La integridad: una reliquia perdida


Por Basilio Klimiszyn. Vivimos en una sociedad de valores cambiados, deteriorados y en algunos casos, perdidos. Los modelos de valores que se están presentando a las nuevas generaciones son relativos, endebles y faltos de parámetros concretos. Un hombre fiel es fiable, digno de confianza, comprometido con alguien o algo y que cumple sus compromisos.

Es lamentable que el mundo en que vivimos haya dejado de lado el conducirse de acuerdo a valores absolutos, pero mucho más lamentable es que la cristiandad en general, también se haya amoldado a subsistir en la mediocridad, con una peligrosa y deplorable adecuación al sistema, desconociendo los valores de Dios y Su Palabra.

Uno de los valores que escasea hoy en día es la INTEGRIDAD. Debemos reconocer que si no hay varones íntegros, los matrimonios, las familias y las iglesias, no dejarán de gravitar en un mundo confuso, careciendo desesperadamente de una base de vida con sentido. Pero…¿qué es la INTEGRIDAD, cómo ser varones íntegros? La integridad tiene que ver con entereza, probidad, honradez con algo que está completo, la integridad es calidad moral, sinónimo de ser incorrupto y libre de mancha.
En síntesis y en un español comprensible y sencillo, un varón íntegro es “de una sola pieza”. ¿Acaso no es éste el varón que Dios busca y la sociedad está esperando ver en el hombre cristiano?.
El rey David comprendió esto cuando después de pecar con Betsabé y en un profundo derrame y sinceramiento de su corazón ante Dios, dice en el Salmo 51:5…”He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría…” Al decir esto, subió un peldaño más en la comprensión del carácter de Dios, reconocía que Dios ama la verdad en lo íntimo allá donde está el profundo secreto del corazón allí donde nadie nos conoce (sino Dios), él supo que debía ser verdadero. No se trataba de palabras, no se trataba de aparentar, se trataba de “ser” lo que tenía que ser. Un varón íntegro y verdadero va a reflejar su carácter ser verdadero es parte de su esencia de ser. Varón: así te quiere y me quiere Dios. Es la única forma en que nuestra vida será fructífera y traerá gloria al nombre de Dios.

No sólo el hombre íntegro es verdadero ante Dios, en su esencia de ser no sólo va a manifestarse verdadero, sino que siempre va a decir la verdad. Esta actitud tiene que ver con otras personas. El verdadero dirá la verdad, lo que dice está en consonancia con lo que es.
Pablo lo expresa claramente en Efesios 4:25…”Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo…” Es notable que en este versículo el apóstol antepone al “hablar verdad”, una acción firme él dice: DESECHANDO LA MENTIRA. Desechar es rechazar, invalidar, desestimar, poner a un lado, anular la mentira. En la mente y los labios de un hombre íntegro y verdadero se habrá desechado la mentira no tiene cabida bajo ningún punto de vista. El varón verdadero le dice la verdad a su esposa, sus hijos, sus padres, sus jefes, sus empleados, sus compañeros, sus hermanos en la iglesia. Es la única manera en que reflejará el carácter de Cristo.

 El fiel se juega por una persona o una convicción incluso hasta costarle al vida. Cuando Job estaba atravesando su tremenda prueba, Satanás lo hirió con una sarna maligna desde la cabeza hasta los pies. Job tomaba un tiesto para rascarse sentado sobre ceniza. Su esposa, viendo su horrible sufrimiento y en un arrebato de desesperación, le dijo: “¿Aún retienes tu integridad? Maldice a Dios y muérete”. (Job 2:9). Pero Job no lo hizo así, fue fiel a Dios y aun a costa de su sufrimiento, no pecó contra Dios.

Las familias necesitan hombres de esa talla, el liderazgo eclesiástico debe tener estas características hombres y mujeres con ministerio en las iglesias deben ser fieles. Argentina necesita hombres fieles para que cada argentino crea que Jesucristo es el Señor. Dios está buscando hombres íntegros. Vivimos en tiempos en que los varones no podemos “rajarnos” sino ejercer nuestro papel protagónico.

Varón, este es el desafío, sé íntegro y vive en integridad. El secreto no es que nos esforcemos para lograrlo, sino rendirnos a la poderosa mano del alfarero para que El tome el barro de nuestra vida y lo haga como quiere. No en vano vive en nosotros el Espíritu Santo, y si lo dejamos actuar en cada una de las áreas de nuestra vida, quemará la escoria, nos purificará y la integridad de Dios y nuestros semejantes aflorará tan naturalmente como producto de lo que el Señor hace y El quiere que seamos.
“Integridad y rectitud me guarden, porque en Ti he esperado”. Salmo 25:21 Salmo 15

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