Ravinchi, el gatito pintor


Autor:
Eva María Rodríguez

Edades:
A partir de 6 años

Valores:
egoísmo, admiración, gratitud

Hace mucho tiempo hubo un pintor que tenía un gatito con un talento muy especial. Este gatito era capaz de hacer hermosos dibujos mojando su rabito en la pintura de su amo. Por eso, y en honor al famoso artista Leonardo Da Vinci, el gatito se había ganado el nombre de Ravinchi.

En poco tiempo, Ravinchi, el gatito pintor y sus dibujos habían alcanzado gran fama y todo el mundo quería uno de sus cuadros, que su amo vendía a precio de oro.
Ravinchi no daba a vasto con el trabajo. Pero su amo, que resultó ser muy avaricioso, no le daba descanso. Y de tanto trabajar sin descansar el gatito Ravinchi cayó enfermo.

-¡Oh, gato perezoso! ¡No finjas! Ponte a pintar si no quieres que te tire por la ventana! -gritó el pintor al pobre gatito.

Pero el gatito no podía moverse. Estaba tan cansado que no podía ni maullar.

-¿Conque esas tenemos, eh? -dijo su amo-. ¡Fuera de aquí!

Y le dio una patada tan fuerte a Ravinchi que salió por la ventana. Menos mal que los gatos siempre caen de pie, porque si no se hubiera dado un golpe muy fuerte en el espinazo.

Un vagabundo que dormía bajo la ventana entre cartones vio al pobre gato caer. El buen hombre, que no sabía quién era el gatito, recogió a Ravinchi, compartió con él la poca comida y bebida que tenía y le puso a dormir con él.

En un par de días, Ravinchi se recuperó y, para agradecer a aquel hombre su ayuda, le hizo un dibujo en un cartón mojando su rabito en el barro. El hombre reconoció entonces al gatito Ravinchi.

-Con lo que me den por este dibujo podré vivir bien durante meses -dijo el hombre-. Gracias, Ravinchi. Huye ahora que nadie sabe que eres libre.

Ravinchi lamió la mano de aquel buen hombre para darle las gracias y se fue.

El gatito pintor recorrió todo el país. Ravinchi descubrió muchas cosas bonitas, nuevos colores y diferentes formas de ver la luz. Cada vez que alguien le ayudaba, Ravinchi le dejaba uno de sus dibujos antes de irse. Pero esto hizo que la noticia de que Ravinchi estaba suelto llegara a oídos de su amo, que ofreció una gran recompensa a quien se lo devolviera sano y salvo.

Cuando Ravinchi descubrió que estaba en busca y captura dejó de pintar. Pero pintar era lo que más le gustaba al gatito, así que se puso muy triste. Tan triste se puso que cayó enfermo otra vez.

-Shhh…. Shhh

Alguien intentaba llamar la atención del gatito Ravinchi.

-Eh, Ravinchi, ¿te acuerdas de mí? Soy el que te recogió cuando tu amo te tiró por la ventana.

Ravinchi reconoció al buen hombre que le cuidó cuando su amo se deshizo de él. Pero tenía miedo de que quisiera cogerle para devolverlo con su amo.

-No temas -dijo el hombre, adivinando sus pensamientos-. Ven conmigo, te esconderé. Confía en mí.

Ravinchi se dejó coger y el hombre se lo llevó bajo los cartones donde vivía cuando salvó al gatito la primera vez.

-Aquí, tan cerca de la casa de tu amo, no te buscará nadie -dijo el hombre.

Entonces, Ravinchi descubrió el dibujo que le había hecho antes de irse.

-No lo vendí -dijo el hombre-. Me alegra la vida verlo cada mañana.

Desde entonces, Ravinchi vive con su nuevo amigo bajo los cartones. Para no despertar sospechas ha dejado de pintar pero, para ayudar a su salvador, el gatito ha empezado a hacer bonitas figuritas de barro que venden en el mercado, aunque todos piensan que son obra del vagabundo.

-Eres todo un artista, Ravinchi -le dice el vagabundo cada vez que acaba una figurita-. Nos haríamos ricos si la gente supiera que eres tú quien hace esto, pero no seríamos tan felices, ¿no te parece?

Por toda respuesta, el gatito lame la mano de su amigo y se acurruca entre ronroneos y caricias. Parece que a Ravinchi el cariño y poder dar rienda suelta a su arte le vale más que cualquier otra cosa en el mundo.

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