Pedrito el mentiroso


Autor:
Irene Hernández

Edades:
A partir de 6 años

Valores:
honestidad, arrepentimiento

Pedrito siempre inventaba historias. Tenía mucha imaginación y sus historias eran tan disparatadas que nadie lo tomaba enserio y por eso le llamaban «Pedrito, el mentiroso»

– Mamá, ¡anoche vino un extraterrestre a mi habitación y me llevó a la Luna! – le dijo una mañana a su mamá.
– Pedrito hijo, ¡Qué cosas tienes! – le dijo su madre.

Un día de vacaciones, Pedrito se fue al campo y encontró una casa muy antigua de la que salían ruidos muy extraños.

– ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? –gritó.

Pero nadie salió de la casa, así que Pedrito abrió la puerta y… alucinó cuando vio lo que había dentro.

– ¿Quién eres? ¿Qué es eso? – preguntó.

Allí había un anciano con gafas de culo de vaso rodeado de cacharros y una especie de máquina gigante.

– No te puedo decir qué es esto, niño. ¡Vete de aquí anda! – le dijo el anciano.

Pero Pedrito no se fue. Se escondió y, sin que el anciano se diera cuenta, se metió dentro de la máquina.

– ¡Ahora sí! ¡Por fin funcionará después de tantos años! – dijo el anciano en voz alta.

De repente, se encendieron un montón de luces, empezó a salir humo y la máquina comenzó a moverse muy rápido hasta que por fin paró.

La puerta se abrió y Pedrito asomó la cabeza. Todo era blanco a su alrededor.

– ¿Dónde estoy? – se preguntó.

Pero, de un golpetazo, la puerta se volvió a cerrar, se volvieron a encender las luces , salió todo ese humo y se volvió a parar.

Cuando la puerta se abrió, Pedrito vio al anciano mirándolo atónito.

– Pero, ¿qué estás haciendo ahí? – Le preguntó el anciano.

Pedrito, muy sorprendido, sólo quería saber qué era lo que había pasado.

– Llevo muchísimos años trabajando en esta máquina y, si todo ha salido bien, creo que has viajado a la luna.

Pedrito no podía creerlo…¡Había viajado a la luna!

No tardó ni un segundo en salir corriendo para contárselo a todo el mundo, pero, como era de costumbre, nadie lo creyó.

– Si no me creéis, ¡venid conmigo! – les dijo a todos.

Todos fueron en busca del anciano, pero cuando llegaron a la vieja casa, allí sólo había trastos. No había ni rastro de la máquina o del hombre.

Nadie lo creyó y Pedrito se dio cuenta aquel día de que no le merecía la pena mentir a todo el mundo con sus historias porque si no nadie le creería cuando contase la verdad como en aquella ocasión.

Aprendió la lección y nunca más mintió, hasta que con el paso del tiempo, cuando volvió a contar la historia del viaje a la luna, por fin todos le creyeron.

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