Adoración que Evangeliza


Por Rick Warren. La adoración es de los creyentes para Dios porque en la adoración alabamos el nombre de Dios al expresarle nuestro amor y compromiso hacia él. Las personas que no son creyentes simplemente no pueden hacer esto. Sin embargo, ¿Cómo se puede tener un culto cuyo fin sea adorar y al mismo tiempo atraer a no creyentes?

¿Cómo se puede tener un culto cuyo fin sea adorar y al mismo tiempo atraer a no creyentes?

En la iglesia Saddleback creemos que esto es posible, sin comprometer ninguno de los fines. Cuando mencionamos el término «adorar», nos referimos a una actividad que solo los creyentes pueden hacer. La adoración es de los creyentes para Dios porque en la adoración alabamos el nombre de Dios al expresarle nuestro amor y compromiso hacia él. Las personas que no son creyentes simplemente no pueden hacer esto.

Permítame compartir la sencilla definición que tenemos en nuestra iglesia sobre lo que es adorar: «Adorar es expresar el amor que le tenemos a Dios por quien él es, por lo que ha dicho, y por lo que está haciendo» Creemos que existen muchas maneras adecuadas para expresarle a Dios nuestro amor; por ejemplo, mediante la oración, los cantos, la obediencia, la confianza, la ofrenda, el testimonio, la escucha y respuesta a su Palabra, el agradecimiento y muchas otras expresiones. Sin embargo, Dios —y no el hombre— es el enfoque y el centro de nuestra adoración. Dios es quien recibe la adoración Aunque las personas que no son creyentes no pueden adorar sinceramente, sí pueden observar a los creyentes cuando adoran. Observan, por ejemplo, el gozo que sentimos y notan el valor que le damos a la Palabra de Dios y cómo respondemos a ella. Igualmente, pueden escuchar cómo la Biblia responde a los problemas y preguntas de la vida y observar cómo la adoración nos anima, fortalece y cambia.

En resumidas cuentas, los incrédulos pueden sentir cuando Dios se mueve sobrenaturalmente en un culto, aunque ellos no sean capaces de explicarlo. Cuando las personas no creyentes observan una adoración genuina, esta se convierte en un testimonio poderoso. En Hechos 2 —en el Día de Pentecostés— la presencia de Dios fue tan evidente en el culto de adoración de los discípulos que ¡atrajo la atención de las personas no creyentes de toda la ciudad! Hechos 2.6 nos señala: «… la multitud se juntó…». Sabemos que era una gran multitud porque 3.000 personas se convirtieron ese día. ¿Por qué se convirtieron esas 3.000 personas? Porque sintieron la presencia de Dios y entendieron el mensaje. Creo que estos dos elementos son fundamentales para que la adoración sea un testimonio.

La presencia de Dios debe sentirse en el culto. Más personas llegan a Cristo al sentir la presencia de Dios que al escuchar nuestros argumentos apologéticos. Pocas personas, si es que hay alguna, se convierten a Cristo gracias a bases puramente intelectuales, mas el poder sentir la presencia de Dios quebranta corazones y destruye las barreras mentales. La adoración sin la presencia de Dios genera pocos resultados evangelizadores. Creo que existe una estrecha conexión entre la adoración y la evangelización En primer lugar, la meta de la evangelización es producir adoradores de Dios. La Biblia nos dice que «el Padre busca que lo adoren» (Juan 4.23). También se llama «evangelización» cuando reclutamos adoradores. Por otro lado, adorar provee la motivación para evangelizar.

Produce en nosotros el deseo de contarles a otros sobre Cristo, tal como vemos en la poderosa experiencia de adoración de Isaías (Isaías 6.1–8) que impulsó a este hombre a decir: «Heme aquí, envíame a mí». La verdadera adoración nos hace testificar. Además, en la adoración genuina se siente la presencia de Dios, se ofrece su perdón, se revelan sus propósitos y se manifiesta su poder. ¡Creo que es el contexto ideal para evangelizar! He observado que cuando los no creyentes ven a los cristianos relacionarse sincera e intelectualmente con Dios, se crea un deseo por conocer también a Dios.

 Adorar con sensibilidad Ya que la adoración genuina puede generar un impacto profundo en las personas que no son creyentes, necesitamos sensibilizarnos de sus miedos, problemas y necesidades cuando asisten a nuestros cultos de adoración. Este es el principio que Pablo enseña en 1 Corintios 14.23. Pablo ordena que las lenguas se limiten en la adoración pública. ¿Su razón? Hablar en lenguas parece una tontería para las personas que no son creyentes. Pablo no dijo que las lenguas eran una tontería sino que para los no creyentes así parecía ser. «Por tanto, si toda la iglesia se reúne y todos hablan en lenguas, y entran algunos sin ese don o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?» (1 Co 14.23) Creo que hay un principio más grande detrás de este consejo para la iglesia de Corinto.

En mi opinión, el punto de Pablo es que debemos estar dispuestos a ajustar nuestras prácticas de adoración cuando personas no creyentes están presentes. ¡Dios nos dice que seamos sensibles ante los problemas de las personas no creyentes que asisten a nuestros cultos! Significa entonces que sensibilizarnos ante ellos durante nuestra adoración es un mandato bíblico. ¡Yo no inventé este concepto, sino Pablo! Hacer de la adoración algo entendible Hacer que un culto sea «cómodo» para los no creyentes no significa que usted cambiará su teología sino que cambiará el ambiente del culto —por ejemplo, la manera en que se saluda a las visitas, el estilo de música que se usa, la versión de la Biblia con la que se predica y el tipo de anuncios compartidos durante el culto.

El mensaje no siempre es agradable. De hecho, algunas veces, ¡la verdad de Dios incomoda! Aún así, debemos predicar «todo el consejo de Dios». Sensibilizarse ante las personas no creyentes no limita lo que usted diga sino que afecta la forma en que lo hace. Pero ante todo, es fundamental que la adoración y el mensaje sean entendibles. En el Pentecostés, el Espíritu Santo milagrosamente tradujo el mensaje a palabras entendibles para cada persona. La multitud de no creyentes dijo: «les oímos hablar en nuestros idiomas de las maravillas de Dios» (Hch 2.11). Esto provocó que se convirtieran. Aunque la presencia de Dios era evidente en el culto, los asistentes no hubieran sabido qué hacer si no hubieran sido capaces de entender el mensaje.

Las personas que no son creyentes no están pidiendo un mensaje suave. Los no creyentes esperan escuchar la Biblia cuando van a la iglesia y quieren oír cómo se relaciona con sus vidas. Pueden manejar un mensaje claro y bíblico cuando se da en términos entendibles y en un tono que muestre que los respeta y se preocupa por ellos. Ellos buscan soluciones, no regaños. Un mensaje claro que se acople con la adoración genuina no solo atraerá a personas que no son creyentes, sino que también abrirá sus corazones al poder del evangelio. Conforme sientan la presencia de Dios y entiendan el mensaje, saldrán cambiados. En ese contexto, la adoración se vuelve más que agradable para los no creyentes: se convierte en una fuente de gozo para nuestro Dios.

www.Pastors.com  Usado con permiso.

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