LLEVANDO FRUTO, Y QUE ESTE PERMANEZCA.


¿Cómo hacemos para poder crecer y dar fruto y que este permanezca? “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé”.
S. Juan 15:16.


No me elegisteis vosotros a mi. La elección es del Dios.

Antes de cómo llevar fruto, es interesante lo que Jesús les habla a sus discípulos, pues le dice: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros”.
Esto es muy interesante porque nos habla de una realidad, de una verdad inalterable, pues nos muestra que nosotros somos lo que somos, y estamos donde estamos porque a él le ha placido.
En otras palabras somos lo que somos por su gracia, como dice Pablo en la Primera Epístola a los Corintios, en capítulo 15:10: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”.
Este es un texto muy interesante y revelador, porque como venimos diciendo, la gracia nos hace lo que somos, y esto no es un mérito nuestro, sino de Dios.
Pero este texto va más allá, porque nos muestra que la gracia trabaja en nosotros, y este trabajo de la gracia produce un efecto, un fruto, una obra, en primer lugar –como ya hemos visto- que seamos formados según el plan de Dios, y en segundo esta gracia hace que nosotros seamos productores, como dice Pablo, nos lleva a la acción, pues nos hace trabajar y a llevar fruto.
Como se verá más adelante, Pablo insta a Timoteo a esforzarse en la gracia.
Nosotros somos salvos por gracia y no por mérito propio, y esto es algo que el mismo Apóstol Pablo dice en su Epístola a los Efesios, en el capítulo 2:4-10, donde dice:
“Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo(por gracia sois salvos),
y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús,
Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
No por obras, para que nadie se gloríe.
Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”.
Mucho podríamos decir de esto y no tenemos el tiempo ni el lugar, pero yo quiero rescatar algunas cosas que me parecen claves, en especial la última parte, que dice que Dios preparó de antemano todas las cosas para nosotros, es como dice David en el Salmo 40:7y 139:16.
“Entonces dije: He aquí, vengo;
En el rollo del libro está escrito de mí”…
“Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas”…
Pero continuemos, es por su gracia que estamos donde estamos, y no porque seamos mejores que otros, porque a decir verdad, hay muchos que son mejores y más capacitados que nosotros.
Esto es algo que debemos entender, no para desanimarnos ni creernos menos, sino para que no nos llenemos de orgullo. No es por nuestra fuerza ni por nuestro poder, es por su fuerza, por su poder y por su gracia.
Tal como lo dice Jesús Adrián Romero en una de sus canciones: “¿Qué sería de mí si no me hubieras alcanzado? ¿Dónde estaría yo sino me hubieras perdonado? Sería como un pájaro herido que se muere en el suelo, sería como un ciervo que clama por agua en el desierto, Sino fuera por su gracia y por su amor”.
Veamos lo que Pablo tiene que decir con respecto a esto en Primera de Corintios 1:25-31.
“Pero lo insensato de Dios es más sabio que los hombres, y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles;
Sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte;
Y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es,
A fin de que nadie se jacte en su presencia.
Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención;
Para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor”.
Pensando en esto vayamos al libro de Deuteronomio capítulo 8. En el que encontramos una exhortación de parte de Dios al pueblo de Israel para que cuando, una vez entrado en la tierra prometida, no se olvide de Quién es el que le dio aquella tierra, sino que medite, que esta allí por la gracia.
“…Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para *****plir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te mando hoy…
…y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me ha traído esta riqueza.
Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como este día”.
Y si vemos bien, con anterioridad –en el capítulo 7:6-9- Dios muestra al pueblo que verdaderamente es por su gracia que los ha escogido.
“Porque tú eres pueblo santo para Jehová tu Dios; Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra.
No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos;
Sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de faraón rey de Egipto.
Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones”.
Es interesante lo que dice este último texto, Dios es Fiel, Él es Verdadero y Fiel y *****ple con su palabra.

MI REDENTOR ES VERDADERO Y FIEL,
TODO LO QUE ÉL HA DICHO LO HARÁ;
Y CADA DÍA SU MISERICORDIA ESTÁ,
MI REDENTOR ES VERDADERO Y FIEL…

Y EN CADA SITUACIÓN,
ÉL MOSTRÓ SU AMOR POR MÍ;
CUANDO EL ENTENDIMIENTO FALTA,
AUMENTA SU GRACIA EN MÍ…

Es necesario ver que el que testifica que Israel –y por extensión nosotros, su iglesia- es pueblo es Dios mismo, vemos este en Deuteronomio 27: 18-19, nótese que al final del versículo 19 se encuentra el objetivo de Dios para con su pueblo -¡¡¡RECIBÁMOSLO PARA NOSOTROS!!!-
“Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su exclusiva posesión, como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos;
a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho”.
Somos de su exclusiva posesión él ha pagado el precio, en otras palabras lo que Dios está diciendo es. Pueblo mío eres tú, porque yo te compre para mí.
Como dije antes, mucho podemos seguir hablando de su gracia, y no nos alcanzaría el tiempo, sólo debemos entender que su fuerza y su gracia son grandes en nuestra vida; y en medio de nuestra debilidad su poder se perfecciona en nosotros, como dice Pablo en su Segunda Epístola a los Corintios 12:9-10.
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.
Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.

COSAS PUEDO HACER EN CRISTO Y SU PODER,
PERO YO ME PREGUNTE SI EN MÍ LO HARÁ;
LO MÍO DEJARÉ SU GLORIA MOSTRARÉ,
AÚN EN LO DEBIL ESTARÁ PARA AYUDAR…

SU FUERZA ES GRANDE CUANDO EN MÍ NO HAY,
ÉL ME LEVANTA SI YA NO PUEDO MÁS;
EN SU PODER LO DEBIL FUERTE ES,
SU FUERZA ES GRANDE, SU FUERZA ES GRANDE…

PODEMOS SABER DEL PODER QUE EN ÉL HAY,
SÍ DE VERDAD QUEREMOS VER LO DEBIL IR;
SU FUERZA EMPEZARÁ CUANDO EN TI NO HALLA MÁS,
ÉL OYE NUESTRO LLORAR Y PRUEBA OTRA VEZ…

SU GRACIA ES GRANDE CUANDO EN MÍ NO HAY,
ÉL ME LEVANTA SI YA NO PUEDO MÁS;
EN SU PODER LO DEBIL FUERTE ES,
SU GRACIA ES GRANDE, SU GRACIA ES GRANDE…


Ir y llevar fruto.

Y esta gracia produce un efecto, y es que nos hace fructificar, es imposible que aquel que ha sido alcanzado por la gracia de Dios y que está haya trabajo en él tenga una vida infructífera.
Incluso Pablo al escribirle su Segunda Epístola Timoteo 2:1 le dice esto mismo, que debe esforzarse en la gracia.
Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.
El signo en la vida de un hijo de Dios es el fruto, y fruto en cada rea de la vida, como miembro del cuerpo de Cristo, pero así también como individuo, porque Dios quiere que seamos individuos plenos en todo, que lleguemos a realizarnos y alcancemos el máximo de nuestro potencial en Él, porque es como dice nuestro texto clave: “para que vayáis y llevéis fruto”.
Y lo que dice aquí es muy interesante, pues en primer lugar nos habla de ir, de activar en el sentido que él nos está hablando, de prepararnos, de dejar la teoría y pasar a la práctica; es necesario que nos movamos en el sentido de la palabra de Dios, así como David corrió a la línea de batalla, el activo en fe basándose en lo que Dios le había dicho y fue, asé también nosotros tenemos que ir hacia aquello que Dios nos ha dado.
Y como venimos diciendo la gracia que fue manifestada y revelada a nosotros; obrara en nuestras vidas y nos hará fructíferos.
No es cuestión de esperar que Dios haga todo, no es así.
Dios ha de hacer su parte, pero nosotros también tenemos que hacer la nuestra, muchos creen que gracia es sinónimo de ociosidad, de no hacer nada de carencia de obligaciones, compromisos y responsabilidades, pero lamento informar que no es así, sino todo lo contrario.
La gracia trabaja en nosotros, y esto nos lleva a nosotros a trabajar y a prepararnos, de tal forma que la gracia nos lleva a no estar ociosos sino activos, tomando compromisos, obligaciones y responsabilidades.
Y esto nos lleva a dar frutos.
Es de destacar que la Biblia habla del fruto.
En la Epístola de Pablo a los Gálatas 5:22-23, se encuentra el pasaje que habla de los frutos del Espíritu, y si notamos bien cada uno de estos frutos no son solamente para nuestra vida dentro de la iglesia, sino que estos frutos abarcan cada una de las áreas de nuestra vida; y el mayor de todos y que rige a los demás es el amor.
“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
Mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”.
Pero ¿en qué áreas debemos dejar que la gracia de Dios trabaje y de frutos? Como dijimos en toda y cada una.
Recordemos lo que dice el apóstol Juan en su Tercera Epístola versículo 2: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”.
Vemos aquí como lo que ocurre en nuestro interior repercute en todas las demás áreas de nuestra vida, de aquí desprendemos que la prosperidad es más que un concepto aplicable a la economía, es un estilo de vida en el que debemos vivir, y en cual Dios quiere que entremos. Tal como paso con el pueblo de Israel al entrar a la tierra prometida.
Durante todos los años en que anduvieron peregrinando en el desierto Israel vivió de maná –que simboliza la providencia de Dios día a día- ya que no podía sembrar ni cosechar, y durante cuarenta años esto fue la fuente de alimentación.
Pero sucedió que cuando llegaron a la tierra que Dios les había prometido, al otro día que comieron del fruto de la tierra, dice la Biblia, que el maná cesó porque habían entrado en la prosperidad de Dios. Entraron en la tierra que era parte de la promesa de Dios, una tierra rica y bendecida porque era parte del plan de Dios para ellos.
En esta tierra el pueblo vendría a dar fruto, porque Dios los introducía para eso, para que den frutos.
Y esto es importante que sepamos, Dios nos introduce en lo nuevo para que demos frutos, el quiere que hagamos producir el lugar que él nos da, es por eso que ha puesto en nosotros su gracia, para que llevemos frutos.
Es necesario que como hijos de Dios, como su iglesia, pueblo santo y real sacerdocio entendamos que le nos ha llamado no para que tengamos manos vacías sino que demos fruto, Dios quiere que abundemos más y más en frutos.
Veamos lo que dice el Salmo 1:3.
“Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto a su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace prosperará”.
El fruto determina el tipo de árbol que somos, es la regla bíblica que Jesús instituyo para probar la naturaleza de las personas: “Por sus frutos los conoceréis”. Porque el árbol se prueba y queda de manifiesto por el fruto que produce.
Dios quiere que nosotros seamos arboles de justicia, su plantío que demos un fruto dulce, agradable y perfecto como el lo dice en su palabra.
Pero con anterioridad habíamos dejado una pregunta sin contestar ¿En qué áreas debemos llevar fruto?
a) En lo espiritual.
b) En lo ministerial.
c) En lo personal.
d) En lo profesional.
e) En lo ocupacional.
f) En lo laboral.
g) En los estudios.
h) En lo familiar.
i) En lo afectivo y emocional.
En cada una de estar áreas debemos llevar y dar frutos, porque ese es el plan de Dios para cada una de nuestras vidas.
No se puede dar fruto en una y en la otra no, porque esto produciría un desequilibrio que afectaría a todo lo demás.
Como dijimos antes Dios quiere que seamos prosperados en todas la áreas de nuestra vida, comenzando en nuestra alma para luego abarcar las demás.
Dios lo creo todo con un propósito, nada lo creo en vano. Esto algo que se aplica a nosotros como hijos de Dios, tenemos un destino que el trazó para nosotros; nos ha llamado A QUE LLEVEMOS FRUTOS, a que nuestra vida sea plena en todos los sentidos y áreas.
Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.
Isaías 45:18.
En definitiva podemos decir que la vida del hijo de Dios esta signada por ser una vida fructífera.
En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
Juan 15:8.
Hasta aquí hemos hablado de cómo la gracia trabaja en nosotros y esta nos lleva a dar frutos, pero ¿cómo hacemos para que una vez que damos frutos éste permanezca?


¿Cómo hacer que el fruto permanezca?

¿Cómo hacer para que el fruto permanezca? En primer lugar en cada área de nuestra vida, luego en el ministerio y en la iglesia.
Esa es la pregunta del millón ¿no es cierto? Porque muchas vemos que alcanzamos metas y objetivos, pero luego no los podemos mantener.
Y vemos como meses de preparación, planeación y esfuerzo parecen pasar sin que nada ocurra.
Y nos preguntamos ¿qué pasa? ¿Por qué no vemos el resultado de nuestra labor? ¿Por qué nuestro trabajo es vano? Y esto en cada área de nuestra vida, ministerio e iglesia.
Bueno tenemos que saber que es necesario replantearnos nuestra forma de trabajo, tenemos que pasar tiempo con el Señor para que sea el quien nos de las estrategias a seguir, y el plan organizado de trabajo.
Dios nos ha llamado para que seamos productivos y fructíferos, y que el fruto que damos permanezca.
El no quiere que nuestro trabajo sea en vano como dice en Isaías 65:21-23.
Edificarán casas, y morarán en ellas; plantarán viñas, y comerán el fruto de ellas.
No edificarán para que otro habite, ni plantarán para que otro coma; porque según los días de los arboles serán los días de mi pueblo, y mis escogidos disfrutan de la obra de sus manos.
No trabajarán en vano, ni darán a luz para maldición; porque son linaje de los benditos de Jehová, y sus descendientes con ellos.
Esa es la meta de todo hijo de Dios.
Al estar unido a la Vid Verdadera –que es Cristo- nosotros tenemos que ser fructíferos como Él es.
Pero para dar frutos debemos ser limpios, debemos ser libres de todo aquello que nos impida que demos frutos.
Esto implica un cambio de mentalidad, un cambio de identidad un cambio de espíritu.
Si lo vemos bien todo el capítulo 15 del Evangelio según San Juan nos habla de esto, pues nos muestra como Dios, el Labrador y dueño de la viña la cuida, y trabaja con los pámpanos –nosotros- para que estos sean fructíferos.
Un labrador debe quitar toda hoja y rama que este seca y marchita a fin de permitir que el pámpano tenga toda la fuerza para poder crecer y desarrollarse.
Además, debe cuidar a la viña de toda maleza, alimaña e insecto dañino que pueda dañarla.
Él nos ha llamado a dar fruto y que este permanezca.
El no quiere que seamos fracasados, amargados por aquellas cosas que no pudimos alcanzar, el quiere que tengamos vidas plenas y completas en Él.
Ese es el plan de Dios para cada una de nuestras vidas.
En nos escogió y llamo con ese fin, con ese propósito, el no quiere que lloremos por todo lo que tenía planeado y no alcanzamos, el quiere que alcancemos todo lo que el ha planeado para nosotros, pero para esto debemos prepararnos, debemos ir en el sentido de su Palabra, debemos estar en sintonía con él.
Si vemos bien Dios tenía un plan y un propósito con David, pero luego de que fue ungido –a esto llamaremos el tiempo de la promesa- empezó el período de la preparación, pues empezó a involucrar a David en la vida del palacio, incluso el tiempo de la persecución fue parte del proceso de preparación de Dios para con él.
Es que Dios trabaja con nuestras vidas para que podamos alcanzar lo grande y llevemos mucho fruto y que este permanezca.
Luego del período de la preparación, luego de que Dios se encargo de trabajar y moldear a David, recién llega el tiempo del *****plimiento de la palabra.
Si notamos bien, este es un proceso que se repite en todos los hombres y mujeres llamados por Dios, tenemos como ejemplo a Abraham, a José.
Como dijimos hay tres escalones:
El tiempo de la promesa: Cuando Dios habla, suelta palabra sobre nosotros, la promesa de algo grande, palabra profética, no te podes mover, no podes hacer nada sino hay palabra de Dios. Necesitamos que Dios hable, dirija y confirme.
Tiempo de la preparación: espiritual, moral, anímica y emocionalmente. En el cual Dios trata con nosotros y nos prepara, nos moldea y da forma.
Dios trabaja con nosotros. Quebrantamiento, humildad, sumisión, arrepentimiento, avivamiento.
Estemos preparados para soñar. Dios nos pide todo; ese el precio de soñar grandes sueños de fe, es el precio de tener metas para con Dios, esto es la preparación.
Hay que tomar la visión. Debemos entrar en la preparación. El dolor, la prueba, la aflicción, la persecución son parte de este proceso.
La unción no sostiene el carácter, el carácter sostiene la unción(Ej. David).
La iglesia debe prepararse porque viene algo muy grande.
Todo lleva su fruto. Todo redundará en fruto de bendición. Se verá el fruto de la labor.
El espíritu de miseria se combate dando con gozo.
Seremos tierra deseable, la iglesia será levantada por Dios.
Es un nuevo tiempo, debemos sacar los pensamientos del pasado de nuestro corazón.
Mi boca se llenará de risa, cosecharemos con gozo y risa, el que lo oiga se reirá conmigo. Lo que Dios nos da no puede ser improductivo, Dios lo hace producir.
El pueblo de Israel hizo pacto con Moisés, Aaron y María se quisieron revelar y no les fue bien. Frutos eso es lo importante, el fruto; por el se conoce. Hay que buscar los frutos.
Hay que ver los frutos.
Cuidado con los aduladores que quieren sacarnos, dañarnos y destruirnos. No escuche ninguna voz que no sea la del pastor.
Es necesario entregar a Dios aquello que es representativo, aquello que moviliza algo en nosotros.
“Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y el respondió: Heme aquí.
Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.
Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.
Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos.
Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros.
Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y é tomó en su mano el fuego y el cuchillo y fueron ambos juntos.
Entonces habló Isaac a Abraham su padre, y dijo: Padre mío. Y respondió: Heme aquí, mi hijo. Y el dijo: He aquí el fuego y la leña; más ¿dónde está el cordero para el holocausto?
Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos”.
Gn. 22:1-8.
Isaac tenía entre 18 y 20 años cuando Dios se lo pide a Abraham que se lo de en sacrificio; se cree que Isaac se subió sólo al altar y se dejo atar; fue voluntario, fue un pacto verdadero. Dios trabaja en nosotros, trata en nuestra vida.
Dios le pidió a Abraham que hiciera algo que era una locura, algo que era muy duro, le pidió que le diera a su único hijo.
Y lo llevó tres días de camino para que Abraham meditará bien lo que iba a hacer, para que no fuera por mero impulso, sino algo que saliera de verdad de él.
¿Qué cosa habrá pasado por la mente de Abraham cuando vio el lugar de lejos luego de tres interminables días de camino?
¿Se imaginan lo que sintió Abraham cuando puso la leña sobre Isaac, leña que él sabía que era para quemar a su hijo?
¿Y cuándo tomó el fuego y el cuchillo que habrá experimentado? Porque él sabía que con ese cuchillo mataría a su hijo y con ese fuego lo quemaría en ofrenda a Dios.
Y Abraham actúo en fe, siendo obediente aunque su corazón le dijera otra cosa.
Y cuando el estuvo dispuesto a darle a Dios el máximo sacrifico esto produjo un resultado en los cielos, y el fruto de dicha siembra fue enorme.
“Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña.
Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.
Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y el respondió: Heme aquí.
Y dijo: No extiendas tus manos sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.
Entonces alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo.
Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá –Heb. Jehová-jireh- Por tanto se dice hoy: En el monte de Jehová será provisto.
Y llamó el ángel de Jehová a Abraham segunda vez desde el cielo,
Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único hijo;
De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de tus enemigos.
En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz”.
Génesis 22:9-18.
Dios nos está llamando a que entreguemos cosas en el altar para que el pueda darnos lo grande y permanente.
Pero nosotros elegimos ser como Abraham e Isaac que suben al monte, a la presencia de Dios, en el lugar del altar, de encuentros y ofrenda a Dios; o ser como los siervos que se quedaron con el burro en la planicie, en el valle, en el lugar donde toso es igual siempre y no se da ni se recibe nada.
Es muy interesante notar que el lugar en dónde se efectúan estos hechos, luego pasa a ser un sitio especial, pues se transforma en un hito, en un referencial de una verdad, así será nuestra vida cada evento que vivamos, cada momento de entrega hará que haya una señal, un hito que nos mostrará que Dios es fiel y *****ple, y que a pesar que nosotros no comprendamos el sigue teniendo el control de todo, pues el conoce el final de la historia.
Y todo es el resultado de la fe genuina, creativa, activa y productiva como veremos más adelante.
Cada una de las cosas y situaciones que vivimos nos ayudan a ser moldeados y preparados por Dios para poder alcanzar lo que el nos prometido y que ha preparado para nosotros.
Porque como dice la canción Sin fronteras: “El Dios de amor, trazó un camino para mí”.
Él traza nuestros caminos, debemos andar por lo caminos que el ha trazado para nosotros.
Dios nos ha llamado a alcanzar y conquistar los lugares más altos, esos que parecen imposibles.
Dios es el Buen y Fiel Alfarero; es el Maestro Perfumista.
Vuelvo a decirlo, Dios nos ha escogido y llamado para demos mucho fruto en cada área de nuestra vida, y que este fruto permanezca.
Tenemos que orar, y añadir a nuestra oración la acción, esa formula es infalible –ORACIÓN + ACCIÓN- oro y luego hago.
Porque –y sépase discernir y entender lo que quiero decir con esto, no sea cosa que luego se me acuse de hereje- la oración sola no sirve, porque yo puedo pasarme las 24 horas del día orando, pero si luego de hacerlo no voy no sirve de nada, le doy un ejemplo: no sirve que yo me la pase orando por un trabajo, si cuando llega el lunes por la mañana no me levanto y voy a buscarlo. Por más que oré y ayune no va a pasar nada, o si tengo un examen y me la paso orando y no estudio, no voy a poder rendir por más que ore porque no estudie, con esto quiero demostrar que nuestra oración debe estar acompañada por la acción, porque la oración, lo mismo que la fe sin obras- sin la acción- está muerta.
La oración sirve para preparar la tierra –esto es limpiarla, desmalezarla dar vuelta los terrones para que se aire y abonarla- pero luego viene la otra etapa; la de la siembra, en la cual debo sembrar la semilla que en definitiva dará el fruto que estoy esperando, después viene otro periodo de cuidado y dedicación a la semilla que ha sido sembrada y que se debe cultivar.
Esto es muy interesante, porque todo esto es un proceso que tiene periodos, a saber, preparación, siembra, cosecha.
Veamos lo que dice el libro del profeta Isaías 28:24-29.
El que ara para sembrar, ¿arará para todo el día? ¿Romperá y quebrará los terrones de la tierra?
Cuando ha igualado su superficie, ¿no derrama el eneldo, siembra el comino, pone el trigo en hileras, y la cebada en el lugar señalado, y la avena en su borde apropiado?
Porque su Dios le instruye, y le enseña lo recto;
Que el eneldo no se trilla con trillo, ni sobre el comino se pasa rueda de carreta; sino que con un palo se sacude el eneldo, y el comino con una vara.
El grano se trilla, pero no lo trillará para siempre, ni lo comprime con la rueda de su carreta, ni lo quebranta con los dientes de su trillo.
También este salió de Jehová de los ejércitos, para hacer maravilloso el consejo y engrandecer la sabiduría.
En este momento hay que saber que Dios ha prometido los cielos abiertos; y que el envía la lluvia temprana y la tardía.
“La tierra a la cual pasáis para tomarla es tierra de montes y de vegas, que bebe las aguas de la lluvia del cielo…
…yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, tu vino y tu aceite”.
Deuteronomio 11:11, 14.
“…y vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia tardía y temprana a la tierra”.
Oseas 6:3b.
“…porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio”.
Joel 2:23b.
“Pedid a Jehová lluvia en la estación tardía. Jehová hará relámpagos, y os dará lluvia abundante y hierba verde en el campo a cada uno”.
Zacarías 10:1.
Y aquí me quiero detener un momento, para explicar lo que es esto.
La economía de Israel era una economía que dependía esencialmente de la agricultura, y como tal necesitaba de la lluvia, ellos conocían dos períodos de lluvia:
a) La lluvia temprana, al inicio de la siembra que era la que ayuda a la semilla a germinar.
b) Y la lluvia tardía, casi antes de la cosecha, que ayuda a completar el crecimiento y maduración del fruto.
Si alguna de estas se retrasaba las cosechas de ese año se perdían y el país sufría hambre y miseria.
Dios no quiere esto para nosotros, el quiere darnos la lluvia a su tiempo.
Su palabra es como la lluvia, porque al descender sobre nuestras vidas nos transforma y nos hace producir.
Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra y pan al que come,
Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.
Isaías 55:10-11.
La palabra al entrar en contacto con nuestra vida produce un efecto, según este pasaje: riega nuestra vida, nos hace germinar y producir.
Como mencionamos la palabra produce un efecto en aquel que oye con fe y recibe, el efecto de esta palabra al que oye y recibe es la fe creativa y productiva.
Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.
Romanos 10:17.
Esta fe creativa y productiva tiene una característica muy especial tiene obras, esto quiere decir que actúa en base a lo que creer y espera, a lo que Dios le ha dicho, en una palabra moviéndose en el sentido de la palabra de Dios.
Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en si misma.
Pero alguno me dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.
Tú crees que Dios uno es; bien haces. También los demonios creen y tiemblan.
¿ Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?
¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?
¿No ves que la fe actuó juntamente con las obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?
Y se *****plió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia, y fue llamado amigo de Dios.
Vosotros veis, pues, que le hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe.
Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?
Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.
Santiago 2:17-26.
Podemos decir que este pasaje a causado muchos dolores de cabeza para algunos, y a generado ciertos malos entendidos, pues a primera vista parece estar negando la gracia y la justificación por la fe, de hecho muchos romanistas y legalistas se apoyan en el –malinterpretándolo- para fomentar enseñanzas erróneas de que tenemos que hacer sacrificios y esas cosas para recibir algo de Dios y agradarle.
Este texto que parece tan controversial con Romanos, no es tal, porque lo que dice este texto simplemente es, que nuestra fe tiene que estar acompañada de la acción, yo creo, y en base a lo que creo hago, por ejemplo si se habla de que Dios provee y prospera, yo tengo que actuar en base a eso, pues, tengo que dar mis diezmos y mis ofrendas.
Pero veamos lo que la Biblia dice en Hebreos 11:8-12, 17-19, 31.
Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.
Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa;
Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.
Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido.
Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.
Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito,
Habiéndosele dicho: en Isaac te será llamada descendencia;
Pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir.
Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.
Vemos, entonces como la fe va acompañada de la acción.
Es importante que sepamos que no podemos vivir pro fe como un pretexto, ¿qué quiero decir con esto? Muy simple, hay muchos que usan el vivir por para justificar y excusarse de no hacer lo que tienen que hacer, por ejemplo aquellos que en vez de salir a buscar trabajo se esconden detrás de la oración, y están las veinticuatro horas del día orando –sépase interpretar lo que estoy queriendo decir- está bien orar, pero no es cuestión de encerrarse en un monasterio, no, eso no es vivir por fe.
Y créame cuando le diga que yo sé lo que esto, porque a mi me pasó, yo por mucho tiempo viví por fe como una excusa para justificar mi derrota, mi fracaso y mi desanimo.
Porque yo creía –erróneamente claro- que mientras más arruinado, desastroso, maltrecho y destruido estaba, más cerca de Dios estaba y que estaba viviendo por fe.
Tampoco es vivir por fe el hecho de depender o esperar la ayuda o el mantenimiento ajeno; si bien es cierto hay ministerios dentro de la iglesia que se encargan de ayudar a los que están en verdad necesitados, estos ministerios también tienen que motivas a la gente a salir de su necesidad y pasar a la siguiente etapa.
El vivir por fe no significa “vivir de arriba” o “vivir de arrimado”, es todo lo contrario el que vive por fe, es el que primero sale a buscar –luego de orar y pasar tiempo en la presencia de Dios- trabajo aunque la realidad y las noticias digan lo contrario, es aquel que ante la negativa de los demás cobra fuerzas en Dios y avanza, se prepara se capacita y va por más.
Porque como Pablo dice en su Primera Epístola a los Tesalonicenses 1:3, la fe trabaja, por eso el que tiene y vive por la fe verdadera trabaja, porque la fe verdadera es activa, por ende produce obras, y valga la redundancia, actúa.
Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo.
El que vive en la fe verdadera sabe esperar en Dios, y mientras lo hace actúa y se mueve en la dirección que la palabra le dice.
El labrador, para participar de los frutos debe trabajar primero.
2ª Timoteo 2:6.
Y esto es algo que también es ministrado por el apóstol Santiago en su epístola, en el capitulo 5:7.
Por tanto, hermanos, paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.
Debemos tener ese tipo de fe, y Dios enviará su lluvia sobre nuestras vidas.
DIOS MANDA LLUVIA, DERRAMA DE TU ESPÍRITU,
ENVÍA HOY TU FUEGO, SANA MIS HERIDAS;
RESTÁURAME, SEÑOR…

MANDA LA LLUVIA, EL ROCIO DE TU AMOR,
LLENANDO LAS VIDAS, DE LA TIERRA OH SEÑOR…
MANDA LA LLUVIA, EL ROCIO DE TU AMOR,
VISITA MI VIDA, CAMBIAME SEÑOR…

Pero sigamos, lo que sigue es la etapa de la cosecha, en la cual recojo el fruto de la siembra, y para este período debe estar preparado, pues tengo que tener listo lo graneros en donde guardar la cosecha; y también debo saber que este tiempo me tiene que permitir expandirme hacia lo que está adelante.
Y aquí quiero mostrarle algo, ya que la palabra hace mención al trigo, el vino y el aceite. Tres elementos muy importantes.
a) El trigo o grano, es la materia prima para la elaboración de la harina, con la cual se hace el pan, que en la antigüedad era la base de la alimentación. Para nosotros el pan es la palabra de vida, pero también representa a las almas que van a venir.
b) El vino, o mejor dicho el mosto, el primer jugo de la uva, sin fermentar, el mejor, lo que se la Biblia llama el vino nuevo; muy dulce, rico en azucares, con gran contenido calórico y energético. Dios quiere darnos gozo, ya que el gozo es nuestra fuerza, necesitamos de su fuerza y esta viene como resultado del gozo, así como el mosto brindaba una gran cantidad de energía, el gozo nos da energía para seguir. Tendremos gozo al sembrar y cosechar el fruto abundante.
c) El aceite. Era importante para el alumbrado, para alimento, para curar heridas, también se usaba para el uso ceremonial en el templo. Para nosotros representa la unción del Espíritu Santo.
Notemos bien que esto no es sólo para el área ministerial, sino que se aplica cada una de las otras áreas de nuestra vida también.
DIOS QUIERE DARNOS UNA GRAN COSECHA, TENEMOS QUE ESTAR LISTO PARA RECOGERLA EN LOS GRANEROS, PREPAREMOS LOS GRANEROS, DIOS NOS SORPRENDERA Y LLENARA DE FRUTOS Y COSECHA EN ABUNDANCIA.
YA TODAS NUESTRAS SEMILLAS,
HEMOS SEMBRADO;
Y REGANDO, REGANDO,
ESTAMOS ESPERANDO UNA GRAN COSECHA LEVANTAR…

COSECHAREMOS, COSECHAREMOS,
COSECHAREMOS SIN CESAR;
COSECHAREMOS, COSECHAREMOS,
Y UNA GRAN BENDICIÓN DE DIOS HABRÁ…

Pero nosotros debemos saber que hacer con la cosecha, porque sino corremos peligro de perder el fruto de nuestro trabajo, como dice el apóstol Juan en su Segunda Epístola 8.
Mirad por vosotros mismos para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis galardón completo.


La condición para dar frutos.

Pero para que todo esto sea posible tenemos que ser el tipo de tierra adecuada, porque la semilla se ha de nutrir y depender de la tierra.
Cuando Jesús hablo de la parábola del sembrador, señalo puntos que nosotros no podemos ignorar si queremos dar frutos, ya que él se refirio al sembrador, a la semilla y a los tipos de tierra.
a) El sembrador. Es el Dios de amor, el pone en nuestra vida la semilla de su palabra, cada una de sus promesas, el deposita en nosotros sueños de gloria. Él busca corazones abiertos y sensibles a su voz.
b) La semilla. Jesús dijo que la semilla era la palabra de Dios que viene a nosotros; y al ser palabra de Dios siempre ha de ser buena nunca mala.
c) La que cayo junto al camino. Se refiere a la porción de semilla que se depicito junto al camino que las aves comieron y que fue pisoteada. Este hace referencia a quines oyen, pero no reciben; en palabras de Santiago 1:22-24, oídores olvidadizos.
Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, pero no hacer de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natrual.
Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era.
Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.
Podemos compararlo trambién con un lugar arcilloso, donde el agua de lluvia cae, pero los terones son tan compactos e impermeables que no dejan pasar el agua, y la tierra se anega formando pantanos y lagunas en donde no se puede sembrar nada.
d) La que cayo entre piedras. Hace referencia a quienes escuchan la palabra e incluso la reciben, pero ésta no tiene raíces, son aquellos que buscan resultados instantaneos, no permiten que la palabra trabaje en ellos, quieren ver el *****plimiento, pero lo quieren todo ahora.
e) La que cayo entre espinos. Su corazón está ocupado por otras cosas, y al llegar la palabra esas otras cosas la ahogan y no pueden dar frutos.
f) La que cayo en buena tierra y dio fruto a treinta, a sesenta y a ciento por uno. Los que reciben la palabra y la dejan actuar en su corazón, aquellos que se han preparado para recibirla, y aún más ha pasado por el tiempo de preparación, y luego de este alcanzan lo que deseaban, llevaron frutos y este permaneció.
Es interesante destacar que aunque la semilla sea buena, el resultado depende del tipo de tierra en que se siembre, ya que de ella la semilla se ha de nutrir extrayendo aquellos minerales esenciales para su desarrollo y crecimiento
Dios quiere que crezcamos y nos desarrollemos.
Esto implica un proceso. Un proceso de desarrollo y crecimiento.
Si aplicamos la definición desde el punto de vista de la anatomía y fisiología podemos decir que:
Crecimiento: Desarrollo del ser vivo, que comprende, en el caso del hombre, el desarrollo somático y psíquico. No es un proceso uniforme, sino que en determinadas épocas lleva un curso más acelerado que en otras.
Aumento fisiológico de la suma de la masa especifica de todo ser humano. Aumento de la cantidad de las células.
Desarrollo: Serie de cambios que experimenta el ser vivo desde su generación hasta su madurez, como el desarrollo embrionario u ontogénico, por el cual el cigoto se transforma en feto, o el desarrollo fetal, proceso de crecimiento y diferenciación que termina con el nacimiento.maduración o evolución, perfeccionamiento estructural.
Pasar de una etapa de menor complejidad a otra de mayor. En el caso del ministerio de arte es madurar alcanzando las metas y objetivos propuestos.
La vid, por ejemplo, cuando un lugar es muy húmedo, las uvas son grandes, pero no sirven para producir un buen vino, pues el contenido de agua aumenta y diluye en azúcar, en cambio cuando el lugar es un poco más seco, las uvas son más pequeñas, porque el contenido de agua es menor, pero a su vez son más dulces pues se concentra el azúcar.
Y en nuestro caso puede decirse que la palabra de Dios viene, pero ella se ha de nutrir con lo que hay en nuestra vida ¿qué tipo de tierra somos? El resultado dependerá de la respuesta de cada uno de nosotros a esta pregunta.
Para poder dar frutos tenemos que estar limpios de todo.
Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador.
Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.
Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.
Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego; y arden.
Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.
Juan 15:1-8.
Muchas cosas podemos sacar de este pasaje, cosas que nos ayudaran a dar fruto.
En primer lugar vemos que somos totalmente dependientes de Él, él, no es parte de nosotros, sino que nosotros somos parte de él, hemos sido injertados en Jesús, y Dios limpia nuestra vida por medio de su palabra, y esto hace que llevemos frutos.
Debemos ser limpio de todo aquello que impida nuestro crecimiento, debemos buscar tener convicción de pecado, dejar atrás lo viejo, despojarnos de todo peor y del pecado que nos asedia.
Si queremos ver fruto tenemos que volver a Dios arrepentirnos genuinamente de todo y dejar de lado todo lo que nos frenaba.
Para que un arrepentimiento sea genuino debe dar frutos, de lo contrario no sirve, y este verdadero arrepentimiento produce un efecto: la restauración y el avivamiento. Como lo vemos en el Evangelio según san Mateo 3:8, 10, y en Hechos de los Apóstoles 3:19.
Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento…
Y ya el hacha está puesta a la raíz de los árboles; por tanto todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego.
Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio.
Otro punto importante es que debemos permanecer, ser constante, tener longanimidad, o sea largura de animo, perseverar, como dice la escritura: El que persevera hasta el fin, ese será salvo.
Tenemos que entender que no somos autosuficientes, somos dependientes de Dios.
Es peligroso no permanecer, pues si no lo hacemos seremos separados de la vid.
El hecho de permanecer trae un resultado, el fruto, trae como consecuencia el *****plimiento de la palabra de Dios y que nuestras oraciones sean contestadas.
Es necesario saber que para que la semilla lleve fruto debe ser sembrada y estar enterrada; y allí debe morir, abrirse para nazca la raíz y el pequeño tallo que dará lugar a la planta, luego viene todo el periodo del crecimiento, hasta que llega el tiempo en que sale a la superficie y continua creciendo y desarrollarse, hasta el momento en que da fruto.
Si queremos dar frutos, debemos morir a nosotros mismos; de lo contrario jamás daremos frutos en nuestra vida.
El ejemplo supremo de siembra es Jesús, ya que el se dejo echar en tierra y murió, y de esa siembra se produjo una gran cosecha y fruto abundante, que aún lo podemos seguir viendo, y cuya manifestación final será en su Reino.
Este no es un proceso fácil ni sencillo, es muchas veces, duro y cuesta, pero el resultado es satisfactorio, es como lo que le paso a Abraham, cuando Dios le ordenó sacrificar a Isaac.
De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.
El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.
Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.
Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora.
Evangelio según san Juan 12: 24-27.
Y SI VIVIMOS PARA ÉL VIVIMOS,
Y SI MORIMOS PARA ÉL MORIMOS;
SEA QUE VIVAMOS O QUE MURAMOS,
SOMOS DEL SEÑOR…
SOMOS DEL SEÑOR…

Y SI EL GRANO DE TRIGO NO MUERE,
Y SI NO MUERE SOLO QUEDARÁ;
PÈRO SI MUERE EN ABUNDANCIA DARÁ;
UN FRUTO ETERNO QUE NO MORIRÁ…

HAY QUE MORIR PARA VIVIR,
ENTRE TUS MANOS PONGO MI VIVIR…

También debemos contar con raíces firmes y profundas, porque estas, además de dar sostén, son las encargadas de suministrar los nutrientes, minerales y el agua.
Dios quiere darnos raíces fuertes, firmes y profundas.
Como le dijo al rey Ezequías por medio del profeta Isaías:
Y lo que hubiere quedado de la casa de Judá y lo que hubiere escapado, volverá a echar raíz abajo, y dará fruto arriba.
Isaías 37:31.
Este texto nos marca una realidad, para poder dar frutos tenemos que tener raíces.
Una condición fundamental para poder echar raíces y llevar fruto, es poner toda nuestra fe y confianza pura y exclusivamente en Dios, veamos lo al respecto dice Jeremías 17:5-8, que a mi entender es el pasaje compañero y complementario del Salmo 1 y del 92: 12-14.
Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confían en el hombre, y pone fuerza por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.
Será como la retama en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada.
Bendito el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.
Porque será como el árbol plantado junto a las corrientes de las aguas, que junto a las corrientes echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará ni dejará de dar fruto.
Dios quiere que seamos como la palmera, que no empieza a crecer hasta no haber crecido y desarrollado en raíz, pues debe alcanzar con ellas un tamaño equivalente a cinco veces el que tendrá en su tronco, y esto lo hace para tener firmeza y sostén y para llegar a las napas más profundas de agua.
El justo florecerá como la palmera;
Crecerá como cedro en el Líbano.
Plantados en la casa de Jehová,
En los atrios de nuestro Dios florecerán.
Aun en la vejez fructificarán;
Estarán vigorosos y verdes.
Salmo 92:12-14.
Y si hacemos todo esto llevaremos fruto, pero no un poco, sino mucho fruto, ya que este es el plan de Dios para nosotros, pero también dice que este será motivo para que Dios sea glorificado, y al llevar mucho fruto seremos sus discípulos, porque el hijo de Dios tiene una vida productiva, prospera y fructífera y todo lo que hace prospera, así como prospera su alma.
Creo que más no se puede agregar, porque todo está dicho y hecho, sólo tenemos que tomar la decisión de llevar mucho fruto.
El plan de una vida fructífera, productiva y prospera está en la mente de Dios, nosotros tenemos que entrar en sintonía con él y dejar que trabaje en nosotros para alcanzar aquellas cosas que él ya preparó de antemano para cada una de nuestras vidas.

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