El vientre del infierno:


Por David Wilkerson
6 de mayo de 2002 «Vino palabra de Jehová a Jonás… diciendo, Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis.» (Jonás 1:1-3). Conocemos la historia de Jonás. Él es el hombre que trató de huir de Dios. El Señor le dio un mandato a Jonás para predicar juicio a la ciudad nación Nínive. Pero en lugar de advertir a Nínive, Jonás huyó.

Esta historia fue validada por el mismo Cristo. Jesús dijo: «Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.» (Mateo 12:40). En otras palabras, la historia de Jonás era tan cierta como el mismo entierro y resurrección de Cristo.

Así que, ¿por qué Jonás huyó? ¿Por qué se negó a obedecer la Palabra claramente revelada de Dios? Sabemos que era piadoso, hombre de oración. Después de todo, el Señor habla claramente a aquéllos que comulgan con él. Y el Señor no escoge a sus siervos descuidadamente. Evidentemente, vio algo en Jonás. Quizá Dios escogió este hombre debido a sus dones: una voz poderosa, o un oído sensible para oír al Espíritu.

Sabemos que Jonás profetizó en Israel. Era contemporáneo de otros profetas del tiempo. Así que, claramente, este hombre fue dotado y escogido por Dios. Aún, en este caso, Jonás corrió del llamado de Dios. De hecho, huyó de la misma presencia de Dios, interrumpiendo la comunión con el Señor. ¿Por qué? ¿Qué causó tal obvia desobediencia?

No está claro cuánto tiempo pasó entre el llamado de Jonás para hablar juicio y su decisión de huir. Podrían haber sido semanas e incluso meses. Es más, la distancia de Jerusalén a Jope era de treinta y cinco millas. Si Jonás viajaba a pie, tenía tiempo suficiente para reconsiderar su misión. Una cosa es segura: Jonás oyó la voz del Espíritu Santo resonando en sus oídos, a cada paso de su camino. El Espíritu Santo es el sabueso del cielo, y cuando nos llama a servir, no nos deja escapar. Sin duda, Jonás oyó palabras como éstas:

«Recuerda el ejemplo de Adán, Jonás. Considera las consecuencias de su desobediencia. Piensa también en Moisés. Ese hombre manso y santo habló con Dios cara a cara. Pero el Señor lo reprendió por un sólo acto de desobediencia, dejándolo fuera de la Tierra Prometida. Piensa también en David, un hombre de oración según el propio corazón de Dios. Recuerda los terribles sufrimientos que enfrentó por su acto de desobediencia. No puedes desobedecer la Palabra de Dios y escapar de él. Regresa, Jonás.»

El destino de mucha gente dependía de la obediencia de Jonás. Pero en lugar de ir a Nínive: «[Jonás] descendió a Jope; y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse… lejos de la presencia de Jehová.» (Jonás 1:3).

 


Yo creo que Jonás desobedeció porque
no tenía temor justo de Dios.


¿Cómo pudo tal hombre de oración alejarse a la ventura de su llamado y caer en desobediencia? Comienza con un conocimiento parcial, incompleto de la naturaleza de Dios.

A Jonás se le dio una revelación poderosa de la gracia y misericordia de Dios. Él testificó: «porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.» (Jonás 4:2). A él se le dio la misma revelación que Moisés recibió, cuando Dios reveló su gloria a Moisés en el monte.

Jonás afirmó que esta revelación fue la razón que le hizo huir: «Por eso me apresuré a huir a Tarsis.» (4:2). Por sus acciones estaba diciendo: «Señor, tú perdonas a todos los que se arrepienten tan fácilmente. Cada vez que pronuncias juicio, lo superas con misericordia. Sé que no vas a juzgar a Nínive. Tan pronto profetice, se arrepentirán, y derramarás tu gracia sobre ellos.»

¿Ve el problema con el razonamiento de Jonás? Está describiendo sólo una revelación parcial de la naturaleza de Dios. Y está acusando a Dios de ser suave con el pecado. Claro, Dios es todo lo que Jonás describe aquí: longanimidad, deseoso de perdonar, listo para derramar su gracia abundante. Agradezco a Dios por esta revelación maravillosa de su naturaleza. Ha sido la verdad que más vida da, que haya conocido yo alguna vez. Me gusta predicar de la misericordia al pueblo de Dios.

Pero la Biblia también habla de la naturaleza santa, justa de Dios. “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad.» (Romanos 1:18). Ciertamente Jonás conocía este lado de Dios. ¿Cómo podría descuidarlo?

Creo que Jonás no tenía entendimiento del temor de Dios. Si sólo piensas en Dios como misericordioso, encontrarás fácil desobedecer su Palabra. Creerás que él considera sus advertencias ligeramente, que no quiere decir lo que dice. Creo que ésta fue la raíz de la desobediencia de Jonás.

Cada verdadero siervo tiene que sostener en alto una revelación del temor de Dios. No quiero decir un miedo inducido por el hombre, manipulando a las personas a obedecer. Quiero decir la revelación divina de temor santo como está revelado en la Palabra de Dios: «Teme a Jehová, y apártate del mal.» (Proverbios 3:7). «Persevera en el temor de Jehová todo el tiempo.» (23:17).

Tal temor tiene que ser buscado diligentemente. Y debe ser implantado en nosotros por el Espíritu Santo: «Si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros; entonces entenderás el temor de Jehová, y hallarás el conocimiento de Dios.» (2:4-5). Como la misericordia de Dios, el temor de Dios es el que da vida: «En el temor de Jehová está la fuerte confianza.» (14:26). «El temor de Jehová es manantial de vida, para apartarse de los lazos de la muerte.» (14:27).

Hay consecuencias terribles para todos los que desobedecen la Palabra de Dios. La desobediencia de Jonás demuestra esto de tres maneras:

 


1. Experimentamos desorden, caos
y confusión por todos lados.


«Jehová hizo levantar un gran viento… y hubo en el mar una tempestad tan grande, que se pensó que se partiría la nave. Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos.» (Jonás 1:4-5).

A veces, incluso las personas piadosas enfrentan desorden en sus vidas. De repente, todo se pone caótico. Pero Dios no los guarda en las tales situaciones. Él los entrega, trayendo sus vidas a su orden divino, con alegría, paz y consuelo. O, les proporciona gracia para soportar.

Sin embargo, el siervo que camina en desobediencia enfrenta crisis tras crisis. Considera el caos que el pecado de Jonás causó. Una tormenta increíble rompió, y el mar empezó a rugir. Los marineros se golpearon sobre la nave en un frenesí, tirando la carga por la borda. Miraban con desesperación cómo su sustento se hundía en el mar. Si había otras naves en el área, tenían que hacer lo mismo, temiendo por sus vidas.

Oh, el terrible desorden causado por un creyente que vive en terca desobediencia a la Palabra de Dios. ¿Qué es desobediencia? Es caminar contrariamente a la Palabra revelada de Dios. Esto incluye cada mandamiento de amor en el Nuevo Testamento, de las palabras de Jesús a las palabras de sus apóstoles.

Considere estos pasajes sobre adulterio y fornicación: «Ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.» (Efesios 5:5). «A los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.» (Hebreos 13:4). La palabra griega para fornicario es porno de dónde tenemos la palabra pornografía.

Fui impactado al aprender que hay ahora más de 200,000 sitios pornográficos en la Internet. Peor aún, conozco ministros que libremente se complacen en esta suciedad. Algunos están envueltos en aventuras amorosas. Muchos han perdido sus ministerios y familias. Recibo cartas de esposas compungidas que describen los efectos en sus niños. Los niños ven el ejemplo de sus padres y no pueden lidiar con ello. Ya no los respetan. Algunos incluso abandonan su fe, volviéndose a las drogas, alcohol o sexo.

¿De dónde viene tal desorden? No del diablo, sino de Dios que deja caer los muros de protección. Él aviva tormentas para despertar a sus siervos, como hizo con Jonás: «Jehová hizo levantar un gran viento en el mar.» (Jonás 1:4).

 


2. La terca desobediencia trae un
espíritu de letargo y apatía.


Jonás se olvidó del caos y dolor que estaba causando. A lo largo de la tormenta: «había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir.» (Jonás 1:5). ¿Ves su condición? Era prisionero de su propia desobediencia. Su pecado había comenzado la tormenta, y ahora estaba desvalido para detenerla. Así que, ¿qué hizo? Flotó en un estupor espiritual. Cedió ante la pereza de la culpa escondida.

Hace años llamé al director de uno de nuestros programas Reto Juvenil. Era un siervo dedicado y buen predicador. Un antiguo adicto, era respetado por los hombres en el programa. Pero cayó en adulterio con una antigua prostituta reclutada en el programa. Terminó dejando a su esposa y renunciando al ministerio.

Yo revoco que el director de uno de nuestro Desafío Adolescente programa hace años. Él era sirviente especializado y un predicador bueno. Un adicto anterior, él se respetó por los hombres en el programa. Pero él entró en el adulterio con una prostituta anterior se enrollada en el programa. Él terminó dejando a su esposa y resignando del ministerio.

El desorden causado por el pecado de este hombre fue trágico. Su esposa intentó el suicidio y terminó bajo el cuidado de una institución mental. Los adictos en el programa desaparecieron. Pensaron: «Él era tan santo. Si él no pudo hacerlo, ¿qué oportunidad tengo yo?» Muchos salieron y volvieron a las drogas.

Más tarde hablé con este hombre y la mujer. Se habían casado y habían regresado a fumar marihuana. Me dijeron que habían dejado la lectura la Biblia y ya no habían tenido hambre espiritual. El hombre admitió: «Somos prisioneros. Hicimos nuestra elección, y no hay escape para nosotros.» Pero mientras estaba saliendo, dijo: «Una cosa que aprendí de su ministerio es que Dios es misericordioso. Sé que él perdona el pecado. Sólo necesitamos algo de tiempo.»

Cinco años después, ví al hombre de nuevo. Era ahora un distribuidor de drogas, manejando un Mercedes nuevo. Le dije que había estado orando por él todos estos años. Contestó: «Oh, todavía necesito algo de tiempo.» Lo que estaba diciendo realmente era: «Dios no me juzgará. Esperará hasta que esté listo para dejar esta buena vida y regrese a él.» Mi corazón se hundió. Eso hombre fluctuante había perdido todo temor de Dios. Y había convertido la gracia de Dios en lascivia.

Piense en la proporción de divorcio galopante en la iglesia. Considere el adulterio que tiene lugar en el púlpito y la banca. Los cristianos se han dormido al aumento de la inmoralidad en la sociedad. HBO y otras redes de cable ahora están compitiendo para «empujar el sobre» de suciedad. Su meta es ver cuán lejos pueden estirar los límites morales. Y los cristianos son seducidos con el mundo.

¿Cómo podría pasar esto, te preguntas? Es el resultado de un prevaleciente mensaje de “sólo gracia” en la iglesia. Este mensaje es sólo una verdad parcial de la naturaleza de Dios. Los predicadores hoy ignoran la doctrina del temor santo de Dios. Y están calmando a su pueblo en un estupor espiritual.

 


3. Nuestra desobediencia presenta a
Dios como débil e impotente.


«Y el patrón de la nave se le acercó (a Jonás), y le dijo: «¿Qué tienes, dormilón? Levántate, clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no perecemos… Entonces le dijeron ellos: Decláranos ahora por qué nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres?»

«Y él les respondió: Soy hebreo, y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra. Y aquellos hombres temieron sobremanera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? Porque ellos sabían que huía de la presencia de Jehová, pues él se lo había declarado.» (Jonás 1:6-10).

La desobediencia de Jonás hizo parecer al Señor vindicativo. Apareció como si cruzaras al Dios de Jonás, lo cazaría y asustaría a la luz del día. Pero éste no era el caso en absoluto. Era una falsedad total de la naturaleza de Dios.

Así que, ¿Dios estaba enfadado con Jonás? ¿Era esta su venganza sobre un siervo rebelde? ¿Estaba diciendo: «Tú fallaste, Jonás. Tuviste tu oportunidad, pero te has inhabilitado a ti mismo. Ahora estás siendo juzgado»? No, Dios no estaba enfadado con Jonás. Pudo haber estado decepcionado de él, pero no había acabado con él. En lo más mínimo.

Esta es una historia completa de misericordia y gracia. Sí, Dios había traído la tormenta. Pero lo hizo para traer de vuelta a Jonás hacia él. El Señor estaba diciendo, en esencia: «Trastornaré la naturaleza para restaurar a mi siervo desobediente. Puedes estar corriendo de mí, Jonás, pero no perderé el interés en ti. Todavía te amo. Y te he llamado y escogido. Todavía eres mi hombre para este trabajo.»

Nota que el capitán tuvo que despertar a Jonás. En esta crisis, el mensajero de Dios fue escogido sin premeditación. Jonás trató de testificar del poder de Dios, pero no tuvo credibilidad con la tripulación. Sabían que estaba viviendo en desobediencia, habiendo “huido de la presencia del Señor» (1:10) El pecado de Jonás lo había alcanzado. Igualmente, todo siervo que vive en desobediencia pierde credibilidad con el mundo. Ellos ven que no tiene autoridad espiritual.

Cuando Jonás instó a la tripulación para lanzarlo al mar, lo ignoraron: «Y aquellos hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra.» (1:13). Sus acciones decían: «¿Por qué debemos escucharlo? Mientras clamábamos a nuestros dioses, estabas durmiendo. Tenemos que tratar de salir de esto.»

Jonás era absolutamente impotente. Aun si se libraba de esta tormenta, no estaba en condición de profetizar a Nínive. ¿Por qué respetarían su palabra, si la tripulación de la nave no lo hacía? La Escritura dice: «Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches» (1:17)

 


Jonás describió su prueba como el infierno.


«Desde el seno del Seol clamé.» (Jonás 2:2.) ¿Por qué el Señor llevó a Jonás tan bajo? Estaba en el vientre de un infierno vivo, suspendido en la oscuridad, colgando entre la vida y la muerte. ¿Por qué un Dios misericordioso pondría a un siervo a través de esto? Creo que la historia de Jonás nos muestra cómo Dios trata con siervos desobedientes.

Jonás estuvo en este infierno durante tres días y noches. Pero en todo ese tiempo, nunca oró. La tormenta no lo había traído sobre sus rodillas. Ni su roce con la muerte en la barriga de la ballena tampoco. Sólo después de tres días y noches leemos: «Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez (2:1)

¿Por qué Jonás no oró antes de esto? Fue porque estaba convencido que: «Desechado soy delante de tus ojos.” (2:4). Describió a Dios teniendo misericordia de Nínive, pero Jonás no podía creer la misma misericordia por él mismo. Pensó: «Soy hombre muerto. No puedo caer más bajo. Dios me ha dado la espalda. Me odia por lo que hice.»

Nada puede estar más lejos de la verdad. Cuando la Escritura dice: «El Señor había preparado un gran pez para tragar a Jonás», la palabra para preparado significa enrolado. Dios había escogido una gran ballena y puesto una urgencia en esa criatura. Así que, cuando Jonás fue lanzado al mar, el pez estaba allí, preparado para tragárselo. El Señor todavía estaba trabajando.

Pero el diablo había tenido éxito engañando a Jonás. ¿Quién gobierna las regiones del infierno, sino Satanás? Jonás lloró: «Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan» (2:8) La traducción hebrea literal se lee: «Los que protegen o defienden una mentira engañosa se roban a sí mismos de recibir misericordia.» Esto es lo que pasó con Jonás. Su decepción le había robado cualquier esperanza de la gracia de Dios. Durante tres días y noches, estuvo bajo un horrible engaño. Satanás le dijo: «Has fallado. Ahora la vida ha terminado para ti. Tu desobediencia ha costado las vidas de muchos que se habrían vuelto al Señor. Ni Dios puede rescatarte ahora. Incluso si sobrevives, tendrás pesar eterno.”

La verdad era, Dios estaba llevando a toda prisa a Jonás en su camino a Nínive. Pronto el profeta estaría caminando de nuevo a la luz del sol. Predicaría audazmente en las calles como un mensajero escogido.

¿Qué intentó Dios a través de la experiencia de Jonás en el vientre del infierno? Muestra cómo permite que siervos desobedientes enfrenten el aislamiento total de todo lo santo y puro. Por una temporada Jonás supo lo que era sentirse como muerto. No podía orar. Dios había escondido su rostro, y el profeta no tenía a nadie a quién volverse. El infierno para Jonás no era el alga marina que se limpiaba de encima, o el golpearse de un lado a otro. Era la sensación de que Dios había apartado su mano de su vida.

Esto fue todo el significado de la prueba de Jonás, de su desobediencia. Dios no estaba exigiendo: «¿Ahora me obedecerás, Jonás?» Más bien, estaba preguntando «¿Cuál palabra creerás en este infierno horrible, Jonás? ¿La mía o la del diablo?» Finalmente, leemos: «Entonces oró Jonás.» (2:1). «Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta ti.» (2:7). Jonás corrió atrás a los amantes brazos de Dios. Entonces testificó: «Desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste.» (2:2).

Durante años, me he encontrado con muchos Jonás. He ministrado a estos siervos escogidos que desobedecieron a Dios y entraron de lleno en el pecado. Algunos se entregaron eventualmente a las vanidades mentirosas de Satanás. Algunos se perdieron y murieron en su pecado. Pero otros se arrepintieron en el vientre de su infierno, y fueron restaurados. Hoy, Dios está usándolos de nuevo poderosamente, como pastores, maestros, evangelistas, obreros laicos. En cada caso, estos santos restaurados se dieron a la oración, clamando al Señor.

 


Jonás también es tipo de la iglesia desobediente.


En cada período de extrema maldad, Dios llama a su iglesia para advertir a la sociedad del juicio venidero. Su Espíritu nos ordena a todos: «Sube y advierte a tu ciudad, tu familia, tu nación. He soportado bastante esta maldad.» Esto es por qué Dios me envió hace quince años a la ciudad de Nueva York. Nuestro ministerio era levantar a un remanente piadoso de creyentes, y advertir a la sociedad del juicio venidero.

Hoy, la maldad en América excede a la de Nínive. Esas antiguas personas no fueron tentadas por la pornografía, la Internet o la sórdida televisión. Ni había allí presencia del evangelio en su medio, para presentarles la verdad. No tenían ninguna Biblia, ninguna iglesia, ningún medio de comunicación cristiano. Por contraste, América está saturada con tales cosas maravillosas. Pero, nuestra sociedad está siendo superada rápidamente con el mal. ¿Cómo puede ser esto, pregunta? Es simple: Los siervos de Dios se han dormido. La iglesia ha huido de su presencia, habiendo perdido el temor piadoso.

En los días de Jonás, las naves de Tarsis representaban la prosperidad. Salomón construyó una flota de naves de Tarsis para aumentar la riqueza de Israel. Pero Dios destruyó esos barcos. Hoy, como Jonás, muchos creyentes están dormitando a bordo de la nave de la prosperidad de América. Pero ahora el Señor ha traído una tormenta a nuestra nación, agitando nuestra nave del Estado. Vimos esto vívidamente el 11 de septiembre, cuando los símbolos de nuestro gobierno y economía estaban en llamas.

América todavía está viviendo con miedo. Incluso los paganos están orando. Senadores y Diputados interrumpieron sus reuniones para unirse en el Capitolio para la oración. (Minutos antes, muchos habían estado haciendo leyes para promover el aborto y declarar ilegal el nombre de Dios en lugares públicos). Últimamente, he recibido recortes de noticias que describen reuniones de oración en masa convocadas por musulmanes e hindúes.

Ahora es claramente el tiempo para orar a Dios, para que se levanten siervos con discernimiento y adviertan del juicio. Como la tripulación del barco de Jonás, masas de personas impías están preguntándole a los cristianos: «¿Por qué está pasando esta tormenta? ¿Dónde está Dios en todo esto?» Pero, trágicamente, la iglesia ha perdido su credibilidad a los ojos del mundo. Para muchos, el cristianismo es los predicadores de la televisión pidiendo dinero. Ven a los cristianos durmiendo en el barco de la prosperidad.

Cuando viene una palabra de la iglesia, a menudo es un pastor comprometido, clamando: «Dios no está detrás de la tormenta presente. Es obra del diablo. Nuestro Dios amante no juzgaría esta nación.» Tales hombres no conocen sus Biblias. Nada le pasa a cualquier nación sin permiso de Dios. Después de todo, no fue el diablo que destruyó a Sodoma. Él no hizo descender fuego y azufre del cielo. El Señor trajo ese juicio justo a Sodoma. Ni fue Satanás quien trajo el diluvio en los días de Noé. El mismo Dios abrió los cielos y envió el torrente terrible de lluvia.

Pero el Señor tiene su manera de despertar su iglesia y traerla a la oración. Ahora mismo, estamos viendo sólo la tormenta. Muy pronto, nuestra nación entrará en el vientre de la ballena.

 


Otro gran pez está siendo alistado por Dios
en las atribuladas aguas bajo nuestro barco
de prosperidad.


América está a punto de ser lanzada al mar y tragada por un infierno económico. Puede recordar un mensaje que profeticé cinco años antes de la Guerra del Golfo. Dije que bombas caerían en los pozos de petróleo en el Medio Este, causando 500 incendios Kuwaitíes. Después, el ejército de Saddam Hussein incendió 503 pozos. También he escrito previendo 1,000 incendios quemando la ciudad de Nueva York. Creo ahora que esos incendios vendrán de un derrumbamiento económico.

Hace dos años, la bolsa de valores estaba en 12,000 puntos. Los expertos dijeron que golpearía los 30,000 antes que el auge terminara, y que éramos inmunes a la recesión. Pero después del 11 de septiembre, el mercado se tambaleó.

¿Qué ha producido esta tormenta? Muy pequeña, en mi opinión. No veo ninguna señal de arrepentimiento como en Nínive. En cambio, cinco estados han legalizado ahora la adopción para las parejas homosexuales. Y una escuela en California insiste que los niños asistan a la escuela vestidos como musulmanes y lleven un Corán, para aprender sobre Alá. Entretanto, todavía están prohibidas las Biblias.

Sé que muchos lectores no quieren oír este tipo de mensaje. Preferimos creer que se nos dará un bote salvavidas de algún modo y evitaremos ir al vientre del sufrimiento. Pero en realidad, el vientre de la ballena es el último acto de misericordia de Dios. Él ha tratado traernos al arrepentimiento por su bondad, bañando a América con bendiciones. Pero hemos engordado en nuestra prosperidad y lo hemos olvidado aún más.

Ahora el Señor está diciendo: «No sé cómo salvarles sino a través de este tipo de infierno oscuro. Quizá en el vientre de una economía rota se despertarán. Quizás mientras enfrentes un tiempo de pánico y temor, te volverás a tu llamamiento.»

Dios no está tratando de destruir a América. Creo que está tratando de salvarla. También está tratando de volver a su iglesia a su misión. Su deseo es que este tiempo en el vientre de la ballena, las familias volverán a él. Los ministros dejarán su pecado y tonta predicación, y las iglesias resucitarán. Un remanente de oración surgirá con los valores bíblicos, para entrar en el mundo y predicar con verdadera autoridad.

La tormenta en que estamos es para enseñarnos que Dios quiere decir lo que dice. Es sobre todo tener una revelación de su temor así como de su misericordia y gracia. Si estás caminando en desobediencia, corre a él ahora. Arrepiéntete rápido, y derrámale tu alma. Él no te dejará mucho tiempo en el vientre de la ballena. Él es un Dios amoroso que anhela restaurarte.

Derecho de autor © 2002 por World Challenge, Lindale, Texas, USA.

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