Hambre de Dios


Por Jesus Adrian Romero. Cada fin de semana nos encontramos en diferentes ciudades o países ministrando alabanza y adoración. Cada ciudad es una experiencia diferente. Así como las personas tenemos personalidad también la tienen las ciudades.

Hay ciudades hospitalarias y amigables. Hay otras que son indiferentes y poco amigables. Hay ciudades que les caracteriza el orgullo, a otras, algún tipo de maldad.
Hay ciudades a las que llegamos en las que sentimos inmediatamente algún tipo de lucha espiritual. En ocasiones he terminado el tiempo de adoración con un terrible dolor en el área de la cintura, al punto de cantar las últimas canciones inclinado o a veces sentado. Siempre que esto sucede sé que se trata de una lucha espiritual que se manifiesta en mi cuerpo.
Aparte de esto hay ciudades en las que el ambiente de adoración es increíble. En estos lugares no tengo que hacer mucho esfuerzo para dirigir a la gente en adoración, el pueblo adora, se postra, canta sin necesidad de motivación. En cambio hay otras ciudades en las que batallamos para encontrar el fluir.
En un par de ocasiones he tendido que terminar nuestra participación antes de tiempo porque definitivamente sentimos que la gente había asistido esa noche para ser entretenida, y no creemos que ese sea nuestro ministerio.
Hay otra característica que se nota más a nivel de las personas que a nivel ciudad y esto es: Hambre por Dios.
Regularmente en nuestro tiempo de adoración incluímos canciones de hambre por Dios como “Por un momento”. Esta es una canción que habla de un hambre por Dios que duele, que debilita, que desespera.
Es fácil encontrar en los conciertos a aquellos que tienen hambre por Dios. Normalmente se nota en sus rostros la desesperación y el hambre espiritual. Sus manos están levantadas, lágrimas corren por sus mejillas. Algunos de ellos se postran sin importar lo que esta pasando a su alrededor. A estas personas no les importa mucho quien esta arriba de la plataforma, ellos vinieron a adorar y a saciar su hambre por Dios. En cambio en medio de ese ambiente encontrarás a algunos totalmente apáticos. Parece como que si las palabras que estamos cantando fueran en un idioma que no entienden. De hecho después que salio el CD “Te daré lo mejor” Hubo un par de personas que enviaron correos electrónicos pidiendo que se les explicara la canción “Por un momento”porque no la entendían.
Creo saber por qué unos entienden y otros no, creo entender por qué unos tienen hambre y otros no.
Imagina que al terminar de leer este artículo tienes algo de hambre y te vas a la taquería más cercana y te comes una docena de tacos (¡Dios te guarde!). Después de salir de la taqueria te vas a tu casa y al llegar tu mamá, o tu esposa, ha preparado una deliciosa comida. Te invitan a sentarte a la mesa y te preguntan si quieres comer. La realidad es que por más rica que se vea la comida, tu no vas a tener hambre, porque ya estas lleno. Tal vez comas por cortesía, para no ofender susceptibilidades, pero realmente no tendrás hambre.
Lo mismo se aplica a nuestra hambre espiritual. Hay muchos que no tienen hambre de Dios porque ya están “llenos”. Se han llenado de lo que el enemigo ha puesto delante de ellos.
Así como Dios adereza mesa delante de nosotros en presencia de nuestros angustiadores, el enemigo tratando de ser un remedo de Dios pondrá mesa delante de nosotros, ofreciéndonos sustitutos a lo que Dios nos quiere dar, pseudo alimentos que realmente no sacian ni nutren.
Cuando estamos comiendo lo que el enemigo pone delante de nosotros, cayendo en todo tipo de tentación, no habrá hambre por Dios. “No podemos participar de la mesa del Señor y de la mesa de los demonios”, dice el apóstol Pablo.
Si ya participamos de la mesa del enemigo, en la mesa del Señor seremos apáticos. La apatía es una de las características de las personas que no tienen hambre por Dios. Otra palabra para la apatía es “Tibio”. Si hay algo que al Señor no le agrada es la tibieza. El mensaje a la iglesia Laodicea en Apocalipsis fue que no eran ni fríos ni calientes sino tibios y esto desagradaba a Dios, pero luego nos dice porque eran tibios: “dices soy rico, me he enriquecido y no me hace falta nada” Apoc. 3:17 Los de Laodicea pensaban que no les hacía falta nada, se sentían “satisfechos”, estaban “llenos” de lo que el enemigo les ofrecía y por eso eran tibios, eran apáticos, no tenían hambre de Dios.
Que importante es desarrollar hambre por Dios, y esta viene por rechazar el pecado y reconocer que solo Dios puede saciar verdaderamente nuestra necesidad.
Cada cierto tiempo todos los que trabajamos en Vástago hacemos ayunos prolongados, Ahora mismo estamos en medio de un ayuno de 21 días. En este tiempo de ayuno nos reunimos a orar todos los días a las 7 de la mañana. Algunos hacen ayuno total otros parcial, pero todos nos abstenemos de comer de alguna manera. Algo sucede en estos tiempos de ayuno y oración; Nuestra hambre por Dios crece. Durante el ayuno nos es más fácil rechazar lo que el enemigo pone delante de nosotros y nuestra hambre por Dios se desarrolla cada día más. Cosas maravillosas están sucediendo en la vida de todos los involucrados en este ayuno y oración.
Hay una tradición en mi casa que hemos llevado a cabo por los últimos 10 años .Cada vez que lo considero necesario, dejamos de ver televisión por 30 días. Puede ser cada 6 meses o cada año, pero durante un mes guardamos las televisiones y no las vemos. Esto es con el fin de no comer lo que el enemigo pone delante de nosotros en la televisión. Aunque somos muy cuidadosos en lo que vemos lo consideramos una medida necesaria. Es un tipo de ayuno.
Curiosamente, cuando hacemos esto nuestra hambre por Dios se desarrolla y cosas maravillosas suceden.
¿Tienes hambre por Dios?, ¿Te sientes débil y desesperado por su presencia?
Si no es así, tal vez necesites dejar de comer lo que el enemigo pone diariamente delante de ti.
Afectuosamente
Jesús Adrián

Vastago.com

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