El buen samaritano que nos recoge hoy


Lucas 10:30-37
Juan 14:6 “ Un camino que conduce a la vida”
Cuando somos jóvenes nos encontramos llenos de vida, creemos que el mundo está hecho para nosotros y que solo tenemos que conquistarlo. Sin embargo, en la vida de una persona se recorren diferentes calles, la mayoría son muy alumbradas y anchas, pero conducen a una muerte acelerada. Otras más bien son unas vías modestas de placeres temporales pero que conducen a sufrimientos crónicos, hay unas que induce a la velocidad desenfrenada hacia los placeres y vicios más licenciosos pero al final premian con depresiones, amarguras y muerte eterna .



Quiero contarles una historia bastante interesante.

Hace tiempo una persona iba en un camino cualquiera de su vida y vinieron unos maleantes y ladrones y lo robaron y golpearon hasta dejarlo gravemente herido tendido en la calle. Esa persona sin fuerza alguna, quizás, intentaba levantarse, pero no había nadie quien le pudiese ayudar. El dolor era tal que no le dejaba siquiera, respirar bien. Pasó mucha gente alrededor de él, igualmente pasaron unos viejos amigos de farra, pero temiendo, si le ayudaban, verse involucrados y tener que responderle a la ley por algo que no cometieron decidieron no acercarse. Asimismo pasaron unos familiares que no le reconocieron por lo maltratado de su cara y creyendo que no era nada de ellos le pasaron por un lado. Un rato después pasó por donde estaba el herido un gran líder religioso que iba a celebrar una fiesta sacra y viéndole siguió de largo. Asimismo transitó por el lugar un alto funcionario de las leyes y ni siquiera se fijó en él. Nuestro personaje, creyendo que moría, que su dolor y temor lo terminarían de matar, pensó que no tenía esperanzas y menos cuando vio que quien se le acercaba era alguien que él siempre consideró su enemigo, porque no pensaba como él. Siempre que podía le hacía daño y se aseguraba de hacerle la vida imposible. Otras veces le ignoraba para hacerlo sentir muy mal.
Pensó, ¡OH, ahora si que estoy acabado!, si los que eran mis amigos y familiares me dieron la espalda, ahora este me destruirá!, pero ¡cuan equivocado estaba!.
Su supuesto enemigo se bajó de su vehículo, se acercó bastante preocupado por su mal estado, buscó su botiquín de primeros auxilios y sin que él comprendiera aun, empezó a curarle sus heridas lo limpió y le embarcó en su auto, le llevó a un hotel, le cuidó y como tenía que *****plir las responsabilidades diarias de su vida, le dio al dueño del lugar dinero para cualquier eventualidad que se le presentase al herido y asaltado. Más aun, le dijo al señor que lo cuidara con esmero, que si por alguna razón gastaba más de lo que le había dado, cuando el retornara se lo repondría.

A todas estas, nuestro protagonista, se quedó sorprendido. Supo, entonces, que aunque todos los que se suponía que debían preocuparse por él, (sus amigos, sus familiares, los políticos, los legisladores y los religiosos ) le abandonaron. Pero hubo alguien que no lo dejó tendido en la calle perdiendo su vida, preso del dolor y la impotencia de no poder hacer nada. Ahora él tenía que tomar una decisión, o dejar el hotel antes de que Él volviera, evitar la gratitud, considerando que lo que hizo no tenía importancia y asumiendo que siempre será una persona no apta para ser su mejor amigo, o sencillamente, esperarle, darle las gracias, pedirle perdón por todos los malos ratos que en el pasado le hizo vivir y por último decirle que quiere ser su mejor amigo. ¿Qué harías tu en su lugar?

¿Sabes? Con esta ilustración he querido mostrarte que Ese alguien es, precisamente Jesús. El es ese buen Samaritano que me recogió en igual o peor condición que el personaje de nuestra historia, y Él está dispuesto a recogerte a ti de la calle donde te encuentres. Sea la calle del odio, la calle de la mentira, la calle de los juegos, la calle de la droga, la calle de el alcohol, la calle de las pugnas familiares, la calle de la confusión, la calle de la enfermedad, la calle del odio, la calle de la incomprensión, la calle de la muerte
Sea cualquiera de estas u otras calles que te dejan dolor, pena y desasosiego, Dios te recoge en las condiciones en que estés, porque Él te ama, aunque creas que le has hecho cualquier cantidad de cosas malas y desagradables.
El te ama tanto que mandó a su hijo único a morir en tu lugar (y el mío) para que no te pierdas ahogado en los espinos de los problemas en que vives y donde te han maltratado y te han dejado

GRACIAS A DIOS, Él trae la cajita de primeros auxilios (Su Espíritu Santo y su Sangre preciosa derramada en la cruz) para limpiarte, curarte tus heridas Y llevarte a un sitio seguro donde sientas la paz y sosiego que siempre has buscado.
Pero hay algo más bonito de todo esto, y es que Dios, en su infinito amor a provisto de una CALLE que conduce a la Vida y esa CALLE es la única que conduce a Dios, pues en La Biblia hay un texto que dice JESÚS: “Yo Soy el Camino (La CALLE) la Verdad y la Vida nadie viene al Padre si no por mi”.
Ahora bien, si Jesús es la única Calle que nos lleva a la vida y nosotros amamos la vida o queremos amarla, ¿por qué, Entonces, no buscar ese Maravilloso Camino que nos garantiza una vida plena y mejor aun, la vida eterna.?

Si este mensaje ha conmovido tu corazón y quieres que Dios transforme tu vida a partir de hoy por favor repite esta oración:

“Amado Dios, reconozco que soy pecador y que Jesús es el Señor, que murió en la cruz por mi y que resucitó para que yo fuese salvo. Te entrego, hoy, mi corazón para que mores en él y tomes el control de mi vida. Acepto ese regalo precioso de vida eterna. Escribe mi nombre en el Libro de la Vida. A partir de hoy renuncio a toda herencia que no venga de ti a través de mis antepasados y coloco en tus manos mis cargas y penas y finalmente, descanso en tu regazo, porque tu eres, de ahora en adelante mi Dios, Señor y Consolador. Amén

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El buen samaritano que nos recoge hoy


Lucas 10:30-37
Juan 14:6 “ Un camino que conduce a la vida”
Cuando somos jóvenes nos encontramos llenos de vida, creemos que el mundo está hecho para nosotros y que solo tenemos que conquistarlo. Sin embargo, en la vida de una persona se recorren diferentes calles, la mayoría son muy alumbradas y anchas, pero conducen a una muerte acelerada. Otras más bien son unas vías modestas de placeres temporales pero que conducen a sufrimientos crónicos, hay unas que induce a la velocidad desenfrenada hacia los placeres y vicios más licenciosos pero al final premian con depresiones, amarguras y muerte eterna .

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