Pastoree, no empuje


Por Charles R. Swindoll.  De todos los predicadores y ministros que jamás hayan vivido, Charles H. Spurgeon estaba entre los más coloridos. También estaba entre los más prolíficos… entre los más controversiales… entre los más elocuentes… entre los más preparados… y podríamos continuar.  Spurgeon era singular. Si no es el predicador más grande en la historia de la iglesia, está ciertamente entre los diez principales, en mi opinión. En cualquier momento que surge el tema de la predicación en un aula o entre un grupo de pastores, el nombre Spurgeon aparece prontamente.

Sus obras son útiles y significativas. Fue pastor de una Iglesia Bautista en Londres, donde sirvió a su Señor por 38 años. Un biógrafo declara que la gente se paraba en la nieve en medio del invierno esperando que se abrieran las puertas para asegurarse un asiento y escuchar predicar a este príncipe del púlpito. Durante su tiempo allí, fue responsable del aumento de la membresía de 6,000 a casi 14,500. Un hombre verdaderamente sorprendente. Aunque era bautista, era un evangélico calvinista.

Principalmente, era un hombre hecho para el púlpito. Como dice un biógrafo: Era preeminentemente un predicador. Su clara voz, su dominio del idioma, y su astuto sentido del humor, aliado con un entendimiento firme de la Escritura y un profundo amor por Cristo, produjo parte de la predicación más noble de cualquier era.

Sin embargo, a pesar de todas sus fortalezas y nobles logros, en su tiempo Spurgeon recibió mucha crítica. Como Martín Lutero, parecía florecer en la tormenta.

Mientras más vivo, más crece mi admiración por esta vasija singular usada de manera tan poderosa por Dios aunque criticado de manera tan ferviente por otros, especialmente cristianos. Aunque muerto, todavía habla. Sus volúmenes continúan estimulando e instruyendo a los que estamos en el servicio cristiano. Cualquiera que entra al ministerio debe leer a Spurgeon y hacerlo al menos una vez al mes. Recomiendo especialmente el libro Conferencias a mis estudiantes. En él escribe:

Cada obrero conoce la necesidad de mantener sus herramientas en buen estado … Si el obrero pierde su empuje … sabe que habrá una sequía mayor sobre sus energías, o su obra se realizará de mala manera …

Para mí sería en vano llenar mi biblioteca, u organizar sociedades, o planificar esquemas, si ignoro la cultura pro-pia; porque los libros, las agencias y los sistemas, sólo son remotamente instrumentos de mi llamado santo; mi espí-ritu, alma y cuerpo son mi maquinaria más cercana para el servicio sagrado; mis facultades espirituales y mi vida interna, son mi hacha de batalla y armas de guerra …

[Entonces, citando de una carta del gran ministro escocés Robert Murray McCheyne, concluye] «Recuerda que eres la espada de Dios, su instrumento, confío en que eres un vaso elegido por Él para llevar su nombre. En gran medida, de acuerdo con la pureza y la perfección del instrumento, será un éxito. Dios no bendice tanto al talento grande así como la semejanza a Jesús. Un ministro santo es una arma tremenda en la mano de Dios.

Hay todo tipo de tentaciones para que el pueblo de Dios (¡especialmente los ministros!) se ajuste, siga el paso, y vaya tras la cadencia de nuestros tiempos… y si la seguimos, seremos ilegítimos, aburridos, predecibles y, bueno, «religiosos». ¡Necesitamos que se nos advierta contra eso! Aunque no podemos ser Spurgeons (con uno bastaba), hay mucho que aprender de este modelo de pensamiento claro, predicación apasionada, escritura creativa, y una determinación inflexible.

Una guía práctica para que todos la recuerden

Permítame comenzar con unas pocas palabras de exhortación en cuanto a mantener un ministerio a largo plazo. Mis comentarios aquí tienen que ver con las expectativas ideales, y estas ocurren a ambos lados del púlpito. Un ministro joven llega a una iglesia y tiene expectativas sobre el rebaño. Al otro lado, el rebaño se pone en contacto y llama a un hombre para que pastoree a la iglesia, y ellos también tienen sus propias expectativas. Ambos grupos de expectativas son tan idealistas que usualmente se salen de los parámetros. Esto tiene los ingredientes de la locura temprana en cualquier ministerio.

Uno de los secretos de un pastorado a largo plazo es la manera clara y realista de pensar de parte del pastor y la congregación.

La importancia de la tolerancia dual es extremadamente signi-ficativa. Un pastor debe ser muy tolerante con las personas a quienes sirve. Y el pueblo servido por el ministro necesita tolerarlo mucho. Tenemos que darnos mucho espacio para maniobrar. Las congregaciones, y sus pastores, tienen que darse espacio para ser ellos mismos dentro de los límites de la vida cristiana. La religiosidad, de paso, resiste tal libertad.

Si vamos a vivir juntos durante un extenso período de tiempo, tenemos que aceptar las idiosincrasias y los estilos del uno y del otro. Este es un momento adecuado para que repita algo que escribí anteriormente: Un buen sentido del humor es esencial, sobre todo si espera sobrevivir muchos años en la iglesia y/o el ministerio.

Dos principios bíblicos en cuanto al ministerio

Los párrafos anteriores han sido preparatorios para que reflexionemos en 1 Pedro 5.1-4. En esta sección de la carta, Pedro se ocupa del pastor y el rebaño en el cual sirve. Es útil porque el consejo de Pedro no tiene un aire religioso. Es refres-cantemente perspicaz. Las frases introductorias del capítulo ofrecen un par de principios efectivos e importantes que vale la pena mencionar (véase 1 P 5.1-2a).

El primer principio es este: El orgullo de la posición debe estar ausente. Recuerde quién escribió estas palabras: Pedro el apóstol, el vocero de la iglesia primitiva, el que vio a Jesús con sus propios ojos, quien literalmente caminó con el Mesías por más de tres años. Qué honor tuvo… qué privilegios, sin em-bargo, jamás sugiere su propia posición de autoridad. Cualquier sen-tido de orgullo en cuanto a su posición se ausenta en las declaraciones iniciales de Pedro. Simplemente se llama «anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada».

Considero que estas son palabras muy humildes. No dice nada acerca de su apostolado autorizado. Nada en cuanto a la importancia de que los receptores de su carta obedecieran su consejo. Simplemente se identifica con los ancianos como «anciano también». Y si desea que la palabra «participante» sea un tanto más comprensible, piense en el término compañero. «Soy compañero con ustedes en la misma gloria que será revelada en el más allá». Se percibió al mismo nivel que los otros ancianos.

Un ministerio religioso es un lugar fácil para construir secre-tamente una vida orgullosa. Desafortunadamente, el orgullo puede consumir a una persona en el ministerio. No sólo puede, así lo ha hecho para algunos.

Deténgase y piense en el porqué. Hablamos de parte de Dios. Nos paramos ante enormes grupos de personas con regularidad. Los que están en el ministerio pueden vivir prácticamente sin rendir cuentas. La mayoría nos respeta y confía en nosotros. Y a través de nuestras carreras, sólo se nos cuestiona en escasas ocasiones. Cuando así sucede, es raro que se cuestionen nuestras respuestas. Realizamos nuestra preparación fuera del escrutinio público ya que trabajamos a solas en nuestros estudios. Todo eso está bien… pero es como un campo minado de peligros y amenazas. Porque antes de que se entere, podemos comenzar a caer en la trampa de creer sólo lo que decimos y ver sólo lo que descubrimos. Esto ocurre particularmente si su ministerio crece y su fama se esparce. Cuando eso sucede, su cabeza puede hincharse y sus oídos embotarse.

Si Pedro, uno de los doce apóstoles originales, el primer vocero de la Iglesia, un siervo ungido de Dios, no mencionaba su importante función, creo que podemos aprender una lección acerca de la humildad. Señálela. No la olvide. El orgullo de la posición debe estar ausente.

Hay un segundo principio, de similar importancia: El corazón de Pastor debe estar presente. ¿Recuerda este imperativo inicial? «Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros». En su origen esta palabra significa «actuar como un pastor, ocuparse de un rebaño». Y no desatienda el otro lado de la moneda: El llama al pueblo «la grey de Dios».

Por eso es que jamás he cultivado el hábito de referirme a cualquier congregación que haya servido como «mi gente». El rebaño no es controlado, ni es propiedad del pastor a cargo; ¡ellos son el pueblo de Dios! En última instancia tienen que responderle a Él. Viven sus vidas ante Él. Han de obedecerle a Él. Su Palabra es la que nos guía a todos, tanto el pastor como el rebaño.

Me gusta esta descripción: «Por definición, el verdadero anciano es el pastor del rebaño en el cual Dios lo ha colocado… quien lo lleva en su corazón, lo busca cuando se pierde, lo defiende de daño, lo consuela en su dolor, y lo alimenta con la verdad».

Este es un buen momento para añadir que si no tiene el corazón de pastor, realmente no debería estar en el pastorado. Si le falta el corazón de pastor, mi consejo es sencillo: no entre al pastorado. Pronto se convertirá en una mezcla incorrecta, frustrante tanto para el pastor como para el rebaño.

He escuchado a algunas personas decir: «Bueno, simplemente apren-deré cómo ser pastor». Lo siento. Hay algo más que eso. El pastorado tiene que estar en su corazón. No hay un libro de texto, no hay un curso, no hay alguna relación que habrá de convertirlo en pastor. Es un llamado. Es asunto de un regalo de Dios. Usted no se educa para convertirse en pastor. El seminario podrá ayudar, porque durante sus años en él, la mayoría de los estudiantes descubren si tienen o no el corazón de pastor. De no tenerlo, repito, no deben proseguir el pastorado.

He visto evangelistas llenar púlpitos, y la iglesia es evange-lizada. Pero no es pastoreada. He visto maestros, brillantes y capaces, ocupando el púlpito, y la iglesia es cuidadosamente instruida y edu-cada bíblicamente. Pero no es pastoreada. El corazón del pastor ciertamente incluye la evangelización, la enseñanza y la exhortación, pero también debe incluir el amor y la tolerancia, la paciencia y el entendimiento de una persona con el corazón de siervo, y mucho espacio para esos corderos y ovejas que no alcanzan la medida. Pastorear una iglesia no es una profesión religiosa, realmente no lo es. No es una decisión de negocios sino un llamado de Dios que vincula ciertos pastores con ciertos rebaños.

La religión habla en términos de emplear profesionales calificados para que cumplan ciertas respon-sabilidades. El resultado son «asalariados», como los llamó Jesús (Jn 10.11-15). Pero en el rebaño de Dios, los pastores son dotados; son llamados a servir y entregarse, a amar y a animar, a modelar el estilo del Salvador. Cuando esto ocurre las iglesias son bendecidas y disfrutan de esperanza más allá de la religión.

Tres actitudes esenciales de los pastores que no son religiosos (1 P 5.2-3)

Encuentro al menos tres actitudes vitales establecidas en estos tres versículos. Cada actitud comienza con una negativa, seguida por un aspecto positivo.

No por fuerza…  sino voluntariamente.
No por ganancia deshonesta…sino con ánimo pronto.
No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado… sino siendo ejemplos de la grey.
La actitud número uno es una «No por fuerza, sino volun-tariamente». Fuerza significa «ser obligado». Como sacar a su adolescente de la cama temprano en la mañana para ir a la escuela. Eso es obligación. Sin embargo, Pedro no se refiere al adolescente en la escuela sino a un pastor con su rebaño.

Pablo escribe que los mensajeros de Dios han de estar listos «a tiempo y fuera de tiempo» (2 Ti 4.2). Los pastores fieles han de estar dispuestos «a tiempo y fuera de tiempo»… cuando lo sintamos, y cuando no… cuando la iglesia está creciendo y cuando no.

Una de las cosas que intensifica el agotamiento en el ministerio es la falta de disposición. Y ella depende de que descansemos cuando debemos hacerlo para que podamos darlo todo cuando así se requiera.

El libro de Spurgeon, Conferencias a mis estudiantes. Aunque fue escrito hace más de cien años, describe algunas de las razones por las cuales sufrimos «agotamiento» en el ministerio hoy.

Reconoció la depresión en su vida, muchas veces antes de un gran éxito, algunas veces después de un gran éxito, y usualmente por algo que no podía explicar. Tituló este capítulo Los ataques de desmayos de los ministros, (¡gran título!). Escuche estas francas declaraciones.

Los ataques de depresión nos sobrevienen a la mayoría. A pesar de lo alegres que seamos, necesitamos que se nos abrume de vez en cuando. Los fuertes no siempre son vigorosos, los sabios no siempre están listos, los valientes no siempre valerosos, y los alegres no siempre felices. Podrán haber aquí y allá personas de hierro[…] pero ciertamente el moho perturba inclusive a estos.

El siguiente comentario está dirigido al rebaño de Dios. Sea tolerante con su pastor. Una mejor palabra es paciente. Haga el mejor esfuerzo posible por no demandar mucho o establecer expectativas demasiado altas. Multiplique sus peticiones por todos los que están en su iglesia, y tendrá alguna idea de lo que debe soportar un pastor. Sea comprensivo. Recuerde, si usted escribe una carta que lo deprima, podría herirlo por semanas. Algunas veces hace falta una confrontación. Pero aun entonces, sea bondadoso. Tenga tacto. ¡Ore por él! Cuando lo haga, lo encontrará más dispuesto a servirle a su Señor entre ustedes.

Ahora, mire el segundo atributo: una actitud vehemente. Esa próxima frase describe no sólo la disposición sino una actitud de vehemencia entusiasta. Mire cómo Pedro expresa esto: «No por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto». Asegúrese de que su ministerio no es motivado por beneficios monetarios y ajenos. Los círculos religiosos enfatizan, piensan acerca de, y exageran la importancia del dinero. Protéjase contra eso.

No hay nada tan emocionante o atractivo como un pastor que trasmite entusiasmo. ¡Es contagioso! Su amor por las Escrituras se convierte en el amor de la grey por las Escrituras. Su gusto por la vida se convierte en el gusto de la grey por la vida. Su propósito de relajarse y disfrutar la vida se convierte en el propósito de la grey de disfrutar la vida y relajarse. Su gozoso compromiso para obedecer a Dios se convierte en el compromiso de ellos. No en balde Pedro enfatiza la vehemencia. Su pasión por los perdidos se convierte en la pasión de ellos. ¡Cuán refrescante es estar alrededor de pastores que envejecen pero todavía son vehementes y entusiastas!

Hay una tercera actitud que Pedro señala: una actitud de mansedumbre. Creo que fue con un empuje adicional de pasión que escribió (1 P 5.3).

Aquí lo que le preocupa al viejo apóstol es un pastor ejerciendo autoridad indebida sobre otros. Como pastores debemos aprender a sostener nuestras congregaciones en libertad. Debemos vigilar nuestra tendencia a intentar tener dominio sobre ellos, pensando que son asalariados. Para evitar eso, debemos percibirnos como siervos, no como soberanos. Déle espacio al rebaño para que esté en desacuerdo. Asegúreles que deben pensar por cuenta propia. Pero no se equivoque. Un pastor «manso» no es débil. Hace falta gran fortaleza interna y seguridad para demostrar gracia. Estar dispuesto a servir en lugar de demandar. Los mejores pastores son los que realizan su labor para el Señor, esperando que nadie se postre ante ellos.

El liderazgo debe estar basado en el corazón de siervo. Sin embargo, he visto líderes en cargos ministeriales que han abusado de sus posiciones de forma casi tan obvia.

El pastorado trae una enorme cantidad de autoridad. Ni siquiera una junta de ancianos o diáconos, a pesar de lo poderosas que puedan ser, puede ocupar el lugar del pastor en el púlpito el domingo. Es un lugar desde donde puede ejercer increíble autoridad y, de decidir hacerlo, imponer su rango. Con más razón no debería abusarse de ella. ¡El pastor no es un sustituto del Señor!

Lo que más necesita el pueblo de Dios en su ministro es un modelo de la vida de Jesucristo. Hay algo convincente en cuanto a un modelo. Aquí es ese el punto de Pedro. Lo mejor que puede hacer un ministro es llevar una vida auténtica, responsable y humilde. ¡Pocas cosas se ganan los corazones de las ovejas como un pastor tierno!

Usted podría recordar que, al final de su vida, se decía que Moisés había sido «manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra» (Nm 12.3). He aquí a un hombre que había «pastoreado» a millones de personas, pero rehusó solicitar su fama. No le interesaba el aplauso del público. No manipulaba al pueblo. Es más, traspasado de dolor ante Dios, hasta dijo. «Sácame del camino». Esta maravillosa sección de la Escritura es un buen recordatorio de que tan importante como es ser un líder decisivo con convicciones fuer-tes—aceptando las responsabili-dades de la posición—, jamás es apropiado que el pastor «domine» a los que están bajo su cuidado.

Los que requieren absoluto acuerdo de parte de todos son personas terriblemente inseguras. ¿Acaso no es interesante que Jesucristo jamás demandó que sus discípulos lo escribieran todo, ni en una sola ocasión los exhortó a memorizar las cosas que dijo? Lo que más les señaló fue: «No temáis». Esa fue su ordenanza más frecuente. «No temáis» Y la otra se ofrece por implicación: «Mírenme y sigan mi ejemplo» Nadie ha tenido más autoridad sobre un rebaño que Cristo, pero sólo en las ocasiones más raras siquiera levantó su voz.. o reprendió a sus seguidores. A las ovejas les va mejor cuando son dirigidas, no empujadas… cuando son liberadas, no controladas… cuando se saben amadas, no avergonzadas.

Una recompensa eterna a reclamar (1 P 5.4)

Esta es una corona exclusiva. Es reservada para los que pastorean lealmente a la grey de Dios a su manera. Sólo aquellos que sirven en esta función podrán recibir la «corona incorruptible de gloria». Note que como resultado de cumplir estos dos principios y estas tres actitudes, el mismo «Príncipe de los pastores» entregará la «corona de gloria». Pueden contar con eso, compañeros pastores. Podemos anticipar eso cuando nos encontremos con nuestro Señor cara a cara.

Sugerencias personales para ambos lados del ministerio

Un comentario para aquellos que rigen diciendo mantengan un balance saludable. Si enseña, déjese enseñar. Lea. Escuche. Aprenda. Observe. Alístese a cambiar. ¡Entonces cambie! Reconozca las equivocaciones cuando esté errado. Quédese firme cuando esté en lo correcto. No puede ganarlas todas. Y recuerde, usted es siervo de Dios, no un esclavo del rebaño.

Ya que fue llamado a ser líder, cuando sea necesario, sea un buen seguidor, lo cual nos lleva de vuelta a la servidumbre. Cuando dirija, colóquese en los zapatos de los seguidores; piense acerca de cómo sería si estuviera sentado allí escuchando las cosas que usted está diciendo.

No menosprecie su importancia ni exagere su función. Usted cierta-mente es llamado por Dios. Usted lo representa a Él, su mensaje, su visión. Una congregación puede sacarnos hasta el jugo. Algo trágico le sucede a un líder que ha perdido su empuje y determinación. Pero no puede hacerlo todo, así que delegue. Es una gran tarea por realizar, así que invite a otros para que lo ayuden a realizarla. Y cuando lo hagan bien, déles el crédito.

Mantenga el equilibrio. Involúcrese en trabajo serio, pero (repito) mantenga un buen sentido del humor. ¡Ríase a menudo y en alta voz! Y no tema reírse de sí mismo.

Tome a Dios con seriedad, pero no se tome muy en serio.

 

Tomado y adaptado del libro El poder de la esperanza, Editorial Caribe, 1999. Usado con permiso.

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