Las hermanas huérfanas


Autor:
Eva María Rodríguez

Edades:
A partir de 4 años

Valores:
respeto por los animales

Lola y Paty eran dos hermanas huérfanas que vivían en casa de una anciana en medio del bosque. A cambio de limpiarle la casa, la anciana les dejaba dormir en su jardín, donde las niñas se habían construido una casita en un árbol para pasar allí la noche.

– Por las noche no quiero veros por aquí. Pase lo que pase, jamás entréis una vez que el sol se haya ocultado u os arrepentiréis -les decía la anciana todos los días.

Las niñas no entendían por qué la anciana no les dejaba pasar la noche en el granero o en el establo de la casa, pero no hacían preguntas para no parecer maleducadas o desagradecidas.

Un día, desde su casa del árbol, oyeron unos extraños ruidos.

– Parece que vienen de la casa de la anciana -dijo Lola. Deberíamos ir a ver si le ha pasado algo.
– No podemos. Recuerda que nos ha prohibido entrar por ahí la noche -dijo Paty.
– Pero, ¿y si le pasa algo? Podría estar en peligro -insistió Lola.
– No creo. Eso se parecía más un gruñido de cerdo que a otra cosa -dijo Paty, riendo con todas sus ganas.

De modo que las niñas continuaron durmiendo. A la noche siguiente, las hermanas volvieron a oír sonidos muy raros que salían de la casa de la anciana. Y la noche siguiente otra vez, y a la siguiente otra vez, y así durante días.

Después de varias semanas, las niñas empezaron a sospechar que algo raro estaba pasando.

– Subamos al tejado de nuestra casita. A lo mejor desde aquí arriba podemos ver qué sucede -dijo Lola. Y así lo hicieron.

Para su sorpresa, vieron a través de la ventana de la casa de abajo cómo la anciana tenía muchos animales encerrados en jaulas o atados con cadenas sin comida y sin bebida.

– ¡Madre mía! ¡Tenemos que hacer algo! -dijo Lola-. Por la mañana, tú distraerás a la anciana y yo iré a esa habitación a liberar a esos animales.

Pero por la mañana Lola no encontró ni rastro de los animales ni de las jaulas.

– ¿Qué hacemos ahora? -dijo Lola -. Lo mejor será que nos vayamos de aquí cuanto antes.
– Pero no podemos abandonar a esos pobres animalitos -dijo Paty-. Ya sé. Tengo una idea.

Por la noche, las hermanas hicieron una hoguera fuera de la casa, se disfrazaron de fantasmas y se colgaron desde su casa del árbol usando unos arneses que fabricaron ellas mismas. Haciendo un gran ruido, llamaron la atención de la anciana, que salió muy enfadada a ver qué estaba sucediendo. Cuando vio a los espectros en el aire se quedó paralizada de miedo.

– ¡Uuuuhhh! ¡Somos los espíritus de los animales a los que has maltratado! ¡Acabaremos contigo si no sueltas a nuestros hermanos!
– ¡No me hagáis daño! Haré lo que queráis. Soltaré a esos animales -dijo la anciana-. Soy una bruja vieja y solo quería recuperar mis poderes. Pero me iré de aquí y jamás volveréis a saber de mí. ¡Lo juro!

Cuando la anciana se fue corriendo, Lola y Paty convirtieron la casa de la señora en un refugio de animales abandonados, y siguieron viviendo en su preciosa casa del árbol.

De la anciana bruja poco se sabe, aunque corren rumores de que se fue tan atemorizada que nunca más ha vuelto a tratar mal a ningún animal.

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