los discípulos obedecieron sin hacer preguntas, yo me pregunto, ¿realmente qué estaría pasando por sus mentes? Quizá se asombraron de que, otra vez, se cumplió todo tal y como lo dijo Jesús. O, pudieron haber pensado, ¿qué estaba mal de esta escena? Si recordamos que poco antes de esto los discípulos estaban argumentando entre sí quién sería el mayor en el reino. Estaban deseando que Jesús estableciera su gabinete y comenzar su reinado en Jerusalén. Pero, en vez de gobernar, los discípulos se encontraron haciendo mandados y ensillando un pollino, y no paseándose en lugares de honor. Sin embargo, obedecieron.

Amigo, ¿eres pronto para obedecer así como los discípu-los aún cuando no entiendas lo que está pasando? Cuando descubres mandatos claros en la Biblia, ¿los cumples? o ¿titubeas? Si titubeas, determina darle la bienvenida al Rey con un corazón obediente. Juan 14:15 nos recuerda que si decimos que amamos a Cristo, entonces obedeceríamos sus mandamientos.
2) Darle la bienvenido con regalos
La primera manera que podemos darle la bienvenida a Jesús este Domingo de Ramos es por nuestra obediencia. La siguiente manera el darle la bienvenido por medio de nuestros regalos.
Hubieron por lo menos 3 regalos ese día. El primero fue el pollino. Los dueños no hicieron más preguntas después de la contestación de los discípulos. Quizá oyeron acerca de Jesús y estaban más que contentos de darle lo que era suyo. Le dieron lo que le pertenecía por derecho. Como Creador, Jesús tiene todo derecho pues todo es de Él. Alguien dijo que los dueños pueden haber estado riéndose de sí mismos porque sabían que el pollino nunca había sido montado y ¡qué paseo le daría a quien lo montara!

La profecía de Zacarías no solo fue de el Mesías montado sobre un pollino, pero su viaje a Jerusalén sobre el pollino traería memoria de Salomón entrando a Gihón (1 Reyes 1:38, 39).
El verso 35 nos dice del segundo regalo dado a Jesús. Los discípulos pusieron sus mantos sobre el pollino y le ayudaron a subir. El verso 36 dice que mientras iba, la gente tendía sus mantos por el camino.
¿Puede imaginarse lo que el tumulto le hubiera causado al pollino? Recuerde, nunca había sido montado y ¡ahora Jesús estaba encima de él y la multitud gritando, y mucho movimiento de mantos y ramas! Se le preguntó a una niña de 5 años que por qué no se espantó el pollino, ella contesto, “el sabía que era Jesús quien lo montaba”.
El poner sus mantos en el camino es semejante a una carpeta roja de hoy día. En 2 Reyes 9:13, la gente echaron sus mantos cuando el rey Jehú subió al trono. La gente reconocía la realeza de Jesús y le dieron honor como a un rey.
Esto nos lleva al tercer regalo el poner ramas en el camino. Lucas no menciona este detalle pero Mateo (21:8 Y la multitud, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino; y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían en el camino) sí lo menciona. Esta era una manera común de darle la bienveni-da a un rey victorioso después de batalla. Estas ramas de palmera eran símbolo de gozo y victoria y se ponían sobre las tumbas como símbolo de vida eterna. Puesto que crecían en el desierto junto a pozos de agua, eran símbolo de que había vida cerca. Al poner las palmas en el camino, la gente estaba diciendo que Jesús era el Rey victorioso que da vida eterna a los que vagan por el desierto de la vida.

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Los regalos del pollino, los mantos y las ramas apuntan a quien es Jesús. Los que principió como una fiesta judía, se convertía ahora en una celebración Mesiánica. El pollino era costoso, los mantos eran esenciales, y las ramas eran expresión de gozo. Amigo, ¿qué puedes darle hoy al Rey? ¿Le pide que dé algo de gran valor? ¿Desea que usted le dé algo que es esencial? ¿Ha estado oprimiendo su sentimiento de gozo? Si quiere darle la bienvenida al Rey, puede hacerlo con sus regalos. No podemos ganarnos el cielo, ni lo que le demos a Dios puede hacerle cambiar de mente, pero el darle regalos muestra nuestro amor y devoción.
3) Darle la bienvenida con alabanza
Los seguidores del Rey le dan la bienvenida con obediencia y sus regalos. En seguida vemos que le dan la bienvenida con su alabanza. Si principiaron con preparaciones, ahora están celebración. El verso 37 nos dice:
El lenguaje sugiere que eran más que los 12 discípulos quienes estaban alabando a Dios. En este punto, había muchos seguidores de Cristo, y al bajar del monte, la ciudad de Jerusalén se divisa, causando aún más emoción.
La gente comenzó un fluir de alabanza espontánea. Tristemente, sin embargo, estas mismas voces que alababan a Dios por la entrada triunfante del Mesías, en unos cuantos días estarían gritando “crucifícale, crucifícale”.

Pero por ahora, proclaman (verso 38 Bendito el rey que viene en el nombre del Señor, paz en cielo, y gloria en las alturas). Este es una cita del Salmo 118. La frase “el que viene en el nombre del Señor” significa que Jesús venía de acuerdo a la promesa de Dios. El Salmo habla de la venida del Mesías y esto se cantaba durante la celebración de la Pascua. El cantar este salmo, los seguidores declaraban que Jesús era el Rey que venía con la misma autoridad de Dios. En Mateo 21:9 ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas! nos dice que incluían la palabra “hosanna”, que significa salve. Había un sentimiento de celebración, exaltación, y adoración para lo que ellos anticipaban que sucedería.
Mientras la multitud alababa a Dios fuertemente, los fari-seos vinieron a Jesús (verso 39) y le pidieron que reprendiera a sus discípulos. Sabían que la multitud lo es-taba declarando como el Mesías y con esto le están diciendo a Cristo que rechace esta aclamación. Ellos se ofendieron por tal aclamación.

La respuesta que Cristo les da es maravillosa (verso 40), si estos no hablaren, las piedras hablarán. Si los discípulos no hablan, la creación lo hará. Así como Jesús calmó al pollino, el también puede hacer que algo sin vida le alabe porque es el Creador de todo. O, para ponerlo en otras palabras, Jesús estaba diciendo, si hago que dejen de cantar el Salmo 118, las piedras literalmente van a hablar.
En vez de reprender a sus discípulos, Jesús reprende a los fariseos infiriendo que las piedras sabían más de lo que estaba sucediendo que ellos mismos. Dicho sea de paso, en Mateo 27:51 y la tierra tembló y las rocas se partieron, se cumplió lo que Jesús dijo. La tierra se estremeció después de que expiró. Las piedras respondieron a Jesús aunque los fariseos no lo hicieron.

¿Cómo le va dando la bienvenida al Rey con su alabanza? ¿Tiene momentos en su horario para detenerse y adorar? ¿Comienza y termina su día con adoración personal? ¿Es el domingo el único momento que le alaba? Amigo, Dios puede hacer que las piedras hablen, pero prefiere que la humanidad le adore en espíritu y en verdad, espontáneamente, fuerte y con regularidad.

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4) Darle la bienvenida con fe
Jesús anhela que los humanos le den la bienvenida con obediencia, con regalos, con alabanza y finalmente con fe. Mientras Jesús baja el monte, tiene una vista panorámica de Jerusalén. La ciudad era bella con sus edificios blancos y el oro brillante del Templo que Herodes había construido. Pero Jesús vio algo diferente. El venía no para ser respetado sino para ser rechazado.
Tratemos de ponernos en el marco de aquellos días, vemos que la preparación de los discípulos condujo a la celebración. Ahora, tristemente, la emoción es una de lamento, vea el verso 41.

Puede que seamos tentados a regocijarnos de la victoria de Cristo sobre los fariseos. Pero Jesús no se jacta; el llora. Su interés no es ganar argumentos, pero en ganar las almas. La palabra “lloró” significa “derramar lágrimas, sollozar en voz alta”. Esto era más que derramar unas cuantas lágrimas. La misma palabra se encuentra en Marcos 5:38 para describir cómo lloraban la muerte de la hija de Jairo. Mientras todos se regocijaban, Cristo lloraba por la dureza de los corazones.
Jesús no lloraba porque iba a sufrir muerte, no, Él lloraba por los perdidos. El desea que la humanidad muestre fe y confianza en Él como Salvador y Señor. Lo desea tan profundamente que llora a voz en cuello cuando deciden ir por su propio camino.
En 3 ocasiones, la Biblia nos dice que Jesús lloró:
-Cuando la muerte de Lázaro (Juan 11:35), que fueron lágrimas de pésame
-Cuando vio a Jerusalén, que fueron lágrimas de tristeza
-En el Gethsemaní, que fueron lágrimas de agonía

Mientras Jesús contempla a Jerusalén, su llanto casi lo ahoga, y declara (versos 42-44 Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación). Jesús ha ofrecido salvación, pero ha sido rechazada. Como resultado, quien rechaza no tiene paz. En estos versos, Jesús está viendo el futuro y mira lo que le sucederá a Jerusalén. Su profecía su cumple en el año 70 cuando Tito y sus tropas sitian la ciudad por 143 días antes de destruirla a nada. Más de 600,00 habitantes (adultos y niños) fueron masacrados. El templo fue completamente destruido y quemado.

Todo esto sucedió porque no “reconocieron la venida del Señor”. Amigo, hay un principio claro que emana de las lágrimas de Jesús. Si no reconoce que Dios vino en forma de hombre como el Mesías y pone su fe en él, habrá juicio para usted. Se rechaza a Cristo, pagará la conse-cuencia. Esto no le trae placer a Cristo, esto lo desgarra, le trae dolor. El se conmueve profundamente cuando usted no le responde a Él con fe. En Ezequiel 33:11 Dios muestra su corazón. En esto veo dos aspectos que nos deben motivar a poner toda nuestra fe y confianza en Cristo para el perdón de nuestros pecados.
-Sus lágrimas revelan su corazón compasivo. En Roma-nos 2:4 dice que la benignidad de Dios guía al arrepentimiento. Al mirar las lágrimas de Jesús, que el corazón benigno de Jesús quebrante su corazón duro.
-El terror que se aproxima revela su santidad. En Lucas 16 leemos del hombre rico que muere y va al lugar de tormento. Allí suplica que Lázaro vaya a saciar su sed y al ver que no se puede, le pide que alguien vaya y les prevenga a sus familiares acerca de ese lugar de tormento. Si no se conmueve por las lágrimas de compasión, quizá sea motivado al arrepentimiento por el terror que se aproxima. ¿Cuál de estos lo motivarán a obedecer al Rey con regalos, alabanza y fe?

Se dice que el pintor Rembrandt dibujó la cara de Cristo de una forma muy cautivadora. Si se le cubre un ojo, parece resplandecer el rostro de gozo y esperanza; si se le cubre el otro ojo, parece que está por llorar. Y si se mira a ambos ojos a la misma vez, se pueden ver ambas emociones: primero la una y luego la otra, entrelazando ambas emociones bellamente. Este es el rostro de Cristo este Domingo de Ramos. En un ojo vemos un resplandor “Yo soy el que vengo en el nombre del Señor. Hosanna”. Pero el otro ojo vemos una lágrima “No habrá paz y solamente el terror de mi juicio habrá para los que me rechazan”.
¿Sabe usted cuál es el error más grande? Cuando las personas no ponen su fe y confianza en Jesucristo. Amigo, no de detenga en hacer una buena decisión. Déle la bienvenida a Rey a su vida hoy. Conozca que hoy es el día de su visitación.

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