Las aventuras de Palomina Volandera


Autor:
Eva María Rodríguez

Edades:
A partir de 4 años

Valores:
valentía, gratitud

Palomina Volandera era una paloma mensajera que no tenía a quien servir, pues estaba sola en el mundo. Como no tenía amigos ni parientes, Palomina Volandera se pasaba el día llorando por su mala suerte.

-Triste de mí, no sirvo para nada -lloraba Palomina Volandera a todas horas.

-Vete a conocer mundo -le dijo una lagartija que vivía por allí-. Tal vez encuentres a otros como tú o alguna persona te adopte para que le ayudes.

-Tienes razón, lagartija -le dijo Palomina Volandera-. No tengo nada que perder.

El primer día de su viaje, Palomina decidió pasar la noche en el hueco de un árbol que encontró en medio del bosque. Desde allí, Palomina Volandera vio que un poyuelo había caído de un nido y que una serpiente le acechaba.

Sin pensárselo dos veces, Palomina Volandera bajó volando, cogió una piedrecita con sus patas y la dejó caer sobre la cabeza de la serpiente. La serpiente se asustó mucho y se fue por donde había venido.

-Gracias. Justo a tiempo -dijo la mamá del poyuelo, que llegaba en ese momento-. Eres una gran paloma.

-No hay de qué – respondió Palomina Volandera-. Ahora será mejor que me vaya a dormir.

-Ven a nuestro nido -le dijo la mamá del poyuelo-. Hay sitio para todos y es más seguro. Ese hueco no es seguro.

Palomina Volandera pasó la noche con sus nuevos amigos. A la mañana siguiente se despidió y siguió su viaje. Llegó a un pajar que parecía abandonado.

-Un lugar perfecto para pasar la noche -pensó Palomina Volandera.

Justo en ese momento, Palomina Volandera vio a un ciempiés que había caído en un charco y luchaba por salir.

-Aguanta, que voy a ayudarte -le dijo Palomina Volandera.

Palomina Volandera cogió una ramita con su pico y se lo tendió al ciempiés.

-No voy a ir contigo -djio el ciempiés-. Seguro que quieres cenarme.

-No digas bobadas, sube -dijo Palomina Volandera-. Si quisiera comerte me metería en el charco.

El ciempiés pensó que con la ramita al menos tenía una oportunidad, y la usó para salir.

-Gracias -dijo el ciempiés.

-De nada -respondió Palomina Volandera-. Me voy a descansar a aquel pajar.

Palomina Volandera fue al pajar y se ocultó. Pero un cazador la vio y decidió acercarse.

-Esta noche cenamos paloma -dijo, acercándose cuidadosamente.

El ciempiés, que lo vio, decidió ayudar a su amiga. El ciempiés aprovechó justo el momento en que el cazador pasaba por su lado para subirse a su zapato. Mientras el cazador avanzaba, el ciempiés trepó y trepó.

El cazador apuntó y, justo cuando tenía a tiro a la paloma….

-¡Ay! -gritó el cazador, sacudiéndose la mano.

Palomina Volandera se despertó justo a tiempo para huir del cazador. El ciempiés salió volando y cayó sobre un montón de hierba seca.

Cuando el cazador se fue, Palomina Volandera regresó al pajar a comprobar que su amigo estaba bien.

-Estoy bien, gracias -dijo el ciempiés-.

-¿Por qué los has hecho? – preguntó Palomina Volandera.

-Te debía una -respondió el ciempiés.

Palomina Volandera pasó la noche con la familia del ciempiés que, agradecidos, le presentaron a todos sus amigos.

-Creo que me quedaré a vivir en este bosque -dijo Palomina Volandera.

Palomina Volandera encontró un lugar para vivir en el que podía ser útil y en el que no le faltarían los amigos. Porque cuando vas por la vida haciendo el bien recibes el bien de los demás.

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