LA VISION DE ISAIAS


Isaías 6: 1
Existen muchas ocasiones especiales en la vida de un creyente, y digo en la vida de un creyente porque en los no creyentes, son ínfimas las posibilidades de ellas. Aún cuando pudieran disfrutar de algunas, no las valoran como tal, pues el pecado dota de insensibilidad al ser humano a tal punto que no vemos relevantes cosas tales como el nacimiento de un bebé, un aniversario más de bodas, y así algunas por el estilo.
Para un siervo de Dios hay tres acontecimientos singulares que son recordados por toda la vida. El primero de ellos es la conversión al evangelio, ¿Qué otra cosa más importante podría tomar este lugar?, hablamos de ese día como el hito que marcó nuestro hablar, nuestro relacionarnos con los demás, nuestra mirada, nuestra actitud, nuestro destino eterno. Pongamos como segundo lugar el matrimonio y como tercero: el llamado de Dios.


Lo real en esto es que hablamos de ellos con tanta emoción que hasta le hemos llenado de misticismo en nuestros relatos. Hay algo muy interesante que hacemos cuando hablamos de cada uno de ellos. Siempre que contamos la historia, para hacerla más amena e impactante he observado que casi siempre la rodeamos pictóricamente del contexto adecuado. Si es de la conversión, nos aseguramos de que no falten las circunstancias buenas o malas que nos llevaron a Cristo. Si es de cuando conocimos a nuestra esposa, pues tampoco debe faltar el lugar en el cual se cruzaron esas miradas llenas de emoción y expectación, o si hablamos del llamado de Dios pues quizás hagamos referencia a nuestro estado espiritual en ese momento tan importante, lugar donde fue, hasta quizás hablemos del día, el mes o el año. En resumen, nos aseguramos por acotar o fechar en nuestra corta historia dicho acontecimiento, a través de las circunstancias- personas- cosas que le rodeaban.

El profeta Isaías en el capítulo seis de su libro nos dedica algunas líneas para contarnos uno de esos acontecimientos que consideramos tan relevantes en nosotros. Con una lectura rápida de este trozo bíblico nos percatamos como nos describe el llamado de Dios para su vida. Tal y como lo hacemos nosotros ubica dicho acontecimiento a través de una circunstancia muy especial y nos relata su reacción emocional y espiritual frente a tal situación tan significativa.

El primer versículo del capítulo dice: ¨ En el año en que murió el Rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo ¨ Is 6: 1.
El profeta introduce su especial relato- tal como lo haríamos nosotros- fechándolo con un acontecimiento histórico en su nación. Pero observemos como el profeta escoge, no un acontecimiento digno de alegría, satisfacción, gozo; era la muerte de un Rey. Nunca la muerte ha sido motivo de alegría y menos cuando es la de alguien que significa tanto como esta Rey para su pueblo. ¿No pudo Isaías introducirnos este relato tan significativo para él con algún otro hecho o circunstancia menos doloroso o dolorosa?, pudiera ser que para ese entonces no hubiese nada espacial con que fechar tan importante suceso, pero al menos podía dar una fecha y ¡Listo!, ya está.

La Biblia como palabra de Dios es exacta en toda su inspiración. Toda palabra ha sido inspirada aún cuando nos parezca irrelevante, todo cuanto está tiene un propósito para edificar el cuerpo de Cristo, y creemos que fue el Espíritu Santo quien colocó la muerte del Rey Uzías como el contexto adecuado para que Isaías nos cuente su interesante historia.
Nosotros coincidimos plenamente con el Espíritu de Dios en esta decisión. La muerte del Rey Uzías no había sido un acontecimiento tal como las demás muertes. Cuando alguien muere los más afectados siempre serán sus familiares y amigos más cercanos, pero casi nunca se extiende más allá de ellos hasta afectar toda una nación completa, a menos que fuere el caso de un Rey como este: El Rey Uzías.

Pues bien, ¿quien era entonces Uzías que mereció tal atención de Espíritu Santo Dios para elaborar esta porción de las escrituras?. (II R 15:1-7)(II Cr 26: 1-23 )
Uzías aceptó el gran desafío de convertirse Rey a los 16 años de edad. Tomó las riendas de un pueblo numeroso y cargados de expectativas elevadas acerca de lo que era ser Rey. Un pueblo como Judá aún no había olvidado a reyes como David y Salomón y esperaban con paciencia a que alguien de su estirpe que se levantará en la nación a regir con sabiduría y poder de Dios. La Biblia nos dice que reinó 50 años, fue medio siglo de bendición abundante tal y como la esperaban. En su liderazgo restituyó a su pueblo bendiciones arrebatadas por sus enemigos (II R 26: 2); se caracterizó por las victorias frente a sus enemigos, rompió los muros de las ciudades enemigas, tomó sus terrenos y edificó ciudades para su pueblo (II R 26: 6,11); su liderazgo podemos juzgarlo por proveer al pueblo de protección y seguridad en tiempos de paz ,también edificó torres en Jerusalén, en las principales puertas de la ciudad y en las esquinas del muro, fue un restaurador de la confianza del pueblo (II R 26: 9,11); su reinado se caracterizó por un crecimiento del PIB – producto interno bruto-, dice la Biblia que nada le faltaba al pueblo en alimentos pues el Rey era llamado ¨ amigo de la agricultura ¨ (II R 26:10) y para completar nuestra lista solo nos basta decir que su nación tenía una imagen favorable en el ámbito político, gozaba de prestigio total por el poderío militar que representaba (II R 26: 8,15). Me atrevo a asegurar que líder más integral que este no se tenía memoria en esos tiempos. En resumen en el prospero reinado de Uzías el pueblo gozaba de protección, confianza, prosperidad económica, su Rey era el orgullo nacional.

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¿Era entonces imprescindible resaltar la figura de Uzías dentro de la visión de Isaías?, creemos que si. La muerte de este Rey nos ubica en el contexto exacto del llamamiento del profeta, contexto en el que el pueblo –Isaías era parte de el- estaba inundado de aflicción, todas las esperanzas puestas en un hombre durante tantos años cayeron en un día, ya nadie podría augurar un futuro prospero y lleno de seguridad, pues el líder del poderosos aparato militar de la nación había muerto, ya nadie estaba seguro de disfrutar de abundancia de pan y vino pues el ¨ amigo de la agricultura ¨ estaba a tres metros bajo tierra, la figura que simbolizaba el poder de Judá entre las naciones, no estaba, los viejos temores de actos de terrorismo por parte de los filisteos comenzaban a resurgir en los ciudadanos.
En el año en que murió el Rey Uzías todo era desánimo, desesperanza, aflicción, vacío; pero es en ese año, en esas circunstancias que nos dice Isaías: ¨ vi yo al Señor¨.

Dios pudo haber llamado a Isaías meses atrás, quizás años. Pero no lo hizo, le prologó esta experiencia al profeta justo cuando más desconsolado estaba, Dios deja ver su gloria y majestad justo, cuando la aflicción también había embargado al profeta, justo cuando las reservas de esperanza de un mundo mejor se estaban agotando.

* Lo primero que nos gustaría decir es que aún cuando Dios se movía en el prospero ministerio de Uzías, también el se mueve y se muestra cuando los tinieblas hacen nuestro futuro algo impredecible. Dios está en la prosperidad y el dolor, en las victorias y el las derrotas, en las alegrías y en las tristezas de su pueblo. Jesús prometió estar con nosotros todos los días, en todos los lugares, en cualquier circunstancia con nosotros y hasta el fin del mundo (Mt 28:20), y si El lo dice, yo, lo creo. Dios se caracteriza por ser un Dios fiel. El apóstol Pablo nos dice: quien nos separa del amor de Dios, tribulación y angustia, o persecución, o hambre, o desnudez? (Ro 8:35). Decía el salmista; a donde me iré de tu Espíritu y donde huiré de tu presencia, si subiere a los cielos allí estas tu, si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí allí tu estas (Sal 139:7). Podemos contar con el apoyo incondicional de Dios, en cualquier circunstancia, dolor o prueba. ¡Que aliento es ver a Dios cuando la tristeza toca a la puerta!.

* El profeta ve a su Dios sentado en su trono alto y sublime.
Dios estaba sentado. Justo cuando cosas muy tristes en el pueblo de Dios estaban pasando, su Rey celestial estaba sentado, tranquilo, inconmovible. No podemos interpretar esto como una indiferencia de Dios, sino como la usual paz que caracteriza el lugar y la atmósfera donde Dios está, ¿y por que?
– Dios esta en control de todas las cosas, a Dios nada le toma de sorpresa, Dios no estaba parado frente a su silla de oro como quien esta sobresaltado porque algo imprevisto ha sucedido, cada acontecimiento de la historia o de tu vida ya estaba en la mente de Dios.
– Dios esta sentado en su trono invitándonos a tomar la misma dedición cuando tenemos pruebas. En momento como los que estaba viviendo el Pueblo de Judá e Isaías mismo, es muy difícil que nuestra naturaleza nos deje inmóviles, enseguida nos movemos, buscamos alternativas humanas, corremos de aquí para allá. La figura de Dios sentado en su trono nos invita sentarnos con El. Eso fue lo que quiso expresar Dios cuando inspiró a David diciendo: ¨ El Señor dijo a mi Señor: siéntate a mi diestra hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies¨ (Sal 110:1), resuena la misma idea por el salmista inspirado cuando dijo en nombre de Dios: estad quietos y conoced que yo soy Dios, seré exaltado entre las naciones, enaltecido seré entre los reinos¨ (Sal 46:10), ¡Que remedio para la ansiedad!, no creo haber encontrado nada mejor cuando estamos en necesidad.
– Pero la Biblia no solo nos informa que Dios estaba sentado en su trono, sino que este trono era alto y sublime. ¡ Cuanto bendición debió encontrar Isaías en esto!. El trono de Uzías llenó de bendiciones al pueblo de Judá, llenó de satisfacción a los moradores de Jerusalén, gozaban de paz y tranquilidad, pero ahora el profeta tiene la oportunidad de observar un inusual contraste, el trono de Isaías era de este mundo, el trono de Dios es alto y sublime. Lo que podría recibirse de Dios serías mucho más y eterno (trono alto), cosas grandes e inexplicables (trono sublime). Aún Dios no había hablado con Isaías y ya la interpretación de esta maravillosa visión había comenzado a cambiar el estado anímico del profeta.

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No me maravilla ver entonces a alguien quien estaba desanimado y triste decir con alegría frente al llamado del Dios vivo: ¡Heme aquí, envíame a mí!. Podemos estar sumidos en la depresión más feroz del mundo, en el sufrimiento más profundo, en el gemir más desconsolado; si Dios aparece en la escena: ¡todo cambia!, recibimos nuevas fuerzas, nuevo aliento, nos sentimos capaces, inspirados, completos.

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Las cosas de este mundo pasan, pero Dios permanece, líderes importantes, personas en las que hemos depositado nuestra confianza no terminan satisfaciendo nuestras expectativas o mueren en el intento, pero Dios, permanece como la opción que no nos defraudará jamás. Confiemos en la figura que ocupa el trono celestial. Hay tronos terrenales que han quedado vacíos y con ello, muchas de nuestra esperanzas han muerto, pero el trono de Dios esta ocupado, no esta vacío, el Rey de Reyes esta sentado, inconmovible, dándole triunfo a su pueblo, poniendo sus enemigos por estrado de sus pies a la Iglesia de Cristo. Alcemos nuestros ojos hacia el trono buscando en el descanso y la paz, miremos a Dios, pongamos nuestros ojos en el autor y consumador de nuestra fé, Jesucristo mismo.

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