Robi el perro y Bobi el gato


Autor:
Silvia García

Edades:
A partir de 4 años

Valores:
aceptación, comprensión, empatía

En una casa de pueblo muy grande, de color blanco e inmensos tejados, vivía un perro llamado Robi. Un día los dueños decidieron que ya que vivían tan felices con Robi en su jardín, por qué no intentar vivir con más animales. Pensaron en traer unos conejos que vieron en una feria, unas tortugas… pero al final se decidieron por traer como nuevo miembro de la familia a un gato al que llamaron Bobi.

Robi empezó a tener celos de Bobi, porque sus dueños lo cuidaban mucho.Le ponían platos de leche, lápices que parecían de caramelo, bolitas de carne…. Robi decidió que ese gato acabaría fuera de casa, así que cada vez que Bobi se acercaba a comer el perro le empujaba, le tiraba el plato de la leche y cuando los dueños llegaban a la cocina al oír el ruido Robi se iba rápidamente y todos reñían al gato pensando que era muy travieso.

Bobi estuvo pensando una tarde entera qué podía hacer, si arañarlo y dejarle unos buenos golpes por perro malo o si ignorarlo, pero así Robi seguiría intentando fastidiarle… Lo mejor era hablar con él e intentar entender qué le pasaba a su hermano perro.

Robi estaba durmiendo en su caseta cuando sintió que el gato se acercaba sigilosamente. Enseguida comenzó a ladrar para intentar asustarlo, por si el gato sacaba sus enormes uñas. Se quedó muy descolocado cuando el gato le preguntó qué era lo que pasaba:
-Robi, ¿por qué te enfadas tanto conmigo? ¿Acaso tú tomas leche? ¿Tú no tienes comida igual que yo? No sé por qué no quieres ser mi amigo. Nos lo pasaríamos muy bien jugando en el jardín y así lo único que consigues es que los dueños estén enfadados todo el día.

-No sé, pensé que me ibas a arañar. Estoy alucinado -contestó el perro.

– ¿Y qué conseguiría pegándote? Nada más que otros problemas -dijo el gato, que estaba tranquilo y muy seguro de lo que decía.

-Está bien Bobi, tienes razón. La verdad es que yo solo muchas veces me aburría y no eres otro perro con el que tenga que compartir mi comida. Intentaré no gruñirte y respetar tus cosas.

-Genial! Así me gusta -dijo Bobi. Y lamió la pata de Robi que todavía seguía sorprendido de la buena reacción del gato.

Y así fue como los dueños sin enterarse de nada empezaron a observar cómo perro y gato dejaron de ser enemigos y se convirtieron en amigos inseparables.

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