Los ladrones de lámparas


Autor:
Eva María Rodríguez

Edades:
Todas las edades

Valores:
amor, sacrificio, lealtad

Enrique y Pedro eran dos hermanos huérfanos que sobrevivían robando lámparas que luego vendían en los mercadillos de los pueblos. Su padre, que había sido ladrón también, les enseñó antes de pequeños cómo robar todo tipo de cosas.

Pero a Enrique y a Pedro no les gustaba robar. Por eso, cuando entraban en las casas a robar solo se llevaban las lámparas, porque pensaba que no pondría demasiado triste a sus víctimas. Les daba tanta pena llevarse lo que no era suyo, que se llevaban las lámparas sí, pero les dejaban las bombillas.

Un día, los hermanos ladrones encontraron una cosa extraña en la casa a la que entraron a robar. Parecía una tetera o algo así. Habían visto algo similar antes.

– Me recuerda a una lámpara mágica que aparecía en unos de los cuentos que nos leía mamá -dijo Enrique.

Mientras miraban embobados a la lámpara llegó la policía.

– ¡Huye, Enrique! -le gritó Pedro a su hermano-. ¡No dejes que te cojan! Pero la policía acabó cogiendo a Pedro.

Enrique salió corriendo con la lámpara misteriosa y se refugió en el bosque. Mientras pensaba en cómo sacar a su hermano del calabozo donde lo habían metido limpió la lámpara con su camisa para sacarle brillo.

Entonces ocurrió lo que ocurre en estos casos, y salió un nube de humo que se convirtió en un genio enorme con voz grave y profunda.

– Te concederé un deseo -dijo el genio.
– ¿Cómo que un deseo- dijo Enrique. ¿Por qué no tres, como en los cuentos?
Recortes, ya sabes -dijo el genio-. ¿Qué quieres? Puedo convertir tu casa en un palacio, o conseguir que una familia rica te adopte. También puedo convertirte en el chico más guapo del planeta.

Enrique imaginó todas esas cosas. Pero entonces pensó en su hermano. Nada de eso tendría sentido sin él.

– Yo solo quiero estar con mi hermano -dijo Enrique.
– Si ese es tu deseo, tendré que llevarte con él al calabozo entonces-dijo el genio-.
– Está bien -dijo Enrique-. Tengo una idea. Sígueme y mantente oculto para concederme el deseo cuando yo te lo pida.

Enrique se dirigió al calabozo donde habían metido a su hermano Pedro. Cuando llegó se dirigió a los guardias para entregarse y que lo encerraran junto a su hermano.

Una vez allí, Enrique le dijo a Pedro:- Abrázame y no me sueltes. Te voy a sacar de aquí.

Entonces, Enrique pidió su deseo al genio.
– Genio, deseo que me lleves de vuelta a mi casa con todo lo que tengo en mis manos.

Y así fue como Enrique consiguió sacar a Pedro de la cárcel.

– Podrías haberte hecho rico con la lámpara -dijo Pedro a su hermano.
– Tal vez, pero ahora que estás fuera puedes probar fortuna tú -dijo Enrique, entregando la lámpara a su hermano.

Pedro frotó la lámpara y el genio le concedió un deseo:
– Quiero tener una vida feliz junto a mi hermano en la que no tengamos que volver a robar nunca jamás.

El genio cumplió su deseo y aunque Enrique y Pedro no se hicieron ricos, los dos vivieron felices trabajando muy duro siempre juntos.

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