Predicas Cristianas

Disfrute los bienes que Dios le otorga


Montevideo lucía festiva con decenas de luces de colores adornando las calles, los árboles y los puentes, evidenciando una ciudad en período navideño.


 Camino a casa, Roberto pensaba en lo agradable que sería compartir una comida en familia. Al fin y al cabo era diciembre.


 De pronto me hace falta ese dinerito—murmuró mientras palpaba el fajo de billetes que llevaba en uno bolsillo de la camisa.



Eran las ocho de la noche. Estaba a dos cuadras de su residencia. “Hubiese sido fabuloso traer una torta y compartirla con Leticia y mis hijos” reflexionó, para de nuevo ser embargado por múltiples temores.


 


De pronto ocurre algo y necesitaremos de ese dinero, mejor dejo la compra para otro día–dijo en voz baja para afirmarse en su decisión.


 


Tres hombres armados le salieron al paso. Lo miraron amenazantes.


 


Deme lo que traiga en los bolsillos—ordenó uno, mientras sus acompañantes procedían a esculcarlo.


 


¡Aquí está el dinero!—celebró otro mientras mostraba billetes de varias denominaciones.


 


“Fui un necio…”murmuró en voz baja camino a casa. Seguramente si hubiese puesto en práctica alguna de sus buenas intenciones, no habría estado en el momento equivocado, en el lugar inapropiado y con las personas menos recomendables. Al abrir la puerta, su esposa e hijos lo esperaban con una sonrisa. Jamás se enteraron que lo que guardó el padre terminó en manos de maleantes…


 


La avaricia rompe el saco


 


Nuestra sociedad está llena de hombres y mujeres que cambiaron sus principios y valores por un afán desmedido de tener más y más dinero, en una carrera alocada que no termina jamás salvo cuando sus protagonistas se ven inmersos en problemas.


 


A este aspecto se refiere el autor bíblico cuando escribe: “Quien ama el dinero, de dinero no se sacia. Quien ama las riquezas nunca tiene suficiente. ¡También eso es absurdo!”(versículo 10. Nueva Versión Internacional).


 


¿Ha visto personas que trabajan diez, doce y hasta catorce horas bajo el ansia incontrolable de ganar más y terminan sus vidas enfermos bajo el peso de la mala utilización que dieron a su cuerpo?


 


Personas así no piensan en si mismos ni en sus familias y generalmente terminan rompiendo cualquier relación. Todo a cambio del dinero que, una vez lo tienen en abundancia, no sirven para comprar el amor, el aprecio ni la valoración  de quienes le rodean. ¿Para qué solidez financiera si perdemos nuestra familia, amigos y la salud?


 


Viva con lo que tiene


 


Paralela a esta búsqueda incesante de recursos, hay otros que viven con lo que no tienen. Las tarjetas de crédito y comprar al fiado se convierten en su peor martirio. La compulsión por tener más y más los lleva a vivir agobiados por las deudas. Luego no saben qué hacer para pagar y caen en períodos de angustia, depresión y desasosiego.


 


En las Escrituras aprendemos que no podemos vivir con lo que no tenemos sino con lo que nos ganamos. Una disposición así traerá tranquilidad a nuestro ser, como lo describe el autor sagrado: “El trabajador duerme tranquilo, coma mucho o coma poco. Al rico sus muchas riquezas no lo dejan dormir.”(versículo12. Nueva Versión Internacional).


 


Disfrute sus ganancias


 


La historia de Roberto se repite en miles de personas. Prefieren vivir en la inopia, incluso sabiendo que necesitan ropa, comida, medicinas y bienestar, antes que gastar un peso. Su actitud mezquina los sume en un estado de miseria permanente de la que se muestran renuentes a salir.


 


En las Escrituras hallamos que una disposición avara no es lo que tiene previsto Dios para sus hijos. Por el contrario, la recomendación es que disfrutemos lo que tenemos, lo que implica atender nuestras necesidades y las de nuestra familia. “Esto es lo que he comprobado: que en esta vida lo mejor es comer y beber, y disfrutar del fruto de nuestros afanes. Es lo que Dios nos ha concedido; es lo que nos ha tocado”(versículo 18. Nueva Versión Internacional).


 


            En adelante, si requiere algo y tiene la disposición de comprarlo, hágalo. ¿Cómo garantizar que compramos lo necesario y no cosas inútiles? Involucrando a Dios en nuestras finanzas. El debe ocupar el principal lugar. Si le pedimos que nos ayude a administrar los recursos, no solo alcanzará sino que sobrará, porque el Señor es la fuente misma de nuestra provisión. ¡Su vida puede cambiar desde hoy en materia financiera…! Invite al Todopoderoso para que sea el centro de su existencia.


 


© Fernando Alexis Jiménez. Pastor del Ministerio de Evangelismo y Misiones “Heraldos de la Palabra”. Email:   fernando@adorador.com

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