Sociedad

ExNBA que juega en Sevilla confunde los capirotes con el KKK

Trent Lockett, jugador americano del Betis Energía Plus, alucinó el pasado Domingo de Ramos cuando se fue cruzando por las calles de Sevilla con nazarenos que, por su parecida vestimenta, confundió con miembros del Ku Klux Klan.

Lockett, de 26 años, es originario de Golden Valley en Minnesota y después de pasar por las Universidades de Arizona State y Marquette en Estados Unidos se hizo profesional pasando por la D-League de la NBA, el Trento italiano y ahora está en su primera temporada en tierras hispalenses.

El propio jugador, natural de Golden Valley (Minnesota), compartió varias fotos en su perfil de Instagram con gestos de interrogación y diciendo que no daba crédito a lo que estaba viendo.

Y se han hecho virales.

Después de las rápidas aclaraciones de sus seguidores, Lockett explicó su confusión. “Es una de las cosas más increíbles que podía ver. Pero no tienen ninguna relación con el pensamiento del KKK. Esta tradición nació varios siglos antes que el KKK”, puntualizó.

El Ku Klux Klan fue una organización nacida en Estados Unidos en el siglo XIX que defendía la supremacía de la raza blanca y luchó contra la igualdad de derechos de los afroamericanos.

La particular vestimenta de sus miembros en sus rituales, con su túnica y capirote blancos, fue lo que llevó a confusión a Lockett.

NACIDO DE LA INQUISICIÓN

Lo que nadie le explica a Locket, y muchos desconocen, es que el origen del capirote o capuchón de los nazarenos que participan en las procesiones de la Semana Santa católica surge en los comienzos de la Inquisición, cuando a las personas que eran condenadas se les imponía el castigo de tener que usar una prenda de tela que les cubriera el pecho y la espalda y un cucurucho de cartón en señal de penitencia.

Por una lógica transposición del sentido penitencial, fue adoptado por algunas cofradías de Semana Santa e incluso por instituciones y cofradías que desarrollan sus actos en otros momentos del ciclo litúrgico del año. Las hermandades sevillanas lo adoptaron en el siglo XVII, y la costumbre se extendió pronto a otras ciudades españolas. La tela que cae sobre la cara y el pecho sirve para ocultar el rostro y preservar la identidad del penitente.

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