EL CRISTIANO MOVIDO POR EL ESPIRITU SANTO


CRISTIANOS MOVIDOS POR EL ESPIRITU SANTO

“Movido por el Espíritu, fue al templo. Cuando al niño Jesús lo llevaron sus padres para cumplir con la costumbre establecida por la ley, Simeón lo tomó en sus brazos y bendijo a Dios.” Lucas 2:27-28

Simeón ya estaba cansado y viejo. Había vivido mucho y bien, pero los años no vienen solos. Seguía esperando la redención de Israel, y lo hacia con esperanza; pero sabía que le quedaba poco tiempo. Sin embargo, seguía confiando en Dios, quien le había prometido que no moriría sin antes haber visto al Mesías. No sabemos cuando recibió de Dios esa promesa, ni como fue. Solo sabemos que este hombre justo y devoto, llegó al final de sus días esperando ver la promesa.

Iba regularmente al templo a ofrecer sus holocaustos y ofrendas y seguramente, en cada visita buscaba descubrir lo que anhelaba su alma. Pero regresaba a casa siempre con la desilusión de no haberlo podido ver. ¿Cuántas veces habrá esperado un rato largo en la puerta del templo mirando a todos los que entraban para ver si era el Escogido? No lo se, pero seguramente habrán sido muchas. Y siempre el final era el mismo. Nada.

Pero ese día algo diferente había. El Espíritu lo movió para ir al templo. Fue un impulso. Tal vez sintió algo similar antes, pero no estaba seguro. ¿Y si era solo su deseo de que la promesa se cumpla? ¿Y si iba nuevamente al templo para volver frustrado? ¿Y si lo que había sentido era un error? Estaba cansado, el viaje era largo y tenía que caminar mucho. Pero Simeón salió de su casa con paso firme y fue al templo. Y como otras tantas veces, comenzó a buscar sin saber que estaba buscando.

Y cuando José y María aparecieron en el templo con el niño en brazos, Simeón los vio y supo. No le hacía falta preguntar nada, su corazón se acelero, la emoción casi le nublaba la vista. Con rapidez se abrió paso entre los cientos de personas que ingresaban al templo y encaró directamente a los padres del pequeño. Sin pedir permiso tomó al niño y llorando de emoción, bendijo a Dios.

Si se hubiera quedado en casa se perdía de ver al Mesías. Dios quiere moverte hoy, quiere bendecirte en su Casa. ¿Vas a venir?

REFLEXIÓN — Movete al son de Dios.

Un gran abrazo y bendiciones

Dany

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