El prójimo del que cayó en manos de ladrones


Versículo de la Biblia: Lucas 10:30-37
Actualmente estamos viviendo en una sociedad llena de violencia. Hasta las caricaturas y videos de los niños están llenos de violencia; asimismo las películas están llenas de ellos. Esta sociedad está sufriendo de los golpes de la violencia. Sufre de la violencia verbal, violencia en las diferentes áreas de la sociedad que es la marginación, violencia política, violencia por la incapacidad. La violencia ha llegado a tal punto que es imposible tener una vida tranquila.

¿Podremos en esta sociedad encontrar un verdadero prójimo? Hoy Jesús nos habla sobre el verdadero prójimo.Primero, tenemos la historia de un hombre que cayó en manos de ladrones. Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Su tragedia comenzó cuando descendió de Jerusalén a Jericó. Esto claramente significa la caída del hombre; porque Jerusalén representa al templo de Dios, donde hay adoración, alabanza y fe. Mas este hombre dejando el templo de Dios descendió al mundo, a Jericó. Siguió tras los deseos de la carne, deseos de los ojos y la vanagloria del mundo. Así pues, cayó en manos de ladrones. En consecuencia le despojaron de todo lo que poseía, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Esta historia se refiere a la humanidad actual que sufre de tribulación.

Pues, Adán y Eva dejaron al huerto del Edén; allí está Dios, es la morada de Dios, allí hay adoración y alabanza, y es la morada de todas bendiciones. Mas ellos cayeron en el engaño del diablo y se dirigieron al mundo. En el mundo no está Dios, el mundo está lleno de codicia y mezquindad, de odio, celos, envidia, ira, y rencor. Adán y Eva por haber partido del Edén fueron heridos y despojados. Cayeron al padecimiento del robo, de muerte y destrucción. De manera que toda la descendencia de Adán y Eva está sufriendo las consecuencias. El espíritu está muerto, el corazón está dividido entre recelos, rencor, envidia, ira, y odio. El cuerpo físico padece de enfermedades y la vida cotidiana está llena de maldición, de espina y cardos, de desesperación y de consternación que termina en el infierno; como aquel hombre que cayó en manos de ladrones, así es la vida del hombre, termina trágicamente. Porque todo el que no conoce a Dios es como el hombre que cayó en manos de ladrones. Por tanto, perdieron todo, no saben de dónde viene, a dónde van, carecen de objetivo y dirección. ¿Quién se dignará en brindar ayuda al que cayó en manos de ladrones?

Segundo, Jesús también refirió sobre las personas que pasaron junto al que cayó en manos de ladrones. El primer hombre fue un sacerdote. El sacerdote es el que guarda las leyes, los observa y enseña. Mas él cuando encontró al hombre que cayó en manos de ladrones, luego de amonestarle severamente pasó de largo. ¿Por qué el sacerdote pasó de largo? Hermanos, las leyes no están para ayudarnos, sino para señalar el pecado que mora en nosotros. Las leyes están para divulgar los pecados, luego de divulgarlos los juzga severamente. Así pues, las leyes no extienden su mano de ayuda al enfermo, ni al pecador, ni al débil, sino para divulgar y juzgar el pecado cometido. De modo que el sacerdote como uno el que observa las leyes no podía brindar ayuda al que cayó en manos de ladrones. Solamente le amonestó austeramente diciendo: ¿Por qué dejando a Jerusalén te diriges a Jericó? ¿Por qué te apartaste del servicio a Dios, de adoración y de alabanza, de fe y de oración y te diriges a lo secular? Eres un pecador, nadie sentirá compasión por ti. Así, luego de juzgarlo pasó de largo.

Algunos en estos días también intentan ser justificados mediante las leyes, mas no hay nadie que pueda ser justificados por las leyes. Cuando Dios entregó al pueblo de Israel los Diez Mandamientos, no fue porque ellos lo podrían *****plir, mas para señalarle cuán débiles son; porque ellos se enorgullecían diciendo que por sus propios esfuerzos eran capaces de alcanzar la salvación. Por tanto, Dios le entregó los mandamientos al pueblo de Israel en representación a la humanidad. Las leyes que Dios le había dado no eran para salvarle sino para publicar cuán sucio e inmundo es el pecado del hombre. Si las leyes sirvieran para la salvación, entonces la salvación sería por las leyes; mas las leyes en lugar de brindarnos salvación, publican nuestros pecados. Nadie pudo *****plir las leyes de Dios, porque la Palabra claramente dice: Por cuando todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios. Cuando los israelitas infringían las leyes de Dios fueron severamente juzgados y para limpiarse era necesario ofrecer sacrifico de expiación. Era necesario matar animales y derramar su sangre para la remisión de pecado. Dios le enseñó de este modo que por mucho que el hombre trate de alcanzar la salvación mediante las leyes no hay manera; ya que nadie es justificado por las leyes, mas fue necesario el derramamiento de sangre para pagar el pecado. La sangre del animal podía cubrir el pecado momentáneamente, pero no por eternidad. Desde entonces muchos animales fueron sacrificados y sus sangres fueron derramadas como para formar un río, mas todo esto fue solo un proceso simbólico de la salvación para mostrar la salvación mediante el Hijo de Dios, quien sería sacrificado en la cruz, destruyendo su cuerpo y derramando toda su sangre.

Por tanto, no pensemos que recibiremos salvación por guardar las leyes; porque cada uno de nosotros si en este momento Dios nos señalara nuestros pecados, ninguno estaría aquí.

Moisés enseñó apedrear a la mujer sorprendida en el acto mismo del adulterio. Ellos preguntaron a Jesús; Moisés nos mandó apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?. Mas Jesús alzando la vista le dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. Luego el Señor inclinado escribió en tierra, ellos vieron que sus pecados estaban siendo publicados. Según las leyes el Señor estaba publicando todos sus pecados. Ellos se vieron en apuros, si la apedreaba, el siguiente sería ellos mismos; así pues todos ellos acusados por su conciencia huyeron comenzando desde los más viejos hasta los postreros. El lugar quedó vacío, quedando solo Jesús y la mujer. Y Jesús le dijo “Mujer ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete y no peques más. El que juzgue a otro bajo las leyes, también él será juzgado por las mismas leyes; ya que no hay nadie que alcance justificación mediante las leyes. Si nos colocamos debajo de las leyes, todos nuestros pecados serán publicados, luego seríamos juzgados. Por tanto, no ponga su esperanza en las leyes, porque las leyes de ninguna manera le brindará la salvación. Así pues, este sacerdote no podía brindar su ayuda al que cayó en manos de ladrones. Así es hermano, aunque usted esté angustiado, preocupado, desesperado, con temor, con incertidumbre, con enfermedad, y consternado, las leyes no le brindará ayuda que usted necesite, mas le juzgará y le condenará. Asimismo un levita pasó cerca de aquel lugar. El levita lamentando del hombre que cayó en manos de ladrones pasó de largo. Pues, ellos eran ejecutores de la ceremonia. Los levitas son los que están a la cabeza de todos los asuntos religiosos. Pues, tenían a su cargo el tabernáculo y todas sus dependencias; así eran ellos los ejecutores de la ceremonia. Hoy día vemos que las personas se adornan más el exterior cuando su interior está aun más vacío. Mas el hombre lleno por dentro no siente la necesidad de adornarse exteriormente. Pretenden engañar a otros con sus apariencias.

Asimismo, una iglesia que carece de la plenitud del Espíritu Santo, busca adornarse exteriormente. Adornan con lujo el altar, los pastores se visten con mucho lujo, para representar autoridad. Todo esto es porque le hace falta el contenido. Pretenden enseñar que sí hay algo por dentro, mediante ceremonia y formalidad solemne, allí no hay vida. Este hombre levita era un hombre que porfiaba en ceremonia y formalidad, así cuando se encontró con el hombre que cayó en manos de ladrones, pasó de largo sin moverse un solo dedo.

Es necio pensar que la formalidad brindará ayuda a su vida. No piense que la decoración solemne de una iglesia, o la ejecución de una ceremonia y formalidad le brindará a usted la salvación. Porque la salvación no llega mediante ceremonia ni formalidad. Con esto no quiero decir que la ceremonia y formalidad son inútiles. Son útiles para santificar más nuestra fe. Mas en ellas no hay medio de salvación. De modo que el levita aunque ejecutando las leyes, no fue capaz de brindar su ayuda al hombre que cayó en manos de ladrones.

Luego pasó un samaritano, viéndole fue movido a misericordia; acercándose vendó sus heridas, echó aceite y vino sobre sus heridas. Si en esa época no había vendas, él lo haría echo con su ropa; luego lo puso en su cabalgadura y lo llevó al mesón. Este samaritano no fue como el sacerdote que le amonestó, o como el levita que después de realizar acto religioso pasó de largo. Mas fue movido a misericordia, vendó sus heridas, echó aceite y vino y lo cuidó.

¿A quién representa el samaritano? Este hombre no es un discípulo de Moisés, ni levita, sino nuestro Señor Jesucristo. Pues, el Señor vino a este mundo porque se compadece de nosotros; mas no como algunos piensan que vino para juzgarnos. Tampoco para decorar nuestra vida de ceremonia religiosa; mas el Señor vino movido a misericordia, para sanarnos y salvarnos. De manera que nuestro Dios mediante Cristo demuestra su misericordia y su clemencia. Así tenemos también en la Palabra “misericordia quiero y no sacrificio”, él nos ofrece misericordia. ¿Por qué los hijos pueden confiar en sus padres? Porque ellos siempre se mueven a misericordia; sin embargo, no así sucede con los hijos. Cuando son niños o cuando son jóvenes, los padres siempre tienen el mismo sentir. Así también Dios envió por nosotros a Cristo, porque tiene el mismo sentir, misericordia. Porque se mueve a misericordia no nos condena, porque se mueve a misericordia no pasa de largo ejecutando actos de ceremonia, porque se mueve a misericordia, desea brindar su ayuda concretamente. Porque siente compasión por nosotros, el Señor está junto a nosotros; así también tomó la cruz. Subió a la cruz tomando todo nuestro pecado, injusticia e iniquidad, condenación y desesperación, allí destruyó su cuerpo y derramó toda su sangre. Luego de romper su cuerpo y derramar su sangre, recibió el pago de Dios, al Espíritu Santo, al cual, el Señor derramó sobre nosotros y cubriéndonos con su sangre preciosa y nos vendó con la venda de la gracia. Jesús como el buen samaritano derramó sobre nosotros el aceite; el aceite del Espíritu Santo de Dios, de lo contrario no seríamos capaz de reconocer a Jesús como salvador personal ni mucho menos tener la salvación. Porque nuestro espíritu está muerto, somos sordos, ciegos, y no comprendemos. Pero Dios con el aceite del Espíritu Santo nos abrió los ojos del espíritu, los oídos y la comprensión, para recibir a Jesucristo como Señor y Salvador. Y la Palabra dice que si no es por el Espíritu Santo no podemos decir que Jesús es el Señor De modo que derramando el aceite permite tener fe en Cristo Jesús. Todos ustedes hermanos tienen fe en Cristo, porque el Señor derramó el aceite del Espíritu Santo sobre ustedes. Cuando tenemos fe en Cristo, el Señor nos cubre con su sangre preciosa. Ya que la sangre que Cristo derramó en la cruz fue por usted y por mí; mediante esa sangre preciosa, el Señor destruyó nuestro pecado del pasado, del futuro y del presente. En la sangre preciosa del Señor están el perdón y la justificación. Mediante la sangre preciosa del Señor, el mundo y el diablo son echados fueras, en su lugar entra a nuestra vida el reino de Dios y el Espíritu Santo. Porque ustedes tienen fe en el Señor, en ustedes está el Espíritu Santo y el reino de Dios en lugar del mundo y del diablo. El Señor no sólo derramó su sangre, también destruyó su cuerpo. Es decir, tomando a su cuerpo como venda, nos vendó. Vendó las heridas del corazón como preocupación, incertidumbres, desesperación, tristeza, y angustia, reemplazándolos de una nueva carne de gozo; asimismo nos vendó para liberarnos de diversas enfermedades física y de dolores, vendó a nuestra vida cotidiana para destruir la espina y cardos, para liberarnos de la maldición y de la pobreza.

De manera que podemos decir que Jesús es el buen samaritano, porque como tal en la cruz rompió su cuerpo y derramó su sangre para recibir a nosotros que estábamos caídos y medio muertos. Porque dice la Palabra “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. Luego dice que el buen samaritano llevó al que cayó en manos de ladrones al mesón.

Tercero, qué representa el mesón. Representa a la iglesia.

En corea contamos con aproximadamente 50000 mesón. La

Iglesia de Evangelio Completo es un mesón para llegar al

reino de Dios. Así llevó al hombre al mesón y lo cuidó y

entregó dos denarios diciendo: Cuídamelo y todo lo que

gaste de más, te lo pagaré cuando regrese. ¿Qué dejó el

Señor cuando partió de este mundo? No nos dejó vestidos ni

tierra, dejó dos denarios, estos son el Espíritu Santo y la

Biblia. Lo que el Señor dejó al mesón de la iglesia son la

Palabra de Dios y el Espíritu Santo. También dice el Señor

que con la Palabra y el Espíritu Santo curemos a los

heridos, porque solo en ellos está el poder de sanidad y la

vida. La sabiduría, los conocimientos, y la filosofía de

este mundo no nos salvará, en ellos no hay vida, sino solo

la palabra de Dios. Entrará el Espíritu Santo a nuestra

vida para transformarnos, renovarnos y sanar a nuestra vida.Por tanto el Señor entregó los dos denarios, cuidó al que cayó en manos de ladrones con Palabra y el Espíritu Santo. Para que este hombre sea prosperado en todas las cosas, y que tenga saluda y prosperidad en el alma. Hermanos, en la iglesia están la sanidad; si en una iglesia no halla la sanidad y el cuidado, ésa no es verdadera. Aquí el Señor con su Espíritu Santo y Palabra visita y sana a cada uno de nosotros para que de este modo seamos prosperado en todas las cosas y que tengamos salud, y prosperidad del alma; asimismo dentro de la iglesia debe ser llenado de la vida. Porque la iglesia es el lugar donde Dios realiza su poder y prodigio.

Luego dice el Señor, si hay más gasto te pagaré cuando regrese. ¿Qué son estos gastos de más? Cuando nosotros estamos en la obra del Señor tenemos muchos gastos, levantamos iglesia, debemos administrarla. En Mateo 6:20-21 dice “Sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón” De manera que para levantar una iglesia y para administrarla se requiere de gastos. Estos gastos que tengamos en la obra del Señor, él nos devolverá como 30, 60 a 100 veces. Los gastos que tengamos nosotros para la casa del Señor, sean estos en los diezmos, en las diversas ofrendas o en la ofrenda de construcción y de misión, todo esto será devuelto a nosotros.

En II Corintios 9:6-7 dice “Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre”. Así también el Señor desea que nosotros participemos de misión y en su gasto, y nuestra iglesia está involucrado en misión. Hemos enviado a 537 misioneros en 57 países. Pero contamos con muy poca persona decidida ofrendar a misión; la iglesia cuenta con 700000 miembros, pero los que decidieron participar en la misión alcanza solo a 3902 personas. Pero yo les quiero animarle a que participen de la misión mundial, porque como su Palabra lo dice de acuerdo a la manera que sembremos, segaremos.

Asimismo nosotros gastamos para brindar ayuda en los servicios voluntarios de la sociedad y para brindar asistencia. En Proverbios 11:24-25 dice “Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quieres retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado” De manera que nosotros debemos gastar por esta sociedad, para testificar de Cristo.

El mundo está sufriendo de hambre, en un minuto 34 personas están padeciendo de hambre, y 50000 personas en un día y 18000000 millones están perdiendo su vida de hambre y de enfermedad. Ellos esperan nuestra ayuda, y debemos participar de este labor. La iglesia decidió participar sobre el envío de semilla de maíz para Corea del Norte, le pedí participar en la ofrenda, pero hasta ahora contamos con solo 36702 personas decididas; ya hemos enviado 1800 toneladas de semilla de maíz. Como cristianos debemos extender nuestras manos de ayuda a los que están caídos en manos de ladrones.

También la iglesia debe gastar por la educación. Con la finalidad de levantar a cristianos preparados para transformar a esta sociedad. Así, contamos con la Universidad de Hansei, de Bethesta y el seminario de Sunshin. Mediante la buena y correcta preparación podemos extender el reino de Dios.

Asimismo debemos participar en la misión de asistencia médica. En II Corintios 9:8 dice “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra” El Señor nos llena para que también nosotros participemos de su obra. Los impíos nos critican diciendo que somos egoístas, de inhumanos y de hipócritas. Muchos nos ven con ojos críticos. Primeramente debemos arrepentirnos de todos ellos, luego brindar ayuda a esta sociedad que está tendido en manos de ladrones. Nosotros recolectamos papeles, ropas usadas y monedas para brindar ayuda a los necesitados. Con la venta de los papeles hemos podidos operar a unos 3000 niños enfermos de corazón, de modo que debemos seguir en esta labor y participar los gastos del Señor con amor. El verdadero prójimo del que cayó en manos de ladrones es Jesús. Y los que gastan en la obra del Señor somos nosotros quienes mediante Cristo somos transformados en verdadero prójimo. En esta hora tanto usted como yo debemos transformarnos en un verdadero prójimo. Porque tenemos la salvación mediante Cristo, cuando estábamos en este mundo ensangrentado y herido y medio muerto, él llegó para brindar su ayuda; así también nosotros debemos ir al encuentro del que está caído en manos de ladrones, anunciar las palabras del Señor y gastar en su obra, para la extensión del reino de Dios. Cuando la iglesia y cada cristiano *****ple cabalmente y con devoción esta misión encomendado por el Señor, seremos elogiados en este mundo y podremos glorificar a Dios.

No sea como el sacerdote que juzgue al prójimo con las leyes, o como el Levita que adorne el exterior y por dentro está vacío. Nosotros debemos aprender del Señor y como el buen samaritano, con misericordia y compasión debemos extender nuestra manos de ayuda, en lugar de juicio, el amor, en lugar de ceremonia, la ayuda. Debemos divulgar el nombre de Jesús, transmitir la obra del Espíritu Santo y de la sangre preciosa del Señor, luego vendar sus heridas con el amor de Cristo, por último llevarle al mesón, la iglesia; para que todos ellos sean prosperados en todas las cosas, y que tengan salud y prosperidad del alma. Y que tengan vida pero en abundancia en el Señor, asimismo participando en la obra del Señor puedan llevar el evangelio al mundo entero.

Oración
Dios lleno de amor y santo, es tan difícil encontrar un verdadero prójimo. Es difícil encontrar alguien que nos quiera vendar nuestra herida, son como el sacerdote que nos juzga o como el levita que ejerce actos de ceremonia. Oh Dios te damos las gracias, porque nuestro verdadero prójimo, Jesús, por nosotros fue crucificado, destruyó su cuerpo y derramó toda su sangre, para de este modo destruir el pecado que hay en nosotros y derramando su Espíritu Santo nos revivió; con tu cuerpo nos vendaste, luego nos diste la vida eterna. Oh gracias porque este Jesús está con nosotros, y teniendo a nosotros en su regazo. Pedimos oh Señor, tomar la palabra del Señor, reconocer al Espíritu Santo en medio de nosotros y marchar firmemente en la evangelización. Oramos en el nombre de Jesús. Amén.

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El prójimo del que cayó en manos de ladrones


Versículo de la Biblia: Lucas 10:30-37
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