Roble, el perro


Autor:
Silvia García

Edades:
A partir de 6 años

Valores:
confianza, responsabilidad, aprendizaje

Domingo tenía un perro al que había llamado Roble. Le había puesto ese nombre porque siempre había soñado que, cuando tuviera una gran casa, tendría un gran perro que le defendería de cualquier ladrón, y por eso le gusto el nombre de Roble, porque hacía honor al dicho “eres fuerte como un roble”.

Roble era un boerboel, una raza de perros corpulentos, fuertes y altos, de color marrón y con potentes patas para correr. Sin embargo, Roble no era así. De hecho, lo conocían en todo el barrio como Hoja, porque era tan fácil de convencer, de callar y de doblegar como una hoja llevada por el viento. No ladraba a los desconocidos, no mordía a los ladrones, no saltaba cuando alguien cruzaba el prado para llegar a la puerta de entrada ni nada parecido. Así que, una vez al mes, sombras se colaban por todos lados y acababan robando a Domingo y su familia en su gran casa. Aun así, todos los de la familia cuidaban muy bien a Roble y le daban un montón de cariño e incluso premios cuando hacía alguna gracia.

-¿Por qué este perro no ladra? -se preguntaba Domingo.

Buscando por el jardín Domingo descubrió un montón de huesos cerca de la valla de su jardín.

-¡Ay, amigo Roble! Así que esto es lo que te traen, un montón de huesos y carne para que disfrutes y mientras dejas que a nosotros nos roben.

Domingo, enfadado, fue a hablar con Roble y le dijo:
-Ya sé lo que ha pasado, Roble. Has decidido tenerlo todo. Quieres todo lo que te damos, pero también lo que te dan vecinos y ladrones y, sin hacer ningún esfuerzo, tener muchos premios. Pues a partir de ahora no habrá premios hasta que no nos ayudes a poner freno a los ladrones.

Roble le miró triste, pero se dio cuenta de todo. Es cierto que tenía miedo de enfadar a los ladrones y había decidido no intentarlo si al final tenía el cariño, el afecto y los huesos del ladrón a cambio de nada.

No quería ver a Domingo enfadado, así que decidió esforzarse y se puso a saltar por el prado, merodear por la valla y ladrar fuerte cuando entraban hasta que todos los ladrones fueron sorprendidos sin poder robar- Domingo habló con su perro, demostrándole algo que Roble entendió que era muy importante: la confianza.

Al final Roble entendió que era mejor esforzarse y no fijarse solo en conseguir premios.

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