NUESTRA RIQUEZA ES JEHOVÁ


En el Salmo 23 encontramos la experiencia de un hombre que logró descubrir y reconocer esa riqueza en Dios y eso le dio un enorme consuelo y fuerza. Y la escribió en forma de una canción, en forma de una poesía, para describir que Jehová es su riqueza incalculable.

INTRODUCCIÓN
En un pueblo al Oeste de Texas en los EE.UU; hay un famoso campo de explotación de petróleo conocido como “Yacimiento Yates” (Yates Pool. En la década de los años 30 este campo era un rancho de ovejas propiedad de un hombre llamado Ira Yates. Y él se encontraba con deudas y con el peligro de perder su rancho, solamente contaba con un poco de dinero para vestido y comida; su familia vivía en una crisis.
Día tras día, mientras Yates pastaba a su rebaño en la colinas de los valles, pensaba en su gran problema de cómo hacer para pagar sus deudas. Entonces un grupo de ingenieros de una compañía petrolera llegaron y le convencieron para probar y perforar en sus tierras un pozo al azar; Yates firmó un contrato de arrendamiento. A 34,000 metros descubrieron una gigantesca reserva de petróleo; el primer pozo producía 80,000 barriles por día, con un cálculo de 2.5 millones de dólares por día. Este hombre que una vez fuera un pobre ranchero, ahora lo poseía todo.
Pero ¿Cuál era lo irónico?. ¡Pues era un potencial millonario viviendo en la pobreza! ¿Cuál era su problema? Simplemente no sabía que el petróleo estaba allí.
¿Cuántos cristianos frustrados, derrotados e inútiles viven en la pobreza espiritual, sin conocer los grandes recursos de Dios que están a su disposición?. Al igual que este hombre antes de descubrir una riqueza incalculable, no están concientes de la riqueza inagotable de Dios. ¿Podríamos ser nosotros uno de ellos? ¿Tal vez nos encontramos sufriendo y consumiéndonos en la pobreza espiritual?

JEHOVÁ ES NUESTRA RIQUEZA INCALCULABLE

¿Por qué Jehová es nuestra riqueza incalculable?

Versículos 1-6
1. Por ser Jehová nuestro pastor,

Concluye David que no le ha de faltar ninguna cosa que sea realmente buena para Él (v. 1). También David fue pastor en su juventud. En Sal. 78:70-71, nos dice Asaf que Dios sacó a David de los apriscos del rebaño; de detrás de las ovejas lo trajo. » Sabía, pues, por experiencia la preocupación y el afecto que un buen pastor siente hacia su rebaño. Recordaba la necesidad que de un tal pastor tienen las ovejas y que una vez había arriesgado la vida propia por salvar la de un cordero. Con esto ilustra el cuidado y el interés que tiene Dios por los suyos; y a esto parece referirse nuestro Salvador cuando dice: «Yo soy el buen pastor» (Jn. 10:11). El trae las ovejas al redil y las provee de todo lo necesario. Debemos conocer la voz de tal pastor y seguirle. Al considerar David que Jehová es su pastor, bien puede decir con toda confianza:
«Nada me faltará», es decir, « de nada careceré ». Sino tenemos algo que deseamos en estos momentos, podemos concluir que lo tendremos a su debido tiempo y si es la voluntad del Señor.

2. Al considerar la bondad y el cuidado de nuestro Pastor. (2-4)

David llega a la conclusión que no tiene motivos para temer ningún mal en medio de las mayores dificultades y de los más graves peligros en que se pueda encontrar (vv. 2-4). Véase aquí la dicha de los santos como ovejas del prado de Dios:

(A) Están bien situadas: «En lugares de delicados pastos me hará descansar» (v. 2a). De la mano de Dios nuestro Padre tenemos el pan de cada día. La mayor abundancia es para el perverso un pasto seco, sin gusto, cuando sólo busca en él el placer de los sentidos; en cambio, para el hijo de Dios, que gusta la bondad de Dios en todo lo que disfruta, es un pasto delicado, delicioso, aun cuando tenga poca cosa del mundo (37:16; Pr. 16, 17). Dios hace que sus ovejas puedan reposar, pues les da paz de conciencia y contentamiento de corazón, cualquiera sea la suerte que les encierre en este mundo; el alma de los buenos descansa a gusto en el Señor, y eso hace que todos los pastos les resulten frescos y deliciosos.

(B) Van bien conducidas: «Junto a aguas de reposo me pastoreará» (v. 2b). Quienes se alimentan de la bondad de Dios, la dirección de Dios han de seguir: El les dirige los ojos, el camino y el corazón, hacia su amor. Dios provee para su pueblo, no sólo pasto y descanso, sino también refrigerio y delicia. Dirige a los suyos, no a las aguas estancadas, que se corrompen y recogen suciedad, ni a las aguas bravías y encrespadas del mar, sino a las aguas silenciosas de los arroyos, porque las aguas de reposo que, sin embargo, fluyen silenciosas sin cesar, son las más aptas para representar la comunión espiritual de quienes caminan sin cesar hacia Dios, pero lo Hacen en silencio. «Me guiará por sendas de justicia», añade David (v. 3b), por el camino del deber, en el que me instruye por medio de su palabra, y me conduce por medio de su providencia. El camino del deber es el camino del verdadero deleite, pero en estas sendas no somos capaces de caminar, a menos que El nos guíe a ellas y nos guíe en ellas.

(C) Por el cuidado cuando algo anda mal: «Confortará (o restaurará) mi alma» (v. 3a). Cuando, después de cierto pecado, su propio corazón hirió a David, y cuando después de otro pecado más serio, Natán fue enviado a decirle: «Tú eres ese hombre», Dios le restauró el alma. Aun cuando permita Dios que los suyos caigan en pecado, no permite que yazcan tranquilos en el pecado. «Aunque pase por valle de sombra de muerte», es decir, por un valle tenebroso, expuesto al asalto de fieras y ladrones, no temeré mal alguno» (v. 4). Hay aquí cuatro palabras que atenúan el terror:

(a) No se trata de muerte, sino de sombra de muerte, sombra sin cuerpo, figura sin realidad; ni la sombra de una serpiente pica, ni la sombra de una espada mata.
(b) Es valle de sombra, bastante profundo como para ser tenebroso, pero los valles son también fructíferos, como lo es aun la misma muerte para los piadosos hijos de Dios (Fil. 1:21).
(c) Es un pasar, como un corto paseo.
(d) Y es un pasar por el valle, no se perderán en el valle, sino que saldrán a salvo al monte de especias aromáticas que hay al otro lado. No hay allí mal alguno para el hijo de Dios, pues ni la muerte puede separarnos del amor de Dios (Ro. 8:38). El buen pastor, no sólo conduce, sino que escolta, a sus ovejas a través del valle. Su presencia las anima: «porque tú estarás conmigo». La vara y el cayado del final del versículo no son sinónimos. La vara es un palo recio que el pastor de Palestina usa todavía para defenderse a sí mismo y a sus ovejas, mientras que el cayado es un báculo más largo, no tan recio, curvado muchas veces en un extremo, que el pastor usa para conducir a ¡las ovejas y para apoyarse El mismo en el suelo. Por Lv. 27:32, vemos que el pastor contaba las ovejas bajo la vara (Hebr. shábet).

3. Por los beneficios de generosidad que nuestro pastor nos ha concedido,

David Concluye la constancia y perpetuidad de las misericordias de Yahweh (vv. 5-6): «Aderezarás mesa delante de mí en presencia de mis adversarios; tú me provees de todo lo necesario para mi alma y para mi cuerpo, no sólo en el tiempo, sino por toda la eternidad: alimento conveniente, una mesa bien preparada, bien llena la copa: mi copa está rebosando, de forma que no sólo tengo para mí, sino también para mis amigos». «Ungiste mi cabeza con aceite, como buen anfitrión» (v. Lc. 7:46). Al principio había dicho (v 1): «Nada me faltará»; pero ahora habla de forma positiva (v. 6): «Ciertamente la bondad y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida.» Dice Ryrie: «David se ve a sí mismo, no sólo como a un huésped-para-un-día, sino como miembro del pacto de Dios: de la bondad perpetua suya.» «Me seguirán», dice David, como el agua de la roca seguía al campamento de Israel por el desierto (1 Co. 10:4). « Me seguirán todos los días de mi vida, porque al que Dios ama, le ama hasta el final y hasta el extremo» (Jn. 13:1). «Ciertamente será así: la bondad y la misericordia que me han seguido hasta aquí, me seguirán también en adelante hasta el final.» «La casa de Jehová» significa comúnmente el santuario; y que equivale a estar oculto bajo las alas o protección de Jehová (17:8).»

CONCLUSIÓN.

II. Debemos reconocer que Dios es nuestro pastor (v. 1).
III. Debemos recordar las experiencias y bondades recibidas (vv. 2, 3, 5).
IV. Debemos estar seguros que no nos va faltar ninguna cosa buena (v. 1),
V. No debemos temer ninguna cosa mala (v. 4)
VI. Dios nunca nos abandonará en el camino de la misericordia;
VII. Por esta razón no debemos abandonar jamás a Dios (v. 6).

Tito Bardalez Sánchez
Lima – Perú

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