Creer y actuar, fórmula infalible


Fernando Alexis Jiménez

 

–Tiene que haber una solución—murmuraba una y otra vez ante la mirada triste y resignada de su esposa. Recorría la habitación de uno a otro extremo en medio de murmuraciones desesperadas. La ciudad de Capernaum estaba sumamente calurosa, los problemas no menguaban y su hijo yacía en la cama muy enfermo. Los médicos daban pocas probabilidades de vida. Coincidían en asegurar que se trataba de un caso perdido. El diagnóstico explicaba su desesperación.

 

 

Alguien le sugirió que fuera a Jesús. El maestro estaba de paso por la ciudad. “Este, cuando oyó que Jesús había llegado a Judea de Galilea, vino a él y le rogó que descendiese y sanase a su hijo, que estaba a punto de morir” (Juan 4:47).

 

 

Jesús, la salida cuando todo se vuelve un caos

 

 

Cuando caminamos como en un laberinto, todas las puertas se cierran  y se llega a un callejón sin salida, muchos se resignan a la desgracia. Otros, como este culto funcionario del gobierno romano, acuden al Señor Jesús. Se prenden de su mano como el náufrago que encuentra una tabla en medio del mar y sabe que es la única salvación.

 

 

Clamar. Creer. No cesar de implorar que Dios libere su poder. No importa que en apariencia no haya respuesta inmediata. Hay que seguir asidos de la mano del Salvador.

 

 

“Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis. El oficial del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera. Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue”(v.50).

 

 

El texto encierra una línea de profunda significación. Dice: “Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue”. Observe dos cosas: la primera es que creyó. No abrió la mente al racionalismo sino que se dispuso a creer. La segunda, actuó. Creer y actuar, una llave infalible. Es una enseñanza clara para nosotros hoy.

 

 

Si creemos, veremos milagros

 

 

La fe de este hombre fue honrada por Dios con milagros.  Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. Entonces él les preguntó a qué hora había comenzado a estar mejor. Y le dijeron: Ayer a las siete le dejó la fiebre. El padre entonces entendió que aquella era la hora en que Jesús le había dicho:  Tu hijo vive; y creyó él con toda su casa”(vv.52, 53).

 

 

Dios no hace nada por casualidad. Todo es perfecto en Su voluntad. Si hay fe, manifiesta el poder de lo alto. No hay límites. Todo es posible. Sólo basta creer.

 

 

Es probable que esté atravesando por una situación que escapa a sus manos. No hay solución aparente. Pero su situación puede cambiar. La diferencia la marca la intervención de nuestro amado Señor Jesucristo.

 

 

Nos gustaría ayudarle a interceder, en el convencimiento de que ese milagro que requiere no es imposible para nuestro Supremo Hacedor. Basta que escriba compartiéndonos cuál es su petición.

 

Correo electrónico: fernando@adorador.com

 

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